Leandro Leit: “Hay que trabajar mucho en la educación y hablar en familia”

El médico de la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital San José describió distintas aristas desde las cuales la donación de órganos aparece como una cuestión prioritaria.
En una entrevista concedida a LA OPINION, el doctor Leandro Leit, médico de la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital, describió distintas aristas desde las cuales la donación de órganos aparece como una cuestión prioritaria. El profesional aclaró algunos conceptos que suelen generar confusión y remarcó la importancia que el diálogo familiar y la tarea en educación tienen para generar mayor nivel de conciencia. Además se refirió a lo que supone para las unidades de cuidados críticos abordar este tema cuando aparecen potenciales donantes y consideró que para las familias que pierden a un ser querido en situaciones traumáticas suele ser más doloroso aún tener que definir en ese momento si donan los órganos o no. “Todo es más sencillo si se habla del tema antes y si se educa para que algunos fantasmas caigan”, sostuvo.
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-¿Cuál considera que ha sido la evolución de la sociedad en relación a la donación de órganos?
-Tiene oscilaciones. Cuando el tema se instala porque se hacen propagandas o sucede algún caso que llama la atención como el de un trasplante cardíaco que es urgente, la gente toma más conciencia y lo habla en su casa. Pero ese interés se diluye con el pasar del tiempo y no termina de traducirse en una acción concreta de hacer explícita la vocación de donar órganos.
-¿Qué considera que puede hacerse para revertir esta oscilación en la conciencia ciudadana respecto de este tema?
-Creo que hay que trabajar mucho desde la educación y de manera constante. No de forma esporádica ni porque nos urge por un caso en particular. Tiene que ser una enseñanza que nos ayude a incorporar que así como podemos ser donantes de órganos, también podemos estar frente a la necesidad de recibir un órgano para salvar nuestra vida ante una situación de enfermedad. Hay que saber que por cada persona que dona los órganos, si es una persona joven y sin enfermedad preexistente, pueden salvarse hasta 10 vidas.
-¿A qué hace referencia el concepto de donante presunto?
-La figura del donante presunto fue muy novedosa cuando surgió. Quiere decir que cualquier ciudadano argentino es donante de órganos a menos que exprese su negativa e incluso a pesar de no haberlo expresado en su documento de identidad. Igualmente ante un caso de muerte encefálica- que es la condición para que una persona pueda transformarse en donante de órganos- siempre se consulta a la familia y se le pide la autorización si la decisión no estaba expresada en el DNI de la persona fallecida. Si la persona es un NN víctima de un accidente de tránsito, por ejemplo, se le pide autorización al juez para que dictamine en un plazo no mayor a 24 horas que se puedan extraer los órganos una vez aclarado el hecho de la muerte violenta.
-En el contexto de la figura del donante presunto, ¿por qué se insiste tanto en que las personas manifiesten de forma explícita su voluntad de donar órganos?
-En general se llega a ser donante en forma aguda, por un trauma no esperado. En general es gente joven, y se hace muy difícil abordar este tema con la familia. El hecho de tener que informarle que el paciente está gravísimo, si en ese mismo momento se le dice que tiene un diagnóstico de muerte encefálica y que esto para el sistema argentino significa que está muerto y 10 minutos después preguntarle si van a donar los órganos, es bastante duro para la familia. Por eso si esa voluntad está explicita o si el tema fue charlado previamente, esa circunstancia no resulta tan violenta para los familiares. Además no hay que olvidar que aun prevalecen algunas ideas erróneas respecto de la donación de órganos; hay gente que no cree que es algo altruista sino que los órganos se comercializan y que hay cualquier cosa. Y en realidad es una lista y está absolutamente claro a quien le corresponde el órgano y por compatibilidad
-Si una persona expresó su voluntad de ser donante, ¿igualmente la decisión la toma la familia?
-Sí. Pero es más sencillo si la decisión fue expresada. Si uno le dice a la familia “la última voluntad fue ser donante”, se contradice menos esa decisión. Nunca se me presentó un caso que alguien hubiera expresado su voluntad de ser donante y un familiar se opusiera. Cuando la determinación no está escrita en el DNI es más complejo, porque hay familiares que quieren y otros que no. Igualmente intervienen profesionales muy entrenados para abordar estas cuestiones.
-A raíz del caso de Justina se pensaba que el órgano de otra niña fallecida en un hecho de inseguridad podía servir para realizar el transplante: ¿El acto de la donación puede estar dirigido a un paciente en particular o juegan otras cuestiones más complejas como la compatibilidad?
-Si uno necesita un órgano y entra en emergencia, pasa de estar último en la lista a estar primero y cuando por alguna razón trasciende en las noticias la realización de un operativo de ablación, se presume a quién puede ir destinado ese órgano. Pero uno no puede elegir a quien le dona, no es una cuestión tan sencilla. Por supuesto que si alguien está primero en la lista de emergencia y aparece un corazón será para esa persona siempre que los órganos sean compatibles. En caso de que no exista compatibilidad, el sistema convoca a los que siguen en la lista y los evalúa. Hay un trabajo activo de los servicios de áreas críticas donde están los potenciales donantes y de los equipos de trasplante de los distintos centros que trabajan bajo protocolos muy rigurosos. El 90 por ciento de las ablaciones se dan en hospitales públicos y el 10 por ciento en efectores del sector privado.
-¿La familia del donante y la persona que recibe el órgano tienen contacto?
-Nunca se contactan. La donación es un acto. A la familia del donante no se le brinda información respecto de quienes son las personas que recibieron órganos o tejidos. No corresponde que tengan esa información. Esto es difícil porque algunas veces se enteran por la trascendencia pública que toma algún caso cuando se está en emergencia nacional, pero es información confidencial.
-¿La ley contempla algunos trasplantes con donante vivo? ¿En qué situaciones es posible?
-Fundamentalmente para trasplante de hígado y riñón. Es muy común entre madre e hijo y se puede donar esos órganos para algún familiar directo siempre que sea compatible. Es mucho mejor porque la vida útil del trasplante supera los 20 años con las drogas que existen. Con donante cadavérico dura alrededor de 15 años.
-¿Qué nos hace falta aprender sobre la donación de órganos?
-Hace falta educarnos más. Y hablar en familia sobre este tema, sabiendo que la muerte es el final de la vida, pero que cuando ocurre no sea otra tragedia tener que decidir si los órganos se donan o no. Aún hay gente que tiene miedo, quizás porque siempre estamos sospechando de las instituciones. La donación de órganos tiene un sentido altruista y hay que destinar tiempo a informarse y a escuchar las historias de tantas personas a las que el trasplante les ha cambiado la vida.














