Mujica y Cristina tienen distintas realidades frente a la pastera del Río Uruguay
La reunión de los presidentes de ambas orillas, aunque no destrabó el conflicto, evitó llegar a una dura confrontación pública. Si bien no abundó la información sobre el contenido del encuentro de Cristina Kirchner y José Mujica, sí quedaron mensajes para analizar. En principio quedó en claro que Uruguay y Argentina mantendrán sus posturas irreconciliables en torno al largo conflicto por las pasteras de celulosa. Y no se descarta que detrás de esto se encierren proyectos políticos personales, tanto para la mandataria argentina que está a las puertas de una elección general, como para su par uruguayo que debe cuidar a la inversión más grande en su país.
El conflicto se reavivó por la decisión de Montevideo de avalar en forma unilateral el aumento de producción de pasta de celulosa de la empresa UPM (exBotnia), situada en Fray Bentos. Este es el nuevo eje de tensión que tienen a estas horas a Mujica y a Cristina Kirchner.
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El problema se agravó cuando el presidente uruguayo dio a entender que ya tenía la decisión tomada de autorizar el pedido de la empresa, que quiere ir del millón de toneladas de pasta celulosa que fabrica por año actualmente a 1,3 millones. El Gobierno argentino le respondió con una dura advertencia: anunció que podría volver a demandar al país vecino ante la Corte Internacional de La Haya si se avanzaba sin su consentimiento y criticó a Montevideo por no enviarle la información necesaria para evaluar el impacto ambiental que podría provocar aumentar la producción de la pastera.
Mujica está decidido a aprobar este proyecto porque la pastera es un gran sostén para su economía. Uruguay es un país más pequeño que la Argentina y una inversión como la UPM implica muchos puestos de empleo y la movilización de ingentes fondos que ellos necesitan en concepto de impuestos a la producción y laborales. No fue casual que en el discurso la presidenta remarcara que “no” está en contra del consumo porque “mueve la economía”, en un claro mensaje a la intención uruguaya de que UPM supere el millón de toneladas de producción de pasta de celulosa y amplíe el potencial exportador de Montevideo.
El problema para Cristina Kirchner en este caso es de oportunidad política porque el planteo de Mujica llega un mes antes de las elecciones y apunta al corazón mismo del kirchnerismo: el Frente para la Victoria perdió las elecciones primarias en Gualeguaychú contra el referente del campo Alfredo de Angeli y el candidato a senador del peronismo de Entre Ríos Guillermo Guastavino, oriundo de aquella ciudad que siempre fue beligerante con la pastera de Fray Bentos.
La presidenta ya se imagina ver nuevamente cortado el puente de Gualeguaychú con movilizaciones de asambleístas en plena campaña electoral. El temor a marchas y piquetes está instalado en la Casa Rosada con mayor intensidad desde que Uruguay amenazó con instalar una base naval justo del otro lado del puente.
Para quedar bien parados ante los entrerrianos, el Gobierno amenazó con recurrir una vez más a la Corte de La Haya si Uruguay avanza con la aprobación del plan de producción de UPM. Esto sólo sería fuego de artificio porque todos saben que un reclamo de esas características puede demorar varios años. Ya le ocurrió lo mismo a Néstor Kirchner y a la luz de los resultados no le fue muy bien ya que su apuesta era impedir la instalación de la exBotnia, que hoy goza, como se ve, de muy buena salud.
Mujica dijo frases para pensar: “Jamás debemos cometer el error de que nuestras contradicciones nos separen de cuestiones esenciales”. Hablaba mucho más allá de la pastera de Fray Bentos. En esas contradicciones podrían encerrarse las negativas de la Argentina a instalar otra planta de celulosa en la costa uruguaya, como quiere Mujica, o en la reticencia de Buenos Aires a mostrar los estudios de impacto ambiental, ya que no le otorgarían un mal puntaje a la empresa UPM en cuanto a contaminación del río.
La presidenta aseguró que se pueden tener diferencias y discrepancias con países vecinos, pero destacó que “todos los presidentes de la región hemos entendido que la unidad es el único camino para seguir creciendo en paz”.
En definitiva quedó en claro que el mayor desafío que tienen Mujica y Cristina Kirchner es equilibrar los intereses y momentos internos de sus países con los proyectos regionales que los unen.
La realidad es que el nuevo ferry de la empresa Buquebús cuyo nombre es “Francisco” –por el Papa-, donde se realizó el encuentro entre mandatarios, no alcanzó para disipar las tensiones entre Cristina Kirchner y José “Pepe” Mujica. La conflicitvidad sigue latente; el objetivo es que no estalle antes del 27 de octubre.














