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No hay límites para la falta de decoro

18 de diciembre de 2018 a las 12:00 a. m.

E

l Sindicato Unico de Trabajadores del Peaje (Sutpa) celebró el fin de año con una enorme fiesta en Costa Salguero. Sí, el mismo lugar donde se desarrolló el G-20. Y aunque formalmente el anfitrión fue el secretario general del gremio, Sergio Sánchez, fue Facundo Moyano una de las figuras de la noche, extitular del gremio, diputado  y el que evidentemente tiene la llave real del sindicato. Facundo es parte del clan sindical más importante de la Argentina y uno de los más ricos, el que encabeza el camionero Hugo Moyano. Al tomar el micrófono para las alocuciones de rigor y hacer de anfitrión, incluso esmerilando hasta lo invisible al secretario formal, queda una vez más en evidencia que los sindicatos en Argentina se asemejan más a un sistema dinástico que a una organización civil con asambleas de base y elecciones libres.

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Todo fue desmesurado, el gasto sobre todo, la contratación de figuras, la comida, el estilo menemista de este cierre de año de un sindicato que más parecía una fiesta de la más pura “oligarquía”, si es que el término sigue representando para muchos a la gente rica de este país.

La fiesta tuvo animadores de lujo: “Pampita” y Mariano Iúdica, y pasadas las 2:30 terminó con un gran show de Damas Gratis. Para esa hora los 3.000 participantes ya habían dado cuenta del cordero, sushi, litros de cerveza tirada, vino y champagne. ¡Lo que debe haberle costado al gremio el cubierto de esta fastuosa fiesta! Quizás más que el salario de un empleado de peaje que recién comienza.

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El diputado Moyano no se privó de nada y llenó su propio VIP con amigos y aliados políticos como los diputados Daniel Arroyo, Victoria Donda y Fernando Asencio, y también intendentes del PJ como Gabriel Katopodis (San Martín); Julio Zamora (Tigre) y Juan Zabaleta (Hurlingham); además de Julián Álvarez (de La Cámpora); el secretario general de Aeronavegantes, Juan Pablo Brey,  y sus tres hermanos: Pablo, “Huguito” y “Jero”.

Y obvio, el discurso lo dio Moyano (aunque insistimos que ya no es secretario); reivindicó el rol de la mujer en un gremio en el que hay muchas delegadas, además agradeció a su hermano Pablo por su formación sindical y lo saludó por el Día del Camionero y por supuesto criticó la implementación de tecnología en el peaje y habló del riesgo de cerrar puestos de trabajo y de cómo “defenderse” frente a la modificación  de los oficios. Esta modificación de la que habla no es otra cosa que la tecnología aplicada, la misma que por ejemplo él usa para no ir a un banco y manejarse desde su casa o comprar vía Internet en lugar de privilegiar el servicio de un empleado de comercio. Está pasando en todos los rubros y se llama cambio de era. Solo que cuando finalmente te toca, el grito llega al cielo.

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Obviamente Moyano hijo no va a privilegiar el servicio, la agilidad o la comodidad del cliente como tampoco lo hizo su padre cuando contribuyó a desmantelar el transporte de cargas en Argentina. Ellos piensan en la caja sindical y cómo se verá afectada por el cambio de paradigma, más incluso que en los empleados en particular. ¿Cómo sostener las mega estructuras y ciertos estilos de vida con menos aportes?

¿Es lógico que un sindicato haga semejante dispendio cuando a todos nos está costando tanto esta crisis, a los trabajadores del peaje y a los empresarios que son aportantes al gremio?

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En medio de esta crisis (y en épocas normales tampoco debería) es obsceno que un gremio se aproveche de los descuentos a empleados y a empresarios, de pago obligatorio, para dilapidarlo en fiestas con políticos del momento. A la par que se plantifican exigiendo a las patronales porcentajes de aumento inviables, argumentados en índices que aunque reales, ellos -los sindicalistas- parecen no sufrir, a la luz de lo que se ve. Así se da la paradoja que mientras los sectores medios, las pequeñas y medianas empresas, los trabajadores, los jubilados estamos pasándola realmente muy mal, hay gremios que, evidentemente, la están pasando muy bien a costa del esfuerzo ajeno. El empleado hace el esfuerzo, el empresario también, ¿a dónde está el esfuerzo de los sindicatos? Si hay margen para tal fiesta, ¿no hay resto para que ellos mismos concedan el bono que le exigieron al gobierno por vía de los empresarios e industriales?

En el sindicalismo en general los secretarios generales terminan confundiendo los fondos del gremio con los suyos propios, pero en el caso del clan Moyano todo es más sofisticado. En principio tienen una habilidad para destacar: tienen muy bien a sus afiliados, sobre todo a los camioneros, buen salario, buena salud, buenos hoteles vacacionales. Algo así como un “pan y circo”. Porque esta simpatía lograda con plata de otros les ha permitido contar con el respaldo necesario para transformar sus sindicatos en enormes máquinas empresarias, donde se contrata servicios dentro de la propia familia, se enriquece a todo el clan. Claro, cuando la crisis aprieta tanto estas cuestiones que no están mal de ahora sino desde siempre, tensan más la cuerda social.

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En este escenario, una fiesta lujosa para 3.000 personas, con los amigos políticos del delfín del clan, en Costa Salguero, con contrato a figuras caras del ambiente, platos sofisticados y bebida sin límite, no hace más que caldear un clima que está bastante irrespirable en este diciembre tan difícil. Mientras que va a haber jubilados que no van a poder comprar un pan dulce, gente que trabajó toda su vida y ahora quedó atrapada con una jubilación miserable, los “muchachos” la pasan regiamente con una de las fiestas más caras sindical de los últimos años.

Evidentemente no hay límites para la falta de decoro, de los que la sociedad toda es responsable por no ser más exigente con la dirigencia. Estos son los resultados de permitir todo.

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