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México, el espejo donde no mirarnos

13 de diciembre de 2016 a las 12:00 a. m.

 

10 años del inicio de la guerra contra el narcotráfico en México, el fracaso se hace evidente. La violencia no cesa pese a haber desarmado las principales cabezas de los cárteles, ya que permanentemente aparecen como un pulpo, brazos de las grandes organizaciones con una violencia inusitada, para ganar terreno. Y, para tomar debida nota, estas bandas se diversifican, si no trafican, secuestran extorsionan y, en definitiva, siempre matan.

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Tanto en la gestión de Felipe Calderón que comenzó la lucha en 2006, como ahora en que casi termina la gestión de Enrique Peña Nieto, los crímenes han oscilado pero hay sectores donde se han mantenido en no menos de 20.000 muertes por año como sucede en los distritos más calientes.

Y si bien se mantiene el esquema del ejército en la calle, no parece haber dado esta decisión ningún resultado positivo, como incluso ha afirmado el ministro de Defensa de México que reclama que los militares vuelvan a los cuarteles. Sin embargo el presidente mantiene 65.000 efectivos federales en las calles.

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Lo que dicen los que apoyan al Ejército en los conflictos internos de seguridad afirman que esto ha ayudado, sobre todo porque se han logrado resultados como haber encarcelado al “Chapo” Guzmán, el narco más buscado del mundo. Pero quienes son detractores de esta labor apuntan a que sólo se ha logrado que haya más violencia y muertes, torturas y desapariciones, con la presencia del ejército, no siempre de delincuentes sino con muchas bajas civiles inocentes. Por eso hay ciudadanos mexicanos que afirman que ya no se sabe dónde termina el Estado y donde termina el crimen. Una queja que comparten los organismos internacionales de derechos humanos.

No es poco el problema del presidente Peña Nieto que llegó al Gobierno hace más de cinco años bajo el eslogan “México en paz” y la realidad es que entre narcos y el ahora crimen organizado en que han devenido algunas organizaciones mafiosas, la situación es dramática. Aparecen los muertos colgados en las calles, decapitados, calcinados o enterrados en fosas comunes donde no se sabe ni cuántos muertos hay.

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De todas maneras aún con la mutación mafiosa de algunas bandas, los narcos de México siguen exportando pastillas a Estados Unidos y drogas duras al resto de Latinoamérica y Europa.

Para la Argentina, los resultados que ha dado en México la lucha contra el narcotráfico es un espejo en el que no hay que mirar, porque el fracaso de estos 10 años fue y es de enorme sufrimiento para los ciudadanos.

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Y en este aprendizaje, la ilusión que muchos tienen respecto de la inclusión del Ejército es necesario para terminar con los delitos mayores, se cae en los resultados en la experiencia mexicana. Porque de acuerdo con los funcionarios y los ciudadanos, lo único que se logró es mayor violencia y un enrarecimiento de los derechos civiles de los que caminan por la decencia que padecen abusos. Sin embargo, Peña Nieto está convencido de que no había otro camino mejor que el tomado y hace hincapié en los resultados visibles, los lauros reconocidos que son los jefes de los cárteles que fueron apresados pero no pone en la cuenta el silencioso genocidio diario de este flagelo y la continuidad del accionar mafioso más allá de la caída de los cabecillas.

Lo lamentable y lo peligroso de lo que estamos viendo -y teniendo en cuenta que en la Argentina ya hay narcotráfico-, es cómo aun cuando se combata a estas bandas, luego mutan pero siguen en el delito mayor. Si se los acorrala con la venta de drogas, cambian de “rubro”, siempre con el sesgo de violencia y muerte que van dejando en el andar.

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Y no es una cuestión menor la que vemos en México, porque evidentemente en la medida que los cárteles se van enseñoreando en una nación, aún cuando se los combate y se los acorrala en un delito, las segundas líneas luego se diversifican y se transforman en mafias que, en definitiva, ya quedan enquistadas en la sociedad.

En la Argentina tenemos una tarea titánica por hacer para erradicar el narcotráfico ya existente, pero apuntando a eliminar los delitos mayores en general también. De lo contario podemos padecer lo mismo que en México, una violencia que comienza con los narcos pero luego se extiende a otros delitos. Y tememos que algo de eso ya se pueda estar generando, toda vez que la inseguridad no solo no cede sino que se ha tornado claramente más violento el delito.

No es poca la preocupación que genera el nivel de delito que estamos padeciendo, más teniendo en cuenta las derivaciones que vemos que tiene el narcotráfico en México, como lo hemos visto en Colombia donde fueron años de plomo e infierno batallar contra los cárteles de Medellín y Cali. Los muertos, también allí se contaban de a miles por año, la violencia de los atentados era tremenda.

Creemos que aún estamos en una etapa en la cual podemos dar la batalla contra el narcotráfico, antes de llegar a niveles en que luego, como vemos, no hay soluciones fáciles  y a veces ni siquiera posibles. Sobre todo porque cuando el narco muestra todo su potencial, es porque ya ha perforado la Policía, el Poder Judicial y el poder político, con los enormes fondos que manejan. Este es un presupuesto fundamental para el crecimiento de estos cárteles, la impunidad, la protección y, si no alcanza, la violencia extrema.

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Por eso estamos confiados en que aun podemos dar esa batalla en la Argentina sin llegar a padecer lo que sucede en otros países de la región.

 

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