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Los radicales en su laberinto

10 de diciembre de 2017 a las 12:00 a. m.

Las alianzas políticas suelen ser más sencillas cuando se está peleando el poder y más difíciles de sostener cuando se tiene que gobernar. Así pasó con la fallida “Alianza”, armada para derrotar al menemismo, por ejemplo. Todo iba bien en la campaña frente a un enemigo común, pero tras el triunfo y a poco de andar sobrevino el desastre entre los socios, en aquel momento sectores radicales y peronistas. Porque ambos grupos se consideraban en igualdad de condiciones para exigir y gobernar, cuando en realidad tenían ideas muy distintas de cómo sacar al país adelante.

Cambiemos es otro tipo de experiencia, precisamente porque se trata de una entente político donde el PRO es el que gobierna y el radicalismo acompaña como socio más o menos minoritario. Por eso aun con la existencia de roces entre las partes, la sangre no llega al río y la coalición en este caso puede seguir con buena salud.

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Si hacemos un análisis finito de la cuestión, los radicales fueron la llave que le dio el triunfo a Cambiemos en el interior del país, tras ganar las elecciones en al menos seis provincias. Gracias a los candidatos que impuso la UCR, Cambiemos festejó en Jujuy, Mendoza y Corrientes, que tienen gobiernos radicales, pero también logró ganar en Santa Cruz, Entre Ríos, Santa Fe y La Rioja, todas provincias gobernadas por la oposición.

Sin embargo a nivel nacional, los votos indubitablemente son de Mauricio Macri, en la provincia más importante del país son de María Eugenia Vidal y en la Ciudad de Buenos Aires de Horacio Rodríguez Larreta, todos dirigentes del PRO. Y es esta centralidad lo que le permite al macrismo ser el sector que lleva adelante la administración. Porque aunque el radicalismo quizá hubiese ganado en esas mismas provincias del interior, a nivel nacional hubiese terminado como tercera fuerza, con buena suerte, en una elección general, porque no logra consensos mayoritarios en los mayores centros urbanos del país. Y esta cuestión no es menor, que el macrismo logre votos mayoritarios que el radicalismo hoy no concita hace toda la diferencia.

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Este rápido y seguramente incompleto análisis sirve de base para comprender lo que sucede en nuestra provincia y entender dónde estamos parados en Pergamino, distritos donde el macrismo es el dueño de los votos y los radicales enfrentan la realidad de ser socios menores de Cambiemos.

Lo que sucedió esta semana que pasó en Pergamino cuando el Comité Radical votó mayoritariamente por integrarse al bloque de Cambiemos, desechando la propuesta de armar un interbloque con el PRO y la Unión Cívica Radical es un síntoma claro de que los ucerreístas prefieren ser socios menores antes de quedarse fuera del juego. Saben al fin que entre esa gran mayoría que votó a Cambiemos hay también votantes radicales, sin duda.

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En realidad la idea no es original, a nivel nacional, en el Parlamento hay bloque PRO y bancada UCR y todos conforman Cambiemos sin problemas. Esto le permite a los radicales sentir que su sello está vivo, que mantienen un perfil político propio dentro de una alianza que gobierna. Lo mismo se intentó hacer en Pergamino, pero la propuesta no contó con la anuencia del jefe comunal y al fin tampoco con los propios radicales que prefirieron integrarse todos bajo el gran paraguas de Cambiemos. Y esto tiene una explicación bastante sencilla, porque hay integrantes del plenario que forman parte del poder municipal, algunos son funcionarios de alto rango, otros de medio, quienes sienten que diferenciarse en el Concejo Deliberante del PRO les puede traer a la postre roces innecesarios y dolores de cabeza en la gestión.

Si lo miramos desde la perspectiva del intendente Javier Martínez podemos entender que tras un importantísimo triunfo obtenido en octubre, pretende que los concejales electos en la lista que ayudó a ganar con su gestión, formen parte de Cambiemos, todos juntos y no en un interbloque que lo obligaría a vivir negociando con un sector del propio oficialismo para cada ordenanza importante. También es atendible que un partido centenario como el radicalismo tenga expectativas de mantener su sigla, aunque por el momento sea solo por cuestiones sentimentales. Incluso porque al mirarse en el espejo del Parlamento nacional, ver que allí existe el interbloque Cambiemos y los radicales tienen su bancada en ese marco, les genera expectativas que a nivel local no logran cumplir.

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En el fondo y en la forma, todo se trata de los votos. El radicalismo local que logró gobernar durante 16 años la ciudad, hoy no cuenta con el beneplácito de la ciudadanía para seguir administrando la comuna. Mientras que Javier Martínez ganó dos elecciones seguidas con amplio porcentaje y si bien cuando resultó electo era una incógnita, dos años después revalida su triunfo con comodidad manifiesta, sobre la base del desarrollo de una gestión a la que los vecinos dieron un apoyo rotundo. Y con esta carta ganadora juega el intendente.

 

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Los radicales en tanto han decidido seguir siendo parte de la gestión en forma absoluta, porque de un modo u otro están siendo parte de la administración. Por el contrario, enfrentarse al jefe comunal en esta etapa los dejaría completamente fuera del juego.

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