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La transformación del campo en diez años: menos soja y mucha diversificación

La producción de los seis principales cultivos argentinos creció 14% en una década, pero detrás del volumen aparece una transformación mucho más profunda.

03 de septiembre de 2026 a las 04:05 p. m.
La transformación del campo en diez años: menos soja  y mucha diversificación
En una década perdió protagonismo la soja de primera, creció con fuerza el maíz y aumentó la presencia del trigo.

La agricultura argentina de hoy se parece cada vez menos a la de una década atrás. No solamente porque produce más, sino fundamentalmente porque cambió la manera de distribuir los cultivos sobre el territorio.

La comparación entre las campañas 2014/15 y 2024/25 permite observar una transformación que fue avanzando silenciosamente sobre millones de hectáreas: perdió protagonismo la soja de primera, creció con fuerza el maíz, aumentó la presencia del trigo y se consolidaron los esquemas de doble cultivo con soja de segunda.

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Un informe elaborado por especialistas de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), sobre estadísticas oficiales de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, puso números a ese proceso.

La producción conjunta de soja, maíz, trigo, girasol, sorgo y cebada pasó de aproximadamente 118 millones de toneladas hace diez años a unas 135 millones en la campaña 2024/25.

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El crecimiento fue del 14%.

Pero la verdadera noticia está detrás de ese porcentaje.

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Mientras la soja de primera cayó 27%, pasando de 51 a 37 millones de toneladas, el maíz saltó de 34 a 52 millones, con un crecimiento del 53%. El trigo avanzó 33%, desde 14 hasta 18,5 millones de toneladas, y la soja de segunda aumentó 35%, de 10 a 14 millones.

También crecieron con fuerza el girasol y la cebada, mientras que el sorgo fue el único de los seis grandes cultivos que terminó la década con una producción inferior.

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El resultado es una matriz agrícola más diversificada y con mayor participación de los cereales.

 Pergamino, una radiografía del cambio

Si existe una región donde esa transformación puede observarse claramente es la zona núcleo.

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Y dentro de ella, Pergamino aparece entre los ejemplos más representativos.

Hace una década, la soja de primera dominaba buena parte de los planteos productivos del norte bonaerense. Desde entonces comenzó a ceder superficie frente al maíz y, fundamentalmente, frente al esquema trigo-soja de segunda.

Según el relevamiento, entre las campañas comparadas la producción de soja de primera en el partido de Pergamino disminuyó nada menos que 426.000 toneladas.

Fue uno de los retrocesos más importantes registrados en el país.

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La tendencia se repitió en otros territorios productivos de la región núcleo: Unión, Marcos Juárez, Río Cuarto y Roque Sáenz Peña, en Córdoba; General López, en Santa Fe; y otros partidos del norte bonaerense.

No significa necesariamente que la soja haya desaparecido de esos campos.

Una parte importante simplemente cambió de lugar dentro de la rotación.

En vez de ocupar el lote durante prácticamente todo el ciclo agrícola como soja de primera, comenzó a ingresar detrás de un cultivo invernal.

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Y allí aparece el segundo dato relevante para Pergamino.

 Más trigo y soja de segunda

Durante la década analizada, la producción de trigo del partido aumentó en aproximadamente 213.000 toneladas.

Paralelamente, la soja de segunda sumó otras 141.000 toneladas.

La combinación muestra claramente la transformación.

Donde antes podía existir un solo cultivo anual, comenzó a ganar terreno una secuencia trigo-soja capaz de generar dos cosechas sobre la misma superficie.

La expansión del trigo no fue exclusiva de Pergamino. También se observaron importantes incrementos en 9 de Julio y Bragado, dentro de Buenos Aires; en diferentes departamentos entrerrianos y en sectores del centro santafesino.

Algo similar ocurrió con la soja de segunda, que creció en amplias zonas de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y Santiago del Estero.

Desde el punto de vista agronómico, el cambio también tiene implicancias que van mucho más allá de las toneladas.

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La incorporación de gramíneas y cultivos invernales permite aumentar la presencia de raíces vivas, generar mayor cantidad de rastrojo y diversificar las rotaciones, aspectos que adquirieron creciente importancia dentro de las estrategias destinadas a conservar la estructura y fertilidad de los suelos.

 El maíz, gran ganador

Si hubiera que elegir al cultivo que protagonizó la transformación agrícola de la década, sería el maíz.

La producción nacional aumentó casi 18 millones de toneladas entre los dos ciclos comparados, más que cualquier otro cultivo.

Pasó de unas 34 millones a aproximadamente 52 millones de toneladas.

El crecimiento estuvo encabezado por Córdoba. Marcos Juárez agregó alrededor de 1,3 millones de toneladas; General Roca, 1,2 millones; Río Cuarto, 1,1 millones; y Unión, otras 930.000 toneladas.

También hubo una expansión importante en el oeste bonaerense.

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En numerosos departamentos, el cereal fue ocupando justamente parte del espacio que dejó la soja de primera.

Detrás de esa expansión hubo cambios económicos, tecnológicos y agronómicos.

Entre ellos aparece la eliminación de restricciones a la comercialización y exportación que habían condicionado particularmente al trigo y al maíz, pero también la consolidación del maíz tardío como una herramienta que permitió extender la frontera productiva y manejar de otra manera el riesgo climático.

El cereal dejó así de depender exclusivamente de las tradicionales fechas tempranas y logró ingresar en ambientes donde anteriormente encontraba mayores dificultades.

 El girasol dio el mayor salto porcentual

Aunque desde volúmenes inferiores, el girasol protagonizó el crecimiento relativo más importante.

Su producción aumentó 77% en la década, sumando aproximadamente 2,4 millones de toneladas.

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El sur bonaerense continúa siendo su principal territorio productivo, pero la expansión alcanzó también sectores de Córdoba y Santa Fe.

En Córdoba sobresalieron San Justo, Unión, Roque Sáenz Peña y General Roca, mientras que en Santa Fe hubo importantes incrementos en San Cristóbal, General Obligado, Las Colonias y Castellanos.

En Buenos Aires, Tres Arroyos, Necochea, Coronel Dorrego y San Cayetano mantuvieron el protagonismo del sur provincial.

La cebada, por su parte, aumentó alrededor del 66% y mostró una expansión mucho más concentrada geográficamente.

El crecimiento se produjo fundamentalmente en el sur bonaerense, con Coronel Suárez, Tres Arroyos y Lobería entre los partidos que mayores incrementos registraron.

 El sorgo, la excepción

Dentro de una década caracterizada por el aumento general de la producción, hubo una excepción.

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El sorgo retrocedió alrededor del 8%, al pasar de 3,1 a 2,9 millones de toneladas.

En buena medida perdió terreno frente al maíz, especialmente después de que desaparecieran algunas de las restricciones comerciales que habían perjudicado al cereal.

Su comportamiento, sin embargo, fue diferente según las regiones y hubo departamentos donde consiguió incrementar la producción.

 El sur ganó protagonismo

El trabajo de la Bolsa de Comercio de Rosario también permite observar cómo se modificó geográficamente la agricultura argentina.

La región Norte fue la única que terminó la comparación con una caída de la producción total, cercana al 3%.

La región Centro —que incluye Córdoba, Entre Ríos, San Luis, buena parte de Santa Fe y el norte bonaerense, incluida la zona de Pergamino— incrementó su producción aproximadamente 8%, equivalente a unos 7 millones de toneladas adicionales.

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Pero el mayor salto ocurrió en el Sur.

Allí la producción aumentó 41%, sumando cerca de 9,7 millones de toneladas.

El principal responsable fue nuevamente el maíz, cuya producción prácticamente se triplicó, con un aumento del 185%. También crecieron fuertemente la cebada y la soja de segunda.

El movimiento significa que la agricultura argentina no solamente diversificó los cultivos, sino también sus territorios productivos.

 De la “sojización” hacia otro modelo

La fotografía que deja la década permite advertir un cambio estructural.

Durante muchos años, una de las principales características de la agricultura argentina fue la enorme expansión de la soja. Rentabilidad, simplicidad productiva, tecnología y demanda internacional llevaron al cultivo a ocupar millones de hectáreas.

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Aquella agricultura fuertemente “sojizada” comenzó paulatinamente a modificarse.

No desapareció la oleaginosa —Argentina continúa teniendo en ella uno de los pilares de su complejo agroexportador—, pero perdió participación como cultivo de primera y comenzó a integrarse con mayor frecuencia dentro de secuencias productivas más diversas.

Parte de esa soja reapareció como cultivo de segunda detrás del trigo o la cebada.

Al mismo tiempo, el maíz recuperó protagonismo.

Detrás del proceso aparecen decisiones empresariales y agronómicas, incorporación tecnológica y también modificaciones en las reglas de juego.

La BCR señala entre los factores relevantes la eliminación de los denominados ROE Verde desde diciembre de 2015 y, posteriormente, la desaparición en 2024 de los volúmenes de equilibrio que afectaban fundamentalmente al trigo y al maíz.

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La mayor libertad comercial generó mejores incentivos para producir cereales y contribuyó a modificar las decisiones de siembra.

Pero atribuir todo el proceso únicamente a la política comercial sería simplificarlo.

También hubo cambios tecnológicos, mejoras genéticas, nuevas estrategias de manejo, expansión del maíz tardío y una creciente preocupación por la sustentabilidad de las rotaciones.

 Una transformación que se ve desde Pergamino

Los números nacionales adquieren otra dimensión cuando se los observa desde el corazón agrícola del norte bonaerense.

En Pergamino, la caída de 426.000 toneladas de soja de primera convivió durante la década con un incremento de 213.000 toneladas de trigo y otras 141.000 de soja de segunda.

Más que tres cifras independientes, representan una misma transformación.

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El campo no dejó de producir soja.

Cambió la manera de producir.

Incorporó más cereales, amplió las rotaciones, aprovechó el invierno y avanzó hacia esquemas donde un mismo lote puede entregar dos cosechas dentro de una campaña.

Después de una década, la agricultura argentina produce 17 millones de toneladas más entre sus seis principales cultivos.

Pero probablemente el cambio más importante no esté en ese volumen adicional.

Está en cómo se produce.

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La fotografía de 2024/25 muestra un campo con menor dependencia de la soja de primera, mayor participación del maíz y los cereales y una creciente presencia de los dobles cultivos.

Y en esa transformación, Pergamino y la región núcleo no aparecen como simples espectadores.

Están en el centro mismo del cambio.

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