Medir un gobierno por la educación
En Latinoamericana siempre se nos ha reconocido con admiración por nuestra cultura y educación. La escuela pública argentina fue históricamente considerada de las mejores de la región, y hasta la mejor.
Sin embargo, gestión política tras gestión la educación fue decayendo a través de las décadas y la verdad que como sociedad no nos hemos preocupado nunca por esta problemática hasta que, como sucede con tantas otras cuestiones, nos tapa el agua. Miramos obsesivamente la cuestión económica, que es natural, pero no nos preocupa la educación de nuestros chicos y eso ya no es tan natural. Esos chicos, al fin, son nuestro capital de crecimiento, es decir que descuidar su formación es hipotecar el futuro. Y esto viene sucediendo desde hace tiempo por lo que en cierto punto tiene mucha lógica que estemos como estamos: en el pasado hipotecamos el futuro que es nuestro presente.
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Ni siquiera habíamos mensurado el daño que nos hemos hecho (aunque lo sospechábamos) y que tendrá efecto por muchísimos años más, hasta que pasando las décadas hasta que aparecieron las evaluaciones Aprender, en 2016, para conocer el estado del sistema educativo argentino. Y los resultados, mostraron la realidad que no atinamos a ver.
Según la evaluación de ese año, siete de cada 10 estudiantes que terminan la secundaria en Argentina no tienen buenos conocimientos de matemáticas.
Cinco de cada 10 alumnos no comprenden textos. Esto indica tristemente que no entienden lo que leen, no razonan lo que leen. Y eso es claramente dramático.
El presidente Mauricio Macri calificó de dolorosos los resultados de la evaluación en su momento.
Sus palabras fueron dichas en el contexto de una dura batalla entre el Gobierno y un grupo de sindicatos de maestros que mantuvieron un prolongado paro en reclamo de aumentos salariales, por lo que mucha gente lo toma como una cuestión política que lo es, pero que no invalida lo que está pasando con la educación.
Los críticos de Macri lo acusan de querer privatizar la escuela pública. El presidente asegura que quiere mejorarla y propuso una reforma educativa para hacerlo.
Y hubo una frase que dijo Macri durante su presentación que resultó particularmente controvertida. Al resaltar que en los colegios públicos hubo el doble de alumnos que no entendieron textos que en los colegios privados dijo que eso marca otro problema de fondo que es la terrible inequidad entre aquel que puede ir a la escuela privada versus el que tiene que caer en la escuela pública.
El hecho de que usara la despectiva expresión caer en la escuela pública generó una oleada de críticas contra el presidente.
Sin embargo, otros tantos salieron a defender al mandatario, e incluso a felicitarlo por decir algo que pareciera ser tabú en Argentina: que la amada educación pública está en crisis.
El tema no es nuevo, hace décadas que venimos en retroceso por lo que no es un asunto endilgable a un gobierno en particular sino a todos por igual. El Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes -más conocido como Pisa- que cada tres años realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, también reveló los problemas en la calidad educativa. El último informe en el que participó Argentina mostró que más de la mitad de los chicos de 15 años (53,6 por ciento) no superaba el nivel mínimo de lectura, el 50,9 no entendía ciencia y dos tercios (66,5 por ciento) no podía resolver cálculos matemáticos. El país se ubicó en el puesto 59 entre las 65 naciones evaluadas. Varios vecinos latinoamericanos -Brasil, Chile, México y Uruguay- quedaron por encima de Argentina.
Si bien estos resultados muestran los problemas que afectan a toda la educación, tanto pública como privada, existen otras cifras que sugieren que la crisis más grande está en la escuela pública, que tiene menos días de clase por los paros y donde no tienen las mismas herramientas educativas por problemas de costos.
Si faltaba algo el último censo nacional de 2010 mostró que el 61 por ciento de los argentinos mayores de 20 años no había llegado a completar el nivel secundario, que desde 2006 es obligatorio.
¿Alguna vez vamos a medir un gobierno por su apoyo a la educación? ¿Alguna vez podremos calificarlo como bueno o malo por los avances en educación y no por la sensación de bolsillo?
Porque la realidad es que el mundo que viene no es el de las habilidades manuales ni de la fuerza bruta, vienen siglos del conocimiento. Esa es la mercancía que tiene y tendrá más valor en los años por venir y a esta cuestión nos tendremos que abocar para lograr sacar adelante a las nuevas generaciones.















