Las preocupaciones de Scioli y Macri, ya camino a las Paso
Ahora sí comenzará, puede decirse que comienza en serio la campaña presidencial y se suben, definitivamente al escenario Mauricio Macri y Daniel Scioli, los dos candidatos con más intención de voto y con una casi segura polarización camino a las urnas, primero en las Paso y luego en las generales.
Y decimos ahora porque al terminar la elección porteña, ya no hay otra instancia para sopesar resultados y efectos antes de las internas abiertas. De ahora al 9 de agosto todo se reduce a las figuras, sus acciones y sus discursos.
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Mauricio Macri retuvo el domingo la Ciudad de Buenos Aires para el PRO con el triunfo de Horacio Rodríguez Larreta. Pero la victoria fue tan ajustada que terminó por no tener la implicancia que se esperaba como para un relanzamiento presidencial. Larreta venció a Martín Lousteau por sólo tres puntos. Por momentos habrá pensado que se acercaba a una derrota en su propio distrito y se habrá preocupado. Estos resultados fueron festejados no sólo por Martín Lousteau (aunque a puertas cerradas sepa perfectamente que la mayoría de los votos no le pertencen) sino por el kirchnerismo y el massismo, que sueñan con una baja de puntos de Macri en las presidenciales.
A Macri y al PRO le ha resultado un arma de doble filo su alianza con la UCR. Por un lado, el aporte de estructura nacional no fue tan significativo habida cuenta que en muchos distritos el centenario partido se encuentra asolado, sin recursos, sin estructura y, lo que es peor, con sus adhesiones dispersas. Baste con ver en Pergamino cómo se ha dividido el voto radical. Por otro lado, algún recelo por falta de protagonismo dentro de esta sociedad por conveniencia ha llevado a que el radicalismo tenga gestos para con el frente Cambiemos que hacen dudar para qué lado están jugando.
Tal el caso de lo que ocurrió en la Ciudad de Buenos Aires, donde la UCR también forma parte de la fuerza ECO que llevó a Lousteau. A la hora de actuar no solo el radicalismo no aportó a un acuerdo sino que se lanzó a la contienda de la mano de Lousteau, abiertamente en contra de su socio para las elecciones nacionales. UCR y PRO ya están en el mismo barco para las elecciones nacionales, de modo que Macri deberá revisar su estrategia de relación con sus socios. Porque el radicalismo buscará capitalizar ese resultado, seguramente exigiendo menos amarillo y más rojo y blanco en la campaña. De hecho Sanz utilizó toda la liturgia para impulsarse hacia las primarias del 9 de agosto. Y si bien no se le ve ninguna posibilidad de triunfo en las Paso, intentará condicionar a Macri respecto del espacio de su partido dentro de Cambiemos.
Esta relación en que una de las partes no está del todo conforme derivó que ECO capturara los votos radicales, además de los que ya se esperaban: los kirchneristas que intentaban perjudicar a Macri y los de la Izquierda, que son anti PRO congénita. Los números así lo indican, porque sólo hubo un 5 por ciento de votos en blanco. ¿A dónde fueron los votos de Recalde? A Lousteau, sin duda alguna. Esos sufragios son prestados, por llamarlos de alguna manera. Los del radicalismo, en cambio, parecen no tener dueño. Aunque si Sanz los cuenta como suyos cometerá un grave error.
No obstante, vale reconocer, Macri le debe al radicalismo la recuperación de Mendoza, la única provincia que le arrebataron al kirchnerismo, y el posicionamiento como segundos en todas las provincias donde ganó el oficialismo. No mucho más que eso. Pero si quiere seguir contando con el voto radical tras las Paso (que seguramente dejarán a Sanz en el camino) deberá no pensar y actuar con la visión de PRO puro, aconsejada por Durán Barba, porque eso le puede significar más infidelidades, además de ser incompatible con la formación de una coalición.
Mientras Macri resuelve sus problemáticas, en la vereda de enfrente Daniel Scioli atraviesa las suyas. Es el único candidato a presidente del Frente para la Victoria y eso le da una tranquilidad absoluta, pero mira con preocupación la provincia de Buenos Aires, donde Julián Domínguez y Aníbal Fernández disputan el sillón que dejará vacante en diciembre.
Scioli debe ser neutral en esta disputa, pero le cuesta bastante porque Domínguez si gana no le aporta ni le quita votos a su postulación, en cambio Fernández tiene alta negativa para las generales, y si es el triunfador, teme que le reste puntos para las presidenciales. Esto era un secreto a voces en el entorno sciolista hasta que el compañero de Domínguez, Fernando Espinoza lo dijo públicamente, generando uno de los mayores roces en el Frente para la Victoria esta Paso bonaerense.
En definitiva cada uno, Macri y Scioli debe saldar sus deudas internas, acomodar sus conflictos como sepa y pueda.
Pero para los argentinos va a ser una elección interesante. Porque ambos provienen del sector privado, tienen fortuna personal y se acercaron a la política porque les interesó, no porque necesitaran vivir de la función pública. Ambos se muestran propensos al diálogo y más tolerantes a las críticas que el oficialismo actual.
Y a la vez tienen estilos distintos, tienen modelos distintos que proponer al país, herramientas diversas con que encarar las problemáticas sociales, educativas, de seguridad. Scioli con una leve centro izquierda y Macri con una leve centro derecha. Porque entre ambos no parece que haya definiciones muy tajantes. No son blanco y negro enfrentados, pero tampoco son lo mismo, porque proponen distintas salidas a los problemas que tenemos. Y esto va a enriquecer el debate, va a permitir que la gente elija de acuerdo al modo de pensar que tenga respecto de lo que nos hace falta en los años futuros. No olvidemos que venimos gobernados desde hace 12 años por el matrimonio Kirchner que, con matices entre el difunto Néstor y Cristina, encarnan un mismo paquete de ideas.














