La verdadera lucha contra el narcotráfico
Lo hemos escrito en esta misma página: el haber capturado a los prófugos del triple crimen de General Rodríguez no implica éxito alguno en la lucha contra el narcotráfico. Por el contrario, abrió todas las puertas y ventanas para mostrarnos los serios problemas que tenemos con las fuerzas de seguridad nacionales y provinciales y el narcotráfico. Tampoco los dimes y diretes, reproches cruzados y acusaciones varias entre funcionarios llevarán a algún resultado positivo en esta batalla sin cuartel.
Es una problemática seria y muy difícil de resolver como para perder tiempo en nimiedades, vedetismos o en ventilar lo deficiente de nuestras fuerzas, justo para que los narcos que lo miran por TV se hagan una panzada.
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Deberá ponerse a trabajar el Gobierno con nuevas estrategias, con renovado equipamiento, con más recursos. Al parecer, la voluntad está, cosa que parece haber faltado en los últimos años. Las herramientas son las mismas que hace un mes, veremos si el cambio de conductores genera un resultado distinto.
Uno de los problemas que el nuevo Gobierno debe esquivar y no detenerse es la de los políticos, aún sus propios socios, que no parecen estar a la altura de las circunstancias. Un claro ejemplo son las acusaciones que hizo la diputada de la Coalición Cívica Elisa Carrió, al sindicar al gobierno y a la policía de Santa Fe de no entregar el sábado a la Justicia a Cristian Lanatta y Víctor Schillaci. Todo por una denuncia de un militante vía Whatsapp. Tuvo una fuerte respuesta del exgobernador de la provincia Antonio Bonfatti, quien calificó a la legisladora de desquiciada.
La legisladora aseguró que el Gobierno nacional no se equivocó el sábado cuando anunció de manera oficial que eran tres los prófugos detenidos en la localidad santafecina de Cayastá, que todo se hizo para perjudicar a Macri. Y no titubéo al incluir a Bonfatti como parte de la trama, de quien dijo que tiene relaciones con el rey de la efedrina, Mario Segovia. Incluso fue a más y sin citar fuentes que respalden sus dichos, aseguró que el mismo sábado de la recaptura de Lanatta, Segovia gestionó ante el exgobernador su traslado a una cárcel de Rosario.
Todo esto dijo Carrió en pocos minutos, pero ya van días de aclaraciones y desmentidas de los involucrados. Ese tiempo debiera ser utilizado en poner barbas en remojo, en buscar la manera de mejorar las fuerzas de seguridad, el control de las fronteras, en hacer nuevas leyes marco para que la lucha sea más efectiva y los narcos no puedan eludir la cárcel, en firmar acuerdos de cooperación de otros países, con la DEA. En fin, todo está por hacerse en este tema. Por eso da pena ver a nuestros políticos preocupados en cuidar su imagen o en ensuciar la del otro, en un ida y vuelta que los medios recogen todos los días.
Por otra parte, sería interesante que Carrió dejara de ayudar a Macri porque sólo aporta discordias y la tarea que le espera al Gobierno es muy dura y necesitará de toda la ayuda necesaria.
La verdad es que a veces la política no reacciona frente a la tremenda situación en la que nos encontramos respecto del narcotráfico. En un país donde la corrupción estructural viene de años, que la droga perfore las instituciones es muy peligroso, lo decimos sin dramatizar. Pero la realidad está allí la queramos ver o no.
Se han dejado pasar todas las luces amarillas y se fue permeable a todos los intentos del narcotráfico por copar esta plaza para convertirla en el nuevo México. La gendarmería fuera de las fronteras, la desradarización, la vista gorda de los organismos de control frente al ingreso de la efedrina. Estos son hechos incuestionables, a los que habrá que sumar, si la Justicia algún día lo demuestra, la compra de voluntades políticas y judiciales. Y después de todo esto, la negación del problema, que automáticamente desarticuló cualquier lucha por erradicar la droga.
El gobierno anterior delegó completamente la seguridad a cada provincia y sólo se quedó con la Policía Federal que se ocupaba de la Ciudad. Cuando se trata de un operativo por drogas al menudeo, pequeñas cantidades equiparables al consumo personal, interviene la fuerza de cada provincia; mientras que si se trata de dealers, corresponde a la Federal. Además, la droga circula y un dealer lleva de una provincia a otra. Sucede aquí mismo, con la droga que llega desde Rosario. Por lo tanto, no es lógico que las fuerzas de seguridad hayan estado tan divorciadas en su accionar. Todas estas fallas, la falta de coordinación, de comunicación, son el gran apoyo tácito que tiene el narcotraficante en Argentina.
Por el empecinamiento en negar la instalación de droga en nuestro país, el anterior Gobierno no se ocupó en lo absoluto por la inseguridad ni el narcotráfico. Es así como cada fuerza hizo lo que quiso, lo que pudo o lo que supo, con el delito, el narcotráfico, la mafia y los crímenes. Nunca hubo coordinación entre fuerzas ni una lucha nacional contra la problemática. Esto permitió que el narcotráfico fuera perforando por provincia haciéndoles el trabajo más sencillo.
Hay que lograr una cooperación entre todas las policías, con la Gendarmería, con los servicios de Inteligencia, para encarar el problema. La creación de una agencia nacional que se dedique exclusivamente al tema y coordine la labor en todo el territorio con las diferentes fuerzas de seguridad es una necesidad urgente. No sirven los esfuerzos dispersos para un problema que es nacional y que requiere una capacitación específica. La estrategia para capturar a un narco no es la misma que la que se utiliza para atrapar a una banda de ladrones o un asesino. Por eso toda instrucción que se pueda adquirir de casos exitosos es importante, como la DEA o como el de Colombia, que dejó de ser a los ojos del mundo el país de la cocaína y Pablo Escobar para convertirse en el país del café.
Es tan iluso el trabajo de nuestras fuerzas de seguridad, que hacen lo que puede, que difunden como grandes logros la captura de pequeños dealers, a través de megaoperativos. Un titular en La Nación de ayer aparenta ser una gran noticia, pero si lo analizamos caeremos en la cuenta de lo lejos que estamos de dar un serio combate a la droga. Dice: Cayó una mujer que lideraba un grupo narco que tenía nueve puestos de venta de droga. La imagen que completa la noticia muestra a una señora de mediana edad y aspecto humilde. Ahora, ¿se puede llamar grupo narco a nueves bocas de expendio en la Villa Zavaleta de Buenos Aires? ¿Es un golpe al narcotráfico? Claro que no. La clave está en saber quién la provee y así sucesivamente hacia arriba en la red. Y para ello, esa mujer es más útil afuera que adentro. Esa mujer tiene necesidades que ayuda a paliar con la venta de droga y que, estratégicamente, debieran ser cubiertas por las autoridades para reclutarla del lado de los buenos. Dicho de otro modo, pagarle para que no necesite vender y pase a trabajar de informante para llegar al pez gordo. Este tipo de casos son el medio para llegar al fin. Sin embargo, acá sólo se llega a este punto de la red narco, este es el tope de las posibilidades de nuestras fuerzas: una dealer con nueve vendedores en la Villa Zavaleta.
No estamos inventando nada, es lo que se hace en todas partes del mundo, ir de lo menor a lo mayor porque es claro que cuando más se escala en el narcotráfico, los personajes comienzan a ser más importantes, a tener más protectores a vivir en barrios de lujo, a tener todo tipo de relaciones. Y llegar allí no es sencillo, hay que tirar del hilo de los pequeños vendedores para, de a poco, ir llegando a sus jefes y a los jefes de sus jefes.
Es la forma de evitar que terminemos inundados por cárteles poderosos que luego desafían directamente al Estado, lo ponen en jaque y como dijimos alguna vez, cuando se plantea el Narco Estado, la democracia que conocemos desaparece.














