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Las motos, una solución que es un problema

14 de noviembre de 2018 a las 12:00 a. m.

Las complicaciones de las ciudades pueden ser tan grandes como ellas mismas. Sus habitantes conviven a diario con problemáticas como la inseguridad, las afectaciones al medio ambiente, los errores de infraestructura y claro, el tráfico.

Pergamino ha crecido en su densidad de población y más todavía ha crecido en proporción, su parque automotor. Por lo primero y por lo segundo, el espacio que sus habitantes podemos ocupar se va reduciendo. En este contexto, las motos pueden representar una gran ventaja pues al ser vehículos que solo necesitan dos ruedas montadas sobre una estructura, el espacio que ocupan es considerablemente menor al de un automóvil regular.

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Esta ventaja puede hacer la diferencia en la rutina diaria, ya que la limitación física de las ciudades hace que estacionarse sea muy complicado para los automóviles, en cambio para las motos es una tarea más sencilla.

Hasta aquí son todas “flores” para el ciclomotor, que se ha convertido en un actor preponderante en nuestro tráfico urbano.

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Lo lamentable es la altísima siniestralidad de los motociclistas. A simple vista podría asociarse con una mayor indefensión del conductor de motos frente a coches, colectivos y camiones, pero esta situación no es excluyente. Lo que más incide en los índices, en realidad, es la imprudencia del motociclista y su nulo apego a las normas de tránsito que, así como les caben a las cuatro ruedas, aplican para los vehículos de dos.

La decisión de ir en moto, ¿cambia la forma de circular respecto de cuando se va en coche? Para mucha gente sí, parece que para los motoclistas existiera un código vial diferente. Por ejemplo, en los semáforos, donde no ocupan su lugar de espera sino que se adelantan y ubican incluso sobre la senda peatonal, cuando no directamente pasan en rojo. Una parada previa en la “cebra” para evaluar si se puede, y ya, pasan sin más, con total impunidad. Como que para ellos no es la luz roja. ¿Qué pasaría si todos los actores del tránsito (autos, camiones, colectivos, bicicletas y peatones) hicieran los mismo? El caos. Claro, que si tal avanzada de la moto termina en choque, seguramente la culpabilidad se la llevará el vehículo de mayor porte.

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Así planteado el tema de las motos, vemos que son parte del problema y parte de la solución del tránsito.

El uso de la moto en términos de espacio, de gasto y de protección del medio ambiente es un modo de transporte más que interesante. Pero el mal uso que se hace del ciclomotor, la temeridad de algunos conductores la transforman en un problema.

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Hoy hablamos de la moto en su interrelación con el resto del tránsito, sus ventajas y complicaciones. Pero no podemos dejar de mencionar, una vez más, la irresponsabilidad y poco respeto a la vida que tienen muchos, la mayoría digamos, de sus usuarios. Familias enteras que se montan en una moto, con los chicos en medio de los padres. A la salida de las escuelas la postal es habitual, naturalizada ya por todos, a pesar del peligro de muerte latente se posa como un halo sobre esas criaturas para las cuales el Estado invierte en pasajes gratis de colectivo. Sin embargo, la comodidad de no caminar hasta una parada de micros, pesa más que el riesgo que corren.  Hemos visto hasta una mamá sentada atrás, dando el pecho al bebé, mientras el marido manejaba la moto. Y como denominador común, el no uso de casco.

Pero al fin, si cada uno de ellos no cuida su vida, poco podemos hacer los demás, el Estado incluido. Ahora, cuando se trata del espacio que compartimos todos, sí debemos todos exigir que las motos se comporten en las calles como lo que son: un vehículo más, que tiene que cumplir las normas elementales, como el respeto al semáforo, a las velocidades máximas, a la prioridad de paso y a los espacios asignados para el estacionamiento.

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A propósito de ello, es hora de que el Estado incluya a las motos en el estacionamiento medido. Se ha reasignado espacio de aparcamiento para ellas, pero ya es tiempo de que el Municipio cobre por su uso. Al fin, del mismo modo que sucede con los autos, conseguir un lugar para estacionar una moto en el Centro (en los lugares que corresponde) es prácticamente un privilegio, un bien escaso por el que hay que pagar.

De esto se trata el tránsito, de que cada actor haga lo que le corresponde, que respete y sea respetado. Por eso decimos que si los motociclistas aspiran a ser respetados por los conductores de autos, también ellos deben hacer lo propio y no “abusar” de la versatilidad de su vehículo. De igual forma, si los coches pagan por estacionar en la zona céntrica, las motos también debieran hacerlo. Y si no se quiere pagar, dejarla en una zona más alejada. Aquí nadie obliga a nada, pero que quien quiera privilegiar su comodidad pague por ello porque lugar para todos no hay. Claro que el motociclista tiene la opción de dejarla en la vereda, ¿no? ¿Y si un vecino quisiera estacionar en la vereda? Imagínese el lector, escándalo total.

Esto no es un prolegómeno contra las motos. Todo lo contrario. Ojalá en Pergamino hubiese más motocicletas y menos autos. El tránsito sería mucho más fluido y ecológico. Lo que planteamos es que los motociclistas transitan por las calles con un código vial paralelo, alternativo. Y eso es lo que no pueden ser.

¿Cómo cambiar este estado de cosas? Educación y control. Que lo mismo que se le exige al auto se le exija a la moto, comenzando por el examen de conducción para las dos ruedas, que suele venir “de regalo” con el carnet para conducir autos. Y que los controles no sean excluyentes para el casco y los papeles. Hay que sancionar a las pasadas en rojo y las invasiones de senda peatonal, y sobre todo al mal estacionamiento.

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Que el motociclista entienda que para ser respetado hay que respetar. La ley, ante todo.

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