Lucas Gou, un pergaminense que lleva el tango a todo el mundo
DE LA REDACCION. Espectáculo a bordo de un crucero y, entre otros números, una pareja que baila tango. El público aplaude de pie a los jóvenes que deleitaron con un dos por cuatro en el escenario. Al final el locutor presenta con nombre y apellido a cada uno de los artistas y el bailarín resulta ser Lucas Gou, pergaminense de 31 años que recorre el mundo mostrando la danza característica del Río de La Plata.
Abajo del escenario se mezcla entre los pasajeros y muchos lo reconocen y lo felicitan. Anda junto a su compañera de baile, Mara Craham, también argentina y dueña de un talento excepcional.
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“Hace seis años que trabajo en los cruceros; empecé en la MSC donde estuve los tres primeros años, luego pasé a otras compañías japonesas donde estuve haciendo Asia y Oceanía, y este año volví a MSC”, cuenta Lucas.
- ¿Cómo se dio la oportunidad de subir a los cruceros?
- La verdad es que no tenía ni idea de lo que eran los cruceros, pero un día recibí un mail de unos amigos que me ofrecían el trabajo. En ese momento estaba saliendo de un terrible momento de mi vida que había sido un accidente aéreo en Honduras, y lo vi como una buena opción para arrancar de nuevo. Además era un desafío, una nueva experiencia porque nunca había estado en un barco, así que acepté y desde que me subí me encantó el trabajo y la vida a bordo.
- ¿Cómo fueron los inicios con la danza?
- En Pergamino empecé hace once años con Gastón y Pablo Torelli, que son mis amigos de toda la vida. Ellos me enseñaron a bailar y al año que estábamos practicando nos fuimos con Gastón a Buenos Aires a probar suerte y arrancamos la carrera. A Gastón le va muy bien dando clases y yo tomé un rumbo más artístico. En Pergamino casi no bailé, por eso el ambiente de la danza pergaminense prácticamente no me registra.
- ¿Cómo es la vida a bordo que tanto te gusta?
- Lo más lindo es viajar y conocer. Este trabajo te da la posibilidad de estar en las mejores ciudades del mundo haciendo lo que te gusta y esa idea me seduce mucho. Por ejemplo si me ofrecen un contrato para ir a una ciudad que no conozco, inmediatamente digo que sí y después trato de arreglar lo monetario, pero lo que más me interesa es conocer el mundo y gracias al barco ya he estado en muchísimos lugares.
Acá ensayamos todos los días, mi compañera es muy exigente y me tiene todo el tiempo en el aire. Ahora estoy preparando un nuevo espectáculo de tango para presentar en los cruceros. A la gente le gusta mucho el tango. El baile con el contacto físico les produce una revolución a los que no conocen el tango.
- ¿Quién es tu compañera de baile?
- Mi compañera es Mara Craham, que vino a hacer esta temporada conmigo, porque mi anterior compañera que lo fue por tres años no pudo venir.
Tengo una novia inglesa desde hace cuatro años, a quien le enseñé a bailar tango y algunos contratos los hice con ella.
El año pasado tuve un problema físico que me obligó a estar inactivo seis meses. Me fui a la Argentina a recuperarme y le propuse a mi novia que se subiera al barco para que continuara trabajando. Ella misma me volvió a hacer el contacto con la compañía y me propusieron volver. Así que me dediqué a buscar una nueva compañera y gracias a Dios encontré disponible a Mara, que es una de las mejores bailarinas de Buenos Aires, ha trabajado en los mejores lugares, y estoy muy contento con ella.
- ¿Tenés proyectos para hacer en tierra?
- Con mi novia tenemos pensado hacer dos contratos más en los cruceros que serían el norte de Europa con el MSC Magnífica y otra temporada más en América del Sur, y después nos radicaríamos en Inglaterra, que es donde más posibilidades de trabajo tenemos tanto mi novia como yo. Esa es la idea, la de empezar a convivir en tierra firme y ver cómo nos va (risas).
- ¿Qué recuerdos tenés de Pergamino?
- Toda mi familia está en Pergamino y cada vez que estoy en Argentina voy para allá. Me gusta estar con mi familia, es mucho el tiempo que estoy lejos así que cuando puedo no desaprovecho la oportunidad.
Fui a la Escuela Nº 4, después hice dos años en Agrotécnica y terminé en la Media Nº 2. Siempre fui jugador de fútbol de Tráfico’s Old Boys y los últimos años los jugué en Racing, hasta que se rompieron los meniscos y se terminó mi carrera futbolística. Después me dediqué al tango, sin que tenga nada que ver una cosa con la otra, pero descubrí un mundo maravilloso, impensado, que me abrió muchas puertas y me dio muchas oportunidades de crecimiento.
Pero de mi ciudad tengo los mejores recuerdos, por eso envío un saludo para toda la familia y a los conocidos de Pergamino. Cuando uno está muchos meses afuera se comunica por teléfono o por Internet y esa tecnología de alguna manera nos mantiene cerca. Mi papá siempre me pide que me comunique y que le diga que estoy bien y con eso nos alcanza a todos.
Sobreviviente de un accidente en un avión
El 30 de mayo de 2008 ocurrió un grave accidente aéreo en el puerto Toncontín ubicado en Tegucigalpa, capital de Honduras. Allí un avión de bandera salvadoreña que transportaba a más de 350 pasajeros, se salió de la pista de aterrizaje embistiendo a varios automóviles. La tragedia dejó 5 muertos y decenas de heridos.
Uno de los sobrevivientes de ese infortunio es Lucas Gou, que estaba en el vuelo 390 por razones de trabajo ya que se encontraba de gira junto a José Ogivieki y Daniel Cortés que estaban efectuando la presentación de un CD denominado “Tangamente”.
Lucas resultó con algunas heridas menores y para él aquella experiencia es “sólo un mal recuerdo”.
A casi seis años del incidente asegura que “un especialista me dijo en aquel momento que yo estaba bien psíquicamente pero que en algún momento de mi vida algunos recuerdos me iban a perturbar. Pasaron los años y la verdad que siempre me sentí bien, pero hace poco, navegando por Japón, al barco lo agarró una tormenta y se movió mucho. Fue la primera vez que me volvió esa sensación como la del avión, es decir que el especialista aquel tenía razón. Además, cada vez que vuelo, no me pasa nada extraño, salvo al momento del aterrizaje cuando escucho los aplausos de los pasajeros. Eso me hace mal porque lo último que recuerdo del accidente son los aplausos cuando el avión tocó tierra y después vino la explosión. Por eso creo que el aplauso debe surgir cuando la nave se detiene y se apagan los motores”.


















