Mabel Marro: una estudiosa del lenguaje, entre la fantasía y la ciencia, allí donde ocurre la creación
Hay perfiles que se delinean solos, con sólo transcribir formas de decir y sentir. Eso sucede con la historia de vida de Mabel Marro, licenciada en Letras, profesora de Enseñanza Normal, Técnica y Especial e investigadora en Psicolingüística y Ciencias de la Educación de reconocida trayectoria nacional e internacional.
Llegó a Pergamino a los 5 años cuando su padre Ernesto “Tito” Marro, fue designado gerente de Agricultores Federados Argentinos. Había nacido en Tortugas, provincia de Santa Fe en el límite con Córdoba. La primera postal de nuestra ciudad que conserva en su memoria es un balcón del Hotel de Roma, junto a su madre Norma Capitanelli. Vivieron allí hasta que se mudaron a la casa de Italia 480. Ese recuerdo y el de la pensión “Mas”, en la calle Pueyrredón donde iban a almorzar, son las primeras vivencias, incluso, su primer enfrentamiento con las diferencias dialectales. “Si aquí se decía ‘naranjada’ y allá ‘naranjina’ era una fuente de risa, y me daba un poco de vergüenza el contraste con el lenguaje de los pergaminenses”.
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Hasta quinto grado fue a la Escuela Nº 1. Allí conoció a su gran amiga Sylvina Giácoma. “Eramos compañeras de banco, somos de la época del tintero y la pluma; ella era altamente prolija y yo altamente desprolija y así durante toda la vida, aprendimos la una de la otra en sucesivos contrastes”, señala en el principio de una entrevista que se desarrolla en el Bar de la Estación del Ferrocarril Bartolomé Mitre, un lugar que le recuerda su adolescencia y las charlas de filosofía cotidiana con Raquel Viglierchio.
“Me cambié de escuela en sexto grado, antes lo había hecho otra de mis grandes amigas Liliana Yapur y la seguí. Yo quería ser maestra, pero no tuve éxito, fuimos la primera generación de Bachilleres Pedagógicos”. Eran épocas intensas para la amistad, el baile y los primeros amores.
Fue hija única hasta los 10 años, cuando nació Claudia. “Ella me permitió saber qué era tener una hermana”, refiere y asegura que han compartido no sólo la dinámica familiar sino la pasión por la investigación como colegas en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).
Su inquietud por el conocimiento llegó temprano. “Crecí con un padre lector que ya antes de los 5 años había querido leer el diario; y mi tía Nelly compraba mucha literatura, la clásica y la del Boom, y ya me preguntaba por esa delgada línea entre la realidad del diario y la ficción literaria”, afirma.
En su casa había muchos espacios físicos para el juego compartido con amigas, primos, y personas mayores que se integraban. “Allí todo te mostraba que había un universo que se podía aprehender de manera divertida”.
Pronto se acercó al mundo del arte. “Tuve grandes maestras, Cora Zamora de Palermo fue una de ellas, era acuarelista, me había pro ahijado y me tenía a su lado mientras pintaba; ¡a los 15 años me nombraba jurado de cuanto concurso de poesía había en Bellas Artes!”
“Cuando terminé el secundario me inscribí en la Escuela de Artes Visuales donde conocí a profesores inolvidables; Mario Marega, Rolando Rodríguez Santos, José Cocenza, entre otros como la querida ‘Porota’ Períes, además de compañeros entrañables”. Para ese entonces, Susana Sharry, su profesora de Literatura, le insistía en que la investigación en escritura y la formación en Lingüística eran lo suyo y le hizo caso.
Un largo camino
Se fue a Rosario a estudiar, vivía con Raquel Viglierchio, “Panchita” Paterlini y Liliana Yapur. Egresó como Licenciada en Letras en la Facultad de Humanidades y Artes. Entre las anécdotas de estudiante universitaria menciona los almuerzos con Fontanarrosa.
“Siempre tuve la fortuna de aproximarme a personas importantes para mi formación y siempre iba quedando ‘alrededor de’. Será por eso que fomenté el trabajo en equipo desde la creación de Cáritas Juvenil con los chicos de ‘la barra’ en el altillo de mi casa hasta la integración de equipos de investigación para que no dejen de existir recursos humanos con capacidad de transmitir conocimientos”.
Comenzó como ayudante en la Facultad, y con el tiempo llegó la primera beca del Conicet en el Instituto Rosario de Ciencias de la Educación para investigar en la enseñanza de la lengua. “Ahí conocí investigadores como Aebli, el sucesor de Piaget, y atesoro dos grandes amigas, una rosarina y otra italiana con las que sigo confirmando viejas hipótesis”. Pero, quería conocer la Lingüística desde el lugar donde se venía haciendo. “Horacio Jaunarena me ayudó en ese tránsito hacia Buenos Aires, donde me esperaba la investigación en Sociolingüística en la UBA, junto a Beatriz Lavandera que traía de Estados Unidos teorías fuertes en ese campo”.
De modo vertiginoso llegó la publicación de trabajos en revistas nacionales y extranjeras y la necesidad de volver a las ciencias de la educación. “Mi preocupación principal era la intervención en los procesos de producción y comprensión del lenguaje en el campo de la alfabetización, así que pedí el pase al Instituto de Ciencias de la Educación.
“Allí en la línea de Vigotzky y Luria, y con directoras como Teresa Sirvent y Berta Braslawsky, desarrollamos con Ana Manrique y equipo el Programa Ecos, una serie de acciones de intervención para ayudar al desarrollo del lenguaje en los niños y fue maravilloso ponerlo a prueba en escuelas marginadas.
“Mientras tanto empecé con la divulgación de la ciencia en la Fundación Campomar, creamos el primer programa de formación de periodistas para la divulgación científica y la agencia de divulgación científica en la Facultad de Farmacia y Bioquímica”, refiere.
“Trabajé en el Programa de Clarín para la Escuela, en el diseño del programa de enseñanza de la lengua a través del diario; diseñé 20 módulos para el Correo Argentino orientados a la capacitación de sus empleados; y trabajé en la Universidad Hernandarias en el armado de la carrera de Periodismo y de Ciencias del Lenguaje y la Comunicación; al mismo tiempo daba clases en la UBA, la Universidad Católica Argentina y la Universidad de El Salvador, entre otras donde dictaba cursos de post grado”. Además era mamá y escribía por las noches. Tiene 14 libros publicados.
Nunca buscó el reconocimiento en forma pública. “Cuando trabajás en esos espacios vas recibiendo órdenes de mérito, pero nunca los creí, el aplauso que siempre valoré fue el de mi padre porque en él veía los valores a imitar, el trabajo cooperativo, la alegría, la generosidad, la solidaridad y poder decir como él ‘qué chambón he sido’ cuando te equivocás”.
Su primera investigación fue trabajar con el error y a lo largo de la vida se dio cuenta de que “es el gran enseñante y no sólo en lo lingüístico”.
Un universo propio
Gran parte de la charla gira en torno al campo laboral, como si su vida privada quedara resguardada en un espacio íntimo.
Cuidadosa de sus afectos, presente y solidaria y respetuosa de las diferencias, le gusta hablar de libertad, una cualidad que ha signado su vida. “Tengo dos hijos que son unos soles: Raquel (38), guionista de cine y televisión con premiaciones recientes muy importantes, además de ser la mamá de Martina (10), una niña desbordante de ingenio; y Tomás (23), estudiante del Profesorado de Historia, un bromista inteligente y crítico que nos ha acercado una deliciosa novia, restauradora de arte, Luciana, a quien todos admiramos”.
Nuevos desafíos
Jubilada de la docencia universitaria está abocada al trabajo con chicos que recibe en su casa y en ocasiones también trabaja con escuelas. “Son chicos que han tenido alguna dificultad en el desarrollo de sus potencialidades lingüísticas y comunicativas”, cuenta y visualiza en el juego una de las herramientas de las que se vale para proponerles estrategias.
“Agradezco la fuerza de los padres de esos niños, que son una fuente de amor incondicional conjugada a diario”, y afirma que todo se hace más simple gracias a su compañera de trabajo Claudia Cattáneo, que es rehabilitadora del lenguaje.
“El lenguaje, como ha enseñado el gran amigo Teun van Dijk, es un paralelepípedo impresionante donde hay dimensiones y niveles, si tocás uno, se activa el otro. A través del juego podés lograr maravillas”, explica.
Esa tarea “apasionante” se nutre de una vida cotidiana sencilla. “Me entretengo leyendo, a veces Neme Carenzo, un gran amigo, me acerca obras de teatro y ejerzo mi antigua vocación semiológica; o converso con Laura Riera sobre Ciencia y Etica. También me gusta ir a pescar al Arroyo con mi nieta, o salir con la barra de Sylvina, Analía Barrera, Irma Dieta, Clara Cantore con las que es imposible no pasarla bien.
“Haber vuelto fue una gran transformación, aquí están mi tía Nelly con la que vivo; mi madre; mis amigos y mis hijos”. La trajo hasta aquí una “profunda fatiga de la vida en Buenos Aires” que el médico de su familia Enrique Auil, le ayudó a combatir.
Se define parecida a su papá. “De él tomé todos los modelos, me gustaría ser como él”. Y señala que aceptó el perfil como un tributo a la familia que formó junto a su madre, una mujer tesonera e incansable.
“Me defino como alguien que está entre la fantasía y la ciencia, como decía el epistemólogo Mario Bunge”. Está allí donde ocurre la creación y la convoca el futuro: “Quiero aprender a pintar con ‘Panchita’ Paterlini, y alguna vez, hacer teatro o conducir con mis amigas un programa de radio; tal vez crear una Escuela de Artes y Ciencias con Valeria Olivieri y Miguel Benestante; o aprender a hacer cine en un taller que dictara mi hija”.
Donde está el corazón
Sobre el final de la entrevista se cuelan los ecos de la charla de una mesa de café próxima. Son voces conocidas, en el universo familiar del pago chico. Mabel disfruta de esos placeres. “Vivo en la casa que era de mi abuela Teresa; volví al corazón”, confiesa. Eso recrea su niñez y tiene una enorme carga subjetiva, ya que en aquel tiempo confiesa haber descubierto su poder.
“Sé que mi infancia me otorgó el poder; por eso trato de hacer lo mismo con los chicos, darles las herramientas para que nada ni nadie los domine”, concluye. Cuando lo dice sobrevuela la memoria de los seres gracias a los que pudo realizar esos infinitos aprendizajes.




















