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La violencia de género y el femicidio no ceden

26 de noviembre de 2015 a las 12:00 a. m.

Ayer se conmemoró el Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, en recuerdo a la lucha de las hermanas Mirabal en República Dominicana contra la dictadura de Trujillo.

Pero esta fecha cobró hace ya unos años un significado distinto, en todo el mundo, no tan relacionado con lo político sino con la integridad.

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Más conciencia, más espacios de denuncia y contención, más difusión de campañas pero también cada vez más femicidios en Argentina. Una triste paradoja.

En los primeros 10 meses del año, 233 mujeres fueron asesinadas en todo el país. Esto es, en promedio, una víctima cada 30 horas. Y se estima que para cuando finalice 2015 la cifra podría alcanzar, o incluso superar, la registrada en 2014, cuando los homicidios ascendieron a 277.

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En el 76 por ciento de los casos (177 homicidios) el victimario tenía algún vínculo con la víctima: el 39 por ciento eran parejas actuales de las mujeres; el 22, exnovios o esposos, y el resto de los asesinos conocidos fueron padres, hijos y otros allegados. Por estos trágicos episodios hay 167 chicos menores de edad que se quedaron sin sus madres y generalmente también sin su padre, que en el mejor de los casos es detenido pero también sucede que algunos se suicidan en medio del mismo drama o huyen a la clandestinidad. Esto estaba sucediendo precisamente al cierre de esta edición: Estela Martínez fue hallada sin vida por sus hijos en su vivienda de la Villa 31 de Retiro y su pareja, Domingo Evaristo Montiel Arias, sindicado como el autor, permanecía prófugo, presumiblemente con la hija de ambos, Mía, de cuatro meses, a la que se la buscaba deseperadamente. 

Fuera de esta espeluznante cifra de 233 muertes, quedan los feminicidios, palabra que no es un sinónimo de femicidio, sino que describe las muertes de mujeres en situaciones en las que su condición de género no fue determinante, como puede ser el caso de un asesinato en ocasión de robo.

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Y para aquellos que creen que la normativa resuelve los problemas, vale recordar que en una semana se cumple seis años de la sanción de la Ley Nº 26.485 para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, considerada ejemplar dentro de la legislación comparada. Pero la letra escrita no tiene resultados concretos, es la implementación la condición en la cual la ley vive o es letra muerta. 

La situación se complica porque la mayoría de estos homicidios se realizan dentro del ámbito familiar, en su casa o la casa que comparte con su pareja y sus hijos.

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La información sobre estos casos que se van conociendo por la tarea de asociaciones de tipo civil, tendrán ahora su correlato oficial ya que la Corte Suprema de Justicia de la Nación informó que presentará públicamente el Primer Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina. Allí se podrá comprobar cómo en las grandes provincias de nuestro país y en Pergamino mismo las estadísticas de violencia de género se han incrementado y es claro que éste es muchas veces un paso previo al asesinato de una mujer.

Para esta fecha recordatoria se realizaron actos en todo el país. En Pergamino hubo cuatro movilizaciones, organizadas por distintas entidades y oficinas del Estado, todas con el mismo fin y distintas propuestas, entre ellas un pedido que se declare la emergencia en materia de violencia de género. En Buenos Aires, la Asociación Civil “La Casa del Encuentro” volvió a marchar al Congreso  bajo la consigna “Ni una menos”, sin embargo equivocaron el lugar del reclamo, porque la ley está vigente, no hay que reclamar su sanción. Lo que no se ha logrado es una implementación de parte del Poder Ejecutivo y del Poder Judicial para que esa norma sea efectiva y se cumpla.

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Después de aquella masiva movilización, poco cambió. Ni en el Estado ni en la gente, a la vista está con el incremento de las cifras. Lo único concreto que saldrá como correlato del 3 de junio será el Primer Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina. Y lo más preocupante es que aún está pendiente  la reglamentación de la Ley Nº 26.485 de protección de las mujeres y la incorporación de esta temática en los niveles educativos.

Nuevamente nos encontramos ante una problemática social y multifactorial en sus causas pero con una que es decisiva: la educación. Antes del crimen hubo un hombre que no fue educado para tratar bien al prójimo vulnerable, que seguramente asistió a una relación parental en que el rigor y la subordinación eran el sustento. Y hubo una mujer que tampoco fue educada para hacer valer su dignidad, para distinguir lo que es el amor bueno, que no daña, no amenaza ni condiciona.  

Si se toma a la educación como principal origen del mal y se trabaja sobre ella para lograr la erradicación, el gran cambio se verá en una futura generación. Pero mientras tanto deben darse las herramientas y las garantías a quienes hoy están sometidas, para que salven su vida y preserven la salud mental de sus hijos. En este sentido, es dable reconocer la encomiable labor que se realiza en Pergamino, una ciudad que ha acatado cada una de las recomendaciones de la ley y cuenta con todos los espacios de contención, inclusive un refugio para mujeres, para que el no tener a dónde ir no sea un motivo para aguantar en el calvario.

Y en la otra punta del asunto, debe estar la sanción ejemplificadora. Pero antes de que se produzca el crimen, cuando la violencia en cualquiera de sus formas se hace presente y se denuncia, debe existir la posibilidad de recuperación de ese hombre, que tampoco recibió educación ni buenos ejemplos, que está enfermo. Porque de ello también depende que los hijos puedan reconstruir su familia. En este punto, hay asociaciones como “Nueva Vida” que hacen una loable labor, atendiendo las necesidades conjuntas y las del hombre de la pareja en particular, en pos de salvar a todo el grupo familiar, no sólo a la mujer, del flagelo. 

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Como sociedad, es importante observar las relaciones de nuestros adolescentes con sus parejas, para comprobar si están el control, los celos, la humillación, la indiferencia afectiva, el aislamiento, el acoso, la presión y amenaza, porque esto puede ser el comienzo de un camino al femicidio. La familia no debe estar ausente en estos casos, porque muchas veces las víctimas tratan de ocultar el maltrato hasta que ya es tarde. Por eso es importante el rol de la familia, los amigos y vecinos, alertando sobre situaciones que pueden derivar en un femicidio.

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