Las Paso se han convertido en la primera vuelta
Bastó un gesto para demoler las aspiraciones del ministro del Interior Florencio Randazzo, para que comprendiera que en el kirchnerismo se apoya a los ganadores y no se dejan crecer aspiraciones que puedan de algún modo dañar la imagen del Frente para la sociedad.
Cuando se anunció que el compañero de fórmula de Daniel Scioli era Carlos Zannini, el ministro sintió que sus posibilidades de ir a las Paso en el Frente para la Victoria se habían esfumado.
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Cristina Kirchner quiere conservar poder y solo lo puede lograr a través de un triunfo de Scioli, cualquier encuesta se lo dice. La diferencia con Randazzo era muy importante en términos porcentuales y la polarización con Mauricio Macri un hecho ya comprobado por todos los sondeos de opinión.
A poco de andar, las Primarias Abiertas ya se han desvirtuado para convertirse en una primera vuelta de las generales. Siguiendo este pensamiento, la participación de Randazzo en esta instancia era perjudicial al kirchnerismo porque el número total de votantes que recibiera se iba a desdoblar, dando lugar al impacto visual de un Mauricio Macri con el porcentaje ganador.
Para dejar en claro quién es su hombre en este escenario, la presidenta jugó su carta más confiable, Carlos Zannini. Lo ungió como ad later de Scioli. Puso a su hombre de mayor y absoluta confianza, que hace años (desde los inicios sureños) trabaja con el matrimonio K y así, de una sola jugada, apaciguó a los paladares negros que desconfían de la lealtad del gobernador y le bajó el pulgar a Randazzo, que no dudó en bajarse de las Paso ante tan claro mensaje: Scioli tendrá el apoyo presidencial.
El crecimiento de Mauricio Macri obliga a que Scioli resulte el candidato más votado en las internas y si se dividía una parte con el ministro del Interior corrían el riesgo de que el Pro saliera primero y los titulares de los diarios así lo reflejaran perjudicando las chances del Frente para la Victoria. En esa línea de pensamiento se tomó también la decisión, si Scioli puede ganar hay que despejar el camino.
Cristina se tranquiliza con la presencia de su hombre de mayor confianza en la fórmula, Scioli tiene camino abierto para ampliar su campaña y el kirchnerismo duro ya bajó el tono de las críticas al gobernador y afirman que hay que apoyarlo.
Dicho esto, Scioli tendrá siempre presente al cristinismo a través de Zannini y es un precio que está dispuesto a pagar para llegar a ser presidente. Ya sabe de qué se trata porque igual situación vive en la Gobernación con Gabriel Mariotto, que parece ejercer un mandato paralelo en vez de ser su segundo.
Ahora bien, que haya una sola lista a nivel nacional genera otros condicionamientos, sobre todo para la provincia de Buenos Aires, el principal bastión de Scioli.
Si Randazzo rechaza, como hasta ahora, ser candidato a gobernador, la presidenta deberá revisar su estrategia bonaerense. La alternativa con la que se conjeturaba en el oficialismo era la de potenciar a Julián Domínguez, con la intención de cuidar la estética que se presentará en las elecciones generales, porque Aníbal Fernández tiene una imagen muy deteriorada y está muy amenazado por la investigación del fútbol. En cambio, Domínguez le da la posibilidad de, al cabo de 12 años de ejercicio del poder, ofrecer una novedad, un dirigente de más bajo perfil pero sin exacerbar los ánimos del votante como hace Aníbal.
Qué pasará si Scioli gana las elecciones, no deja de ser un misterio. Porque aunque el kirchnerismo crea que lo dejará totalmente condicionado con este espaldarazo y la presencia de Zannini, la realidad luego se impone. Basta recordar cuando a Néstor Kirchner le decían que iba a ser el chirolita de Eduardo Duhalde y no habían pasado dos años de mandato presidencial K, que el que no se había cambiado de bando se había tenido que alejar del poder. Porque los procesos políticos son más dinámicos de lo que uno puede suponer y el poder lo termina ejerciendo quién lo detenta.
La ventaja que Scioli le lleva a Macri o a cualquier candidato que se le oponga es su predicamento en la provincia de Buenos Aires, un distrito que concentra casi la mitad del padrón del país y donde el resto de la dirigencia hace agua. Esto le genera una enorme fortaleza política. Es algo contradictorio, porque su gestión ha sido una de las más criticadas por los conflictos docentes, con los judiciales y especialmente por la inseguridad. Sin embargo, en la intención de voto que obtiene en territorio bonaerense, ese descontento general no queda evidenciado. Tal vez porque el propio bonaerense sabe mejor que nadie lo difícil que puede resultar gobernar esta provincia y entiende que Scioli, aunque con falencias, ha demostrado estar a la altura, cosa que de los otros candidatos no se puede evaluar porque no están en cargos ejecutivos en estos momentos. Entonces, ante la duda
Despejada la cuestión nacional del Frente para la Victoria, a estas horas habrá de resolverse la Paso en la provincia de Buenos Aires, donde probablemente también quede una sola lista, de acuerdo con los movimientos que se notan en las alturas del poder. Aníbal Fernández es quien tiene más chances de quedar afuera, en tanto Julián Domínguez queda pendiente de la resolución de Randazzo que, por el momento, es no candidatearse en territorio bonaerense, donde tiene amplias posibilidades de triunfo. Por eso, a última hora, puede suceder cualquier cosa.















