La tormenta perfecta
Es común escuchar hablar de tormenta perfecta, entiendo a la misma como una serie de factores, que si se dan todos juntos desatan una situación caótica, de pasar un mal momento sin conocerse el alcance de las consecuencias.
Este término también puede aplicarse a la economía y en particular a la Argentina que ya tuvo a lo largo de la historia muchas tormentas perfectas.
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Si nos centramos por un momento en el segmento más grande de la economía, las pequeñas y medianas empresas (Pymes), veremos que están pasando por una profunda crisis, y lo que es peor, con muy malas perspectivas de cara al corto plazo.
¿Qué es lo que define la tormenta perfecta para las Pymes? Como siempre, no es solo un factor, son varios y dependen del rubro. Pero en general podríamos encontrar una serie de cuestiones comunes, que pasaremos a describir a continuación.
Baja en el consumo interno: debido a una pérdida del poder adquisitivo, más una volatilidad generalizada en las variables económicas como tipo de cambio, inflación, tasas de interés, etcétera, hacen que el consumo esté en niveles tan bajos como los peores momentos de la historia reciente de nuestro país. Es importante entender que para la mayoría de las Pymes es clave la caja diaria, no tienen grandes reservas de dinero para aguantar una baja prolongada en el consumo.
Inflación: la raíz de todos los males de la economía es sin dudas uno de los peores enemigos de las Pymes ¿por qué? Porque la pyme, en la mayoría de los casos, no puede trasladar a la misma velocidad el aumento de costos a sus precios. Por otro lado, trabajar con inflación tiene muchos efectos distorsivos que hacen que el empresario nunca tenga claro si está o no ganando dinero con su emprendimiento y dificulta la toma de decisiones.
Cadena de pagos: aquí tenemos dos factores críticos y dolorosos para los pequeños y medianos empresarios. Por un lado, en muchos casos vemos que la cadena se rompe, básicamente muchos dejan de poder pagar y es necesario renegociar deudas, lo que en un contexto inflacionario es criminal. Por otro, tenemos el alargue de la cadena, en la que los que antes pagaban a 30 y 60 días, ahora lo hacen a 90, 120 y más. El empresario Pyme, al no tener reservas, debe salir a negociar esos valores (cheques) a las tasas más altas del mundo.
Incertidumbre cambiaria: no es tanto problema la devaluación en sí sino el no poder saber qué va a pasar con el dólar. Muchas Pymes no están pensando en el dólar como una reserva de valor, sino como una dificultad para fijar precios, importar materias primas, etcétera.
Tasa de interés: el factor más crítico para el día a día de la Pyme y que, a la vez, frena de manera más determinante la economía de un país. Con tasas de interés de hasta 70 por ciento anual para descontar un cheque y mayores para descubiertos, le dieron el tiro de gracia a los empresarios que se ven ahogados en su día a día y pierden la poca rentabilidad al estar sometidos a un infierno de tasas de interés. Ni que hablar de inversiones, algo que es virtualmente imposible e inviable.
Alta carga tributaria: en la tormenta perfecta de Argentina, este es el nubarrón que acompaña toda la geografía de manera permanente, como una sombra. Nuestro país está en el top five de los de mayor carga y presión tributaria de América, con instrumentos muy creativos, pero perversos, creados por los estados provinciales y municipales para lograr recaudar más: retenciones, ingresos brutos, impuestos a las transacciones electrónicas o con tarjetas de crédito, etcétera. Así, si sumamos los tres niveles de gobierno existentes en la Argentina -nacional, provincial y municipal- rigen al menos 163 impuestos y regímenes de seguridad social. Vamos a focalizarnos en el aspecto que nos ocupa y veremos puntualmente cuántos de estos -que no son pocos- recaen sobre una Pyme.
Una empresa mediana, con personal en relación de dependencia se ve alcanzada directa o indirectamente por 47 impuestos, regímenes o normas procedimentales.
De ese total de 47 tributos, en 30 se ve afectada en forma directa o activa en su carácter de contribuyente o agente de recaudación anticipada, con la consiguiente carga en materia de exteriorización y pago de la obligación. En los 17 restantes está afectada de manera indirecta como sujeto pasivo de las retenciones, recaudaciones o pagos a cuenta.
A toda esta caterva de obligaciones tributarias, de las cuales no todas van atadas a la productividad de la empresa sino que algunas son cargos fijos a cumplir más allá de las circunstancias, hay que sumar los costos asociados a la complejidad del sistema: los servicios profesionales que hay que contratar dado el cúmulo de legislación y su permanente actualización, más la cantidad de declaraciones juradas que hay que presentar periódicamente y el número de liquidaciones de pago mensuales o anuales que deben realizar. A su vez, a este costo directo hay que agregar otro indirecto, derivado de las posibles consecuencias pecuniarias de los errores involuntarios cometidos. Es decir que al costo de pagar impuestos se suma el costo de cumplir.













