La violencia, un mal de América Latina que cada país debe atender
La violencia preocupa a los argentinos por escaladas que son cada vez más tremendas. A los hechos de la vida cotidiana, que muestran la irascibilidad con la que se convive, se suma la que se ejerce desde el propio poder y la que encarnan grupos organizados y verdaderas asociaciones que delinquen y ponen en jaque a la sociedad. Ahora bien, el problema de la violencia no es privativo del país. A escala global el mundo observa la virulencia con la que puede expresarse la raza humana para dirimir sus conflictos, anulando la posibilidad de resolverlos a través de la paz. Crímenes y hechos violentos ocupan la crónica periodística nacional e internacional. Informes recientes de las Naciones Unidas revelan que América Latina se ha transformado en la región más violenta del mundo, con las mayores tasas de homicidio conocidas.
Según ese reporte, el continente americano reúne el 37 por ciento de los homicidios de todo el planeta. Sin embargo, en esta geografía se concentra apenas el 8 por ciento de la población mundial.
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El fenómeno de la violencia suele atribuirse a problemas económicos, pero las tasas de homicidio se han incrementado incluso en regiones que se han visto favorecidos por variables que hicieron crecer sus economías de modo significativo. También se piensa en la escasez de inversiones en materia de seguridad, pero quienes estudian este fenómeno aseveran que en los países de Latinoamérica el gasto público en este campo es casi el doble de la media del mundo desarrollado.
Al momento de analizar esta problemática en toda su dimensión, no hay uno solo sino varios factores que influyen en la ola de violencia que sufre la región. Uno de ellos es el crecimiento exponencial del crimen organizado. El narcotráfico y su penetración en América Latina expresa consecuencias temibles. Son varios los gobiernos latinoamericanos que han impulsado una verdadera guerra a las drogas con políticas represivas que incrementaron la violencia y la corrupción en las propias fuerzas de seguridad. Sin embargo, la sensación de impunidad que rodea a estas cuestiones no colabora con la resolución de la problemática.
Otro factor que influye en esta problemática es el que tiene que ver con la de-sigualdad. Los especialistas que estudian el fenómeno latinoamericano entienden que los países con mayor desigualdad tienen más probabilidades de tener mayores tasas de violencia que aquellos que viven en contextos de mayor equidad.
En este aspecto, el crecimiento desordenado de las ciudades, la falta de prestación de servicios básicos por parte del Estado en materia de educación y salud, generan marginalidad y esto contribuye a potenciar la problemática. La proliferación de villas y asentamientos es una realidad del país.
Hecho el diagnóstico, el imperativo que tienen los países de la patria grande es comenzar a revertir los indicadores que generan esta realidad que los afecta. Cada uno con la particularidad de su idiosincrasia, establecer un modelo que los conduzca a la convivencia regida por otras pautas.
Aunque pocas veces se reflexiona sobre esto, la violencia afecta las democracias, pone en jaque a la paz y aumenta el hastío de los ciudadanos con sus gobernantes.
Quienes entienden de estas cuestiones sostienen que parte del desafío pasa por establecer políticas adecuadas. La evolución que han conseguido los países que se han desarrollado tiene que ver con haber implementado y consensuado programas sostenidos en las instituciones. Fundar un verdadero Estado de Derecho en el que no reine la impunidad es el primer paso, no solo para que la crónica cotidiana deje de aportar las peores informaciones respecto de lo que parece un destino inevitable sino para abrir camino a la creación de sociedades que tomando los mejores ejemplos pueda invertir en educación, en justicia penal, en salud, en desarrollo para que la confianza de la gente se renueve y el lazo social que se rompe cada vez que irrumpe el crimen y la violencia se repare. Aprender de lo que funciona puede ser un camino. Solo hay que tomarlo.













