No podemos seguir como el perro que, cada tanto, trata de morderse la cola
El ataque de cuatro delincuentes armados y vestidos de policías a una comisaría de la localidad bonaerense de San Justo, en La Matanza , donde balearon a una oficial y se tirotearon con otros efectivos, vuelve a poner bajo la lupa un tema recurrente y que como tantas otras cosas, nunca se termina de resolver: la sobrepoblación de detenidos en comisarías. En el caso que nos ocupa se llegó a tener 56 personas en un espacio preparado para 15 personas.
Para quienes no siguieron el hecho por los noticieros, sucedió que cuatro delincuentes fuertemente armados y vestidos de policías irrumpieron en la comisaría de la ciudad bonaerense de San Justo en busca de un preso, al que pensaban ayudar a fugar, pero fueron repelidos por los agentes en un tiroteo en el que resultó herida de dos balazos una sargenta. Rocío Villarreal de 25 años, la ayudante de guardia, que debió ser internada con dos disparos, que según fuentes oficiales fueron en el abdomen y en el brazo y que esperemos salga adelante, en su lucha por vivir.
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Como sucede con todas las comisarías del país, y más especialmente las de la provincia de Buenos Aires, hay superpoblación y detenidos indebidamente respecto de las condiciones, debido a que una comisaría no es el espacio para alojar a encausados sino solo para demorados por contravenciones y hechos menores. Respecto del caso que nos ocupa, se había alertado la situación de las comisarías de La Matanza. Incluso, se presentó una medida cautelar ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por la situación de todas las comisarías en ese Partido y también lo hicieron ante la Suprema Corte de Buenos Aires en noviembre de 2014. El planteo fue concedido en mayo 2016.
Sabemos lo que la ausencia de alcaidías y la superpoblación carcelaria generan, porque lo hemos vivido en carne propia con el incendio en la Comisaría Primera y la muerte de siete jóvenes en Pergamino. Si bien la tragedia fue mayúscula por la acción del fuego, entre las causas que llevaron a esa situación se encuentra la cantidad de detenidos en escaso espacio e infrahumanas condiciones, además de la convivencia en un mismo ámbito no preparado al efecto ni con el personal adecuado, de sujetos de alta peligrosidad. Al fin, la falta de sitios de alojamiento para detenidos sin condena y donde la Policía debe cumplir labores penitenciarias, son tanto situaciones indebidas como germen de desgracias. Y sucede todos los días, en todos lados, solo que de tanto en tanto se habla de ello, precisamente cuando este sistema impropio hace eclosión. De hecho, desde lo ocurrido en Pergamino en marzo de 2017, lo único que ha cambiado es que no se aloja a detenidos en nuestra ciudad sino que van directo a la alcaidía de Junín. Pero de adicionar más plazas y construir más de estos espacios, que sería parte de la solución, nada. Y así, un año después, una nueva tragedia lleva a que las autoridades al menos hablen del tema.
La Argentina tiene una de las tasas de detenciones más baja de la región y aun así hay 175 presos cada 100.000 habitantes. Es una cifra baja en relación a la de otros países de América y el Caribe: Estados Unidos tiene 666 cada 100.000 habitantes (2.145.100 presos), Cuba 510 (57.337), Brasil 319 (659.029), Perú 262 (83.639), Chile 235 (42.639). Sin embargo, en los últimos 10 años, la población penitenciaria del país aumentó un 41 por ciento. El sistema carcelario pasó de alojar 54.000 personas en 2006 a unas 76.261 en la actualidad. La población penitenciaria se distribuye en 290 unidades penitenciarias, de las cuales 33 pertenecen al Servicio Penitenciario Federal, y 54 al servicio de la Provincia de Buenos Aires. Las otras 203 están en el resto de las provincias.
Uno de los datos, altamente negativo y competente a la Justicia es que se mantiene la tendencia histórica de que casi la mitad de los presos está procesado sin condena firme, 47,7 por ciento, mientras que solo el 51,6 por ciento están condenados y cumpliendo su pena. Robo y tentativa de robo sigue siendo el principal delito por el que están detenidos los presos argentinos (31.393 presos lo están por esa causa). El segundo delito más frecuente es la infracción a la ley de estupefacientes (10.476 detenidos), el tercero es el homicidio doloso (10.355 presos) y en cuarto lugar están las violaciones (7019 detenidos). Estos cuatro delitos han aumentado de manera notable en los últimos 10 años.
Como no debe asombrar a nadie, se nota el crecimiento de la población carcelaria relacionada con los delitos de drogas. Entre 2015 y 2016 hubo más de 2000 personas detenidas cuando el histórico era de 600 personas. Sencillamente porque ahora hay una política antidroga más contundente y definida.
Y mientras no construimos cárceles ni alcaidías, el número de presos en la provincia de Buenos Aires aumentó un 41 por ciento entre 2006 y 2016, año en que alcanzó los 33.698 detenidos. Ese número aumentó en 2017 a los 38.000 presos alojados en cárceles, comisarías y alcaidías de la provincia. En el resto de las provincias, la población penitenciaria se incrementó un 52 por ciento. Mendoza, Salta y Córdoba tienen la tasa más alta de presos después de la provincia de Buenos Aires.
Si pensamos en combatir el delito con más pericia, si pretendemos perseguir con ahínco a narcotraficantes y dealers, si queremos más y mejor seguridad, construir cárceles debe dejar de ser mala palabra, abrir alcaidías debe dejar de ser el hecho maldito que nadie quiere tener cerca de su distrito. Porque no conocemos otro sistema que el de combatir el delito y aislar de la sociedad a quienes delinquen. Después seguirá la discusión respecto de cómo lograr su reinserción. Pero primeramente, deben estar separados de la sociedad y debidamente alojados, es decir fuera del sistema pero no tratados infrahumanamente. No podemos seguir superpoblando las comisarías y permitiendo que la Justicia alargue hasta el infinito las sentencias tampoco.
Hoy volvemos a este tema por el escándalo que sobrevino en la comisaría de La Matanza y seguramente mañana ya estaremos hablando de otra cosa, porque así somos los argentinos, espasmódicos, los temas vuelven y vuelven cada tanto, sencillamente porque no se resuelven y ese es un problema del que alguna vez debemos salir. No podemos seguir como el perro que cada tanto busca morderse la cola y no puede.













