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Papelones internacionales que comprometen la paz mundial

26 de mayo de 2018 a las 12:00 a. m.

No podemos decir que Donald Trump sorprende con sus extravagancias, tampoco que el líder coreano Kim Jong-un resulta pintoresco; solo podemos asegurar que preocupa enormemente que estos personajes que parecen salidos de una película de James Bond tengan en sus manos cosas tan delicadas como la paz mundial.  El primero es el presidente de la mayor potencia de occidente y el segundo es el jefe político de un país belicista que cuenta con arsenal nuclear. Y en una versión renovada, con una diplomacia 2.0, se han puesto a jugar al mejor estilo Guerra Fría, a espiarse, hacerse desaires, amenazarse, a demostrar fuerza, a tomar partido cuando no iniciar conflictos en terceros países. Como si el tiempo no hubiese pasado, tenemos en el Siglo XXI la misma dinámica de la posguerra del siglo pasado.

Tras duros meses en los cuales Estados Unidos y Corea del Norte parecía que iban a un choque de características bíblicas, comienzan negociaciones para una cumbre que acerque posiciones y sobre todo que lleve a al país asiático al desarme. Tanto se avanzó en esa posibilidad que la Casa Blanca ya había comenzado a registrar periodistas para el viaje a la cita, señalada para el 12 de junio. Un grupo de congresistas republicanos, un tanto desproporcionados, había pedido ya el premio Nobel de la Paz para Donald Trump por estas gestiones. Pero luego de una fulminante escalada retórica, Trump se echó para atrás y canceló su cumbre con Kim Jong-un. ¿Qué pasó para que realizara ese golpe de timón? Sucedió que Corea se movió unilateralmente, con gestos que aunque a prima facie pueden verse como positivos, en el marco de una negociación diplomática y un plan de desnuclearización, no corresponden. Sin previo aviso y sin convocar a veedores, destruyó una central nuclear como muestra de buena voluntad; luego se descubriría que era una central que ya estaba agotada y por eso se derrumbaba, intentando hacerlo pasar como un acto de desarme. Tal vez por eso no se informó el paso que se daría y así evitar que fuera observado. Por otro lado, días antes, el 9 de este mes, el régimen de Norcorea, había liberado a tres rehenes norteamericanos apresados en 2017. Hasta entonces, todo marchaba bien camino a la cumbre que se realizaría en Singapur.

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Otro detonante de la cancelación estadounidense fueron los duros reproches lanzados pocas horas antes por la viceministra de Exteriores norcoreana, Choe Son-hui. La diplomática amenazó con una confrontación “nuclear” con EE.UU. tras tildar de “ignorantes y estúpidas” unas declaraciones del vicepresidente norteamericano, Mike Pence, quien advirtió el pasado lunes que, si no llegaba a un acuerdo con EE.UU., el régimen de Kim podría acabar siguiendo el “modelo libio”. Recordemos que la presión internacional forzó al país árabe a desmantelar en 2003 su programa nuclear, pero ocho años después su líder, Muamar el Gadafi, fue depuesto y asesinado tras unas revueltas apoyadas militarmente por Occidente, puntualmente Estados Unidos. Vaya desatino el de Pence en este momento, pero también poco feliz la respuesta de la viceministra asiática. Como decimos, esta diplomacia de comunicados, amenazas y mucho Twitter recuerda mucho a la Guerra Fría.

Trump justificó su abrupta decisión, que comunicó a Pyongyang a través de una carta. Una carta extremadamente personal le envió el presidente de Estados Unidos al líder norcoreano, algo improcedente en la diplomacia, que bien puede traer sus consecuencias.  “Usted habla sobre sus capacidades nucleares, pero las nuestras son tan masivas y poderosas que ruego a Dios que nunca serán utilizadas”, lo desafió Trump, en esa misiva, en la que acusa del fracaso a “la enorme ira y abierta hostilidad” del régimen de Kim. La carta despachada a Pyongyang lleva incluso un doble mensaje: Trump lo amenaza duramente, pero cierra esa misiva diciéndole a Kim que “no dude en llamarlo o escribirle si cambia de opinión respecto de esta muy importante cumbre”.  En fin, quizá estemos desactualizados pero entre este tipo de trato epistolar tan coloquial se suma a la innovación de la diplomacia twittera; veremos qué resultados arroja.

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Tal vez, todas las justificaciones no son más que excusas porque Trump intuía un sonoro fracaso diplomático en Singapur, y al empresario, si hay algo que no le gusta es perder. La cuestión es que la suspensión conlleva el retorno a fojas cero: EE.UU. mantiene sus sanciones económicas al hermético país autoritario y su amenaza de intervenir militarmente.

Horas después de la abrupta cancelación de la cumbre, el régimen norcoreano hizo público un comunicado en el que ha calificado la decisión de “extremadamente lamentable” aunque ha asegurado estar preparado para retomar el diálogo con Estados Unidos “en cualquier momento”. En un tono inu-sualmente conciliador, el documento sostiene que la decisión tomada por el presidente estadounidense no responde al “deseo del mundo” de reconciliación entre los dos países y asegura que Kim Jong-un “ha realizado todos los esfuerzos posibles para reunirse con el presidente Trump”, al tiempo que insiste en la urgencia de que dicho encuentro se lleve a cabo para poner fin a “las graves hostilidades” que afectan a las relaciones entre ambas naciones. “Reiteramos a Estados Unidos nuestra disposición a sentarnos cara a cara en cualquier momento y en cualquier forma para resolver el problema”, zanja el comunicado.

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Así que estamos, “como cuando vinimos de España”, diría el refrán. Amenazas de uso nuclear, máxima presión pero también promesas esperanzadoras, especialmente para el pueblo de Corea del Norte, que ansía poder vivir como sus vecinos del sur.

La reunión con Kim siempre fue una operación de alto voltaje para Trump. Dos líderes que hasta hace poco se amenazaban e insultaban iban a sentarse a hablar. Pero para Trump, estrechar la mano a un dictador que ha apostado por destruir a EE.UU. con una bomba atómica, era también una oportunidad de erigirse como un estadista y demostrar sus supuestas dotes de gran negociador. Su sueño era lograr lo que había sido imposible para todos los anteriores emisarios estadounidenses: enterrar las ambiciones nucleares de Pyongyang. Sin embargo, cuando su equipo temió que podía salir humillado de la reunión y dejó de recibir información preparativa de Corea del Norte, dio marcha atrás.

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¿Hacia dónde nos llevan estos líderes? La respuesta no es sencilla, porque estamos frente a mandatarios cuyos niveles de ego y de responsabilidad frente al poder que detentan son difíciles de mensurar.

 

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