Nuestra democracia tiene al pueblo como guardián
Instituciones estables, pluralidad de ideas y opiniones, sucesión pacífica del poder y el respeto por la dignidad y la vida de todas las personas son algunos de los elementos que deben estar presentes en la sociedad para que la democracia goce de buena salud.
Son reglas básicas que deben respetar gobernantes y gobernados para poder hallar mejores respuestas a las demandas relacionadas con la erradicación de la pobreza, la lucha contra la corrupción y la búsqueda de independencia de la Justicia.
Las mas leidas de Opinión
Estar educados para el nuevo mundo de las finanzas
La naturalización de la pobreza en los actos de gobierno
La compleja situación económica y la falta de unidad
Uso de redes en los más chicos: sin posturas radicales, nutrirse de saber para acompañarlos
Salir de la intolerancia, la trampa de este vertiginoso Siglo XXI
Un arma que apunta al rostro de una vicepresidenta es un hecho de extrema gravedad incompatible con la vida en democracia. Así lo entendieron miles de ciudadanos que se manifestaron en todo el país en contra de la violencia; y referentes de entidades empresariales, gremiales, organizaciones de la sociedad civil y de diferentes partidos políticos que hicieron público su repudio al intento de asesinato y a cualquier otro hecho que pretenda alterar la paz social y debilitar las instituciones democráticas.
El ejercicio ininterrumpido de prácticas democráticas a lo largo de casi 40 años en la Argentina ha permitido conformar una serie de capas protectoras que deben ser preservadas. Se trata de una serie de acuerdos tácitos entre los distintos estratos de la sociedad que sirven para proteger de amenazas al sistema elegido por la ciudadanía. Así, hoy prácticamente nadie pone en duda el principio de mayoría o la necesidad de garantizar la transparencia de los procesos electorales.
Tampoco hay posiciones encontradas a la hora de reconocer la importancia del pluralismo de ideas y de la sucesión pacífica del poder. Por otra parte, es probable que los hechos que conmocionaron a la opinión pública en las últimas horas hayan agregado mayor espesor a una de esas capas: la sociedad, una vez más, mostró que no está dispuesta a tolerar la violencia política y exige a sus representantes respetar las reglas de juego democrático.
Si desde 1983 hasta hoy el país gozó de una continuidad democrática no fue fruto del azar, sino que fue producto de una construcción colectiva de capas protectoras que en los años de la primavera democrática rechazaron, sin cortapisas, el terrorismo de Estado y las interrupciones del orden constitucional. Muchos podrán decir, y con mucha razón, que falta mucho por hacer.
Es cierto; solo hay que mirar algunos indicadores sociales de este difícil presente para darse cuenta que estamos muy lejos de alcanzar una sociedad justa. Pero también es cierto que se han logrado avances. Hoy buena parte de la ciudadanía demanda que los discursos políticos se enmarquen en un respeto del pluralismo de identidades y se alejen de la lógica amigo-enemigo, como así también de los enfrentamientos a "todo o nada" que dificultan la búsqueda de los consensos básicos que son fundamentales para superar las crisis y administrar los conflictos.
La función principal del discurso político debe ser persuasiva y debe buscar siempre la construcción del bien común. En todas las épocas y en todas las sociedades hubo disputas y conflictos. Pero lo que caracteriza a las comunidades que se benefician de una mayor cultura democrática es el respeto a las reglas de juego del sistema. "Vivir la democracia significa correr muchos riesgos. Pero el riesgo más grande de todos es, sin dudas, perderla", escribió el historiador y profesor de Teoría Política en la Universidad de Oldenburg, Alemania, Fernando Mires.
Desde el regreso de la democracia en 1983, nuestro país ha logrado superar diversas tensiones y enormes desafíos, como la hiperinflación, los levantamientos de los grupos carapintada y la crisis de 2001, por citar solo algunas de las pruebas con las que se puso a prueba al régimen democrático. Cada uno de esos acontecimientos extremos que se vivieron en el país ha servido para fortalecer el sistema que eligió el pueblo argentino.
Fueron esos escudos los que sirvieron y sirven para fortalecer el desarrollo de la conciencia democrática de la gran mayoría de los argentinos, que entiende que los mecanismos representativos que permiten elegir entre distintas ofertas políticas son el mejor camino para custodiar los intereses del conjunto de la sociedad.













