Maduro se mantiene a sangre y fuego en el poder
Marginado y desconocido por ilegítimo en gran parte de la región, el presidente Nicolás Maduro asume un nuevo mandato tras ganar de manera fraudulenta las elecciones de mayo pasado en una Venezuela cada vez más degradada.
Serán escasas las presencias oficiales en el acto de asunción presidencial, para cumplir su segundo mandato, que se extenderá hasta el año 2025.
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Sin embargo, desde la región un solitario Evo Morales confirmó su participación de los actos previstos. Junto a él, su par nicaragüense Daniel Ortega, que parece caminar por el mismo rechazo mundial que Maduro y el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, estarán presentes. Con aval de México y Uruguay, aunque sin autoridades de renombre, sus avales también llegan desde Rusia, Turquía y China. El resto de los países latinoamericanos y de la Unión Europea brillan por su ausencia.
Pero la historia de Venezuela no da un giro, con este nuevo mandato, porque la situación se mantiene muy precaria, con una hiperinflación de al menos 5 por ciento diaria y una pobreza que ya alcanza el 92 por ciento de los hogares venezolanos.
En fin, por primera vez en tiempos de chavismo la legitimidad de origen de la Presidencia de la República de Venezuela está cuestionada por actores nacionales e internacionales. Ayer, Nicolás Maduro tomó posesión para un nuevo período de seis años frente al país latinoamericano, pero las condiciones de su elección manchan. Maduro fue reelecto en mayo pasado en unos comicios que han sido rechazados por la comunidad internacional, al ser convocados de manera irregular y sin participación de la oposición.
Por lo tanto, su segunda legislatura tiene vicios de origen, lo que cambia en mucho las cosas. Hasta ahora al mandatario se le cuestionaba su desempeño al frente del Estado, las violaciones a derechos humanos, los encarcelamientos a los disidentes, la censura periodística o el control institucional, pero no que hubiera sido elegido en 2013.
Esa realidad cambia ahora. El Parlamento venezolano anunció que no tomaba el juramento de ayer como corresponde según la Constitución. El chavismo respondió haciendo la jura ante el Tribunal Supremo de Justicia al considerar que el Legislativo está en desacato y, por tanto, impedido de cumplir sus roles.
En el camino ha quedado la Asamblea Constituyente chavista, el cuerpo supraconstitucional que Maduro conformó en 2017 y al que, en su teoría, están supeditados todos los demás poderes. Pero Maduro decidió no jurar allí, tomando en cuenta que es un organismo considerado ilegítimo por más de 60 países. Y el gobernante necesita algún tipo de reconocimiento.
El Grupo de Lima, que agrupa a 14 países del continente americano, anunció el 4 de este mes que desconoce un nuevo mandato de Maduro y lo exhortó a entregar el poder a la Asamblea Nacional como institución legítima, electa y plural, para que se promuevan unas nuevas elecciones libres para escoger presidente. Países como Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía, anunciaron posibles sanciones para quienes integren el nuevo gobierno de Venezuela.
México forma parte del Grupo de Lima pero no apoyó la resolución, escudándose en el respeto a la autodeterminación de los pueblos y el principio de no injerencia. El nuevo presidente azteca, Andrés Manuel López Obrador, invitó a Maduro a su toma de posesión en diciembre pasado. Los mismos principios ha abanderado Uruguay. Estados Unidos, en cambio, ya ha dicho que Maduro es un dictador.
En tanto Juan Guaidó tomó posesión como nuevo presidente de la Asamblea Nacional. Y dice abiertamente: La Presidencia no se encuentra vacante. Está siendo usurpada. Estamos en una dictadura. Es el titular de la única institución no cooptada por el chavismo en Venezuela. El Parlamento electo en 2015 tiene mayoría opositora pero sus decisiones son ignoradas por el resto de las instituciones del país controladas por el chavismo. Los legisladores de Maduro, de hecho, dejaron de asistir a sus sesiones en 2016.
Pero la Asamblea Nacional tiene reconocimiento internacional. La Unión Europea, EE. UU., el Grupo de Lima y otras naciones reconocen su validez, más que la del propio Maduro. Por eso el Legislativo pasará a la vanguardia a partir de hoy. El órgano declaró la ilegitimidad y el desconocimiento de Maduro como presidente, así como ratificó la usurpación del cargo.
En este marco, toman relevancia los cuarteles, porque es sabido que todos estos desaguisados pueden desarrollarse en Venezuela porque el Ejército sostiene al régimen ilegítimo. Guaidó anunció que la cadena de mando está rota, en claro mensaje a los militares venezolanos. Sin un presidente legítimo, no hay comandante en jefe, no hay superior, no hay autoridad. Por ahora el Alto Mando Militar ha dado su respaldo a Maduro, pero en las barracas hay inconformidad. En el país hay al menos 150 militares encarcelados, acusados por rebelión, incluso de alta graduación. Sin embargo, mientras los militares sigan sosteniendo el régimen, las elecciones pueden ser fraguadas y no parece haber modo de enfrentar la situación que no sea por la violencia.














