Para tener presente: nosotros elegimos y ponemos la vara
No les va a resultar fácil a los candidatos entusiasmar con propuestas a los ciudadanos que tengan que votar este año y que no encuentran, hasta ahora, ninguna opción que los motive.
Al principio de la gestión nacional se habló de cuatro años de transición que se venían, para bajar las expectativas. El que llegue o siga en el gobierno deberá enfrentar años complicados y es necesario avanzar en este debate, con datos ciertos y escenarios posibles.
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Una vez más, los ciudadanos tendremos que estar atentos a los diagnósticos que hagan los políticos, las propuestas, su viabilidad e instrumentación. Y aquí es donde aparecen las falsas propuestas. Por más que mediante fake news se trate de afirmar mensajes por las redes sociales y torcer voluntades, los diarios mostramos un abanico de informaciones ciertas que evidencian que no estamos condenados al éxito.
Es que no es sano estar repitiendo los mismos problemas durante décadas. El ciclo recurrente de devaluación, inflación, recesión, caída del poder adquisitivo, pérdida de empleo y más pobreza, ya marca lo que sucede en la economía desde hace años, no son situaciones excepcionales. Todo esto también se traduce en un fuerte escepticismo con respecto al corto y mediano plazo. Claramente, la política no ha sido original al momento de intentar solucionar problemas de varios años.
La realidad se impone y el escenario para los próximos años no será alentador. Las noticias de los diarios indicaron esta semana que la economía no crecerá en 2019, la inflación se demorará años en bajar, las tasas de interés seguirán altas y más empresas cierran.
Por eso las elecciones y las promesas políticas, a pesar de la gran desconfianza que les tenemos, nos obligan a pensar. Será el momento de preguntarnos más sobre las medidas que prometan, sobre su posibilidad de concreción, su costo y su beneficio. Y sobre todo, cuando de aliviar el bolsillo ciudadano se trate (ya sea mediante subsidios o fomentos), de dónde saldrían esos recursos. Porque si algo aprendimos es que nada es gratis y que lo que primero es barato, luego sale carísimo.
Hoy, como nunca, es más fácil averiguar las consecuencias de una medida, esto no es más que el ejercicio de la ciudadanía que muchas veces nos cuesta practicar.
Debemos cuestionarnos si alcanza con que los candidatos digan que son la continuación de una gestión, si se crecerá, cómo se hará, si las deudas contraídas nos empezarán a perjudicar como otras veces nos sucedió.
En octubre elegiremos presidente por novena vez y la democracia deberá avanzar, y hay que insistir con estos objetivos por más que son conocidos, con las demandas relacionadas a las diferencias institucionales y desigualdades sociales que representan serios desafíos para la estabilidad económica.
Por más que suene utópico o ingenuo, de nosotros depende subirle la vara a la política. Para esto es clara la descripción que hace Andrés Malamud en su libro El oficio más antiguo del mundo. Explica que la distinción entre los campos políticos, por su lado, se ha reconstituido. Si antes la lucha era entre peronistas y no peronistas, ahora se traba entre quienes valorizan la gobernabilidad y quienes priorizan los controles institucionales. Los primeros, miembros de lo que Juan Manuel Casella denominó un partido de los que gobiernan, acentúan las virtudes de la ejecutividad y procuran mantener el poder. Para ello, tejen alianzas entre sí con independencia de sus partidos de origen. Los segundos, desperdigados en la oposición, denuncian los peligros de la concentración del poder o de la riqueza y reclaman un límite. No importa cuándo leas esto, y agrega: En una metáfora automotriz, la confrontación ideológica implica elegir un conductor que lleve el auto del Estado hacia la izquierda o la derecha, en función de las preferencias mayoritarias. En Argentina, la exigencia del electorado es más humilde: después de varios accidentes, basta con que el chofer sepa manejar. Manejar es gobernar. Los críticos del gobierno solicitan que se cumplan las reglas de tránsito; sin embargo, para recuperar el volante deben mostrar que no volverán a volcar cuando el electorado les preste de nuevo el coche.












