La sociedad cambia y todos debemos redefinir roles
Es inevitable, lógico y esperable que las sociedades cambien, lo que implica que en cada etapa van adquiriendo necesidades nuevas al tiempo que las anteriores aparecen como resueltas, surgen otro tipo de problemas diversos y beneficios a la par.
Como contrapartida a este movimiento que nunca se detiene, las instituciones y los dirigentes de todo ámbito deben acompañar esos cambios comprendiendo los roles que les caben en cada momento.
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En la actualidad, hay entidades que pueden considerarse emergentes y otras que, por el contrario, deben revisar su rol para reconvertirse en vistas a las nuevas demandas sociales.
Dentro de las emergentes, aparecen las ONG como ámbito de gestión por intereses comunes. Y en todo el entramado social, las comunicaciones múltiples y directas que permiten las nuevas tecnologías. En consecuencia, otras instituciones arraigadas debieron redefinirse. Por ejemplo, son sociedades de fomento. Si hacemos un breve recorrido por nuestra ciudad, veremos que algunas directamente han desaparecido mientras que otras han quedado reducidas a clubes deportivos o espacios sociales. Satisfechas las demandas por las que nacieron en el seno de los barrios, y habiéndose achicado las distancias comunicacionales con las autoridades, ya no tienen el peso político y de gestión que supieron ostentar.
Así crecieron en Pergamino muchos barrios, con el reclamo constante de estas comisiones elegidas por los propios vecinos, batalladoras por naturaleza y trabajando ad honorem, porque era claramente un honor ser elegido como fomentista por los pares.
Hoy la realidad es que la mayoría de los barrios han ido solucionando sus problemáticas más elementales y cuando tienen problemas van y golpean directamente la puerta de las autoridades, sin más intermediación que la queja que un grupo de vecinos se decide a realizar.
De este modo las sociedades de fomento se han ido pareciendo más a los clubes sociales del sector, donde muchos se reúnen para dar rienda suelta al espíritu gregario que todos los humanos tenemos dentro.
Así es como hoy brindan otros servicios, tienen bares, salones de fiestas, canchas deportivas. Y ese es el nuevo rol que han adquirido frente a las nuevas formas de relacionarse los vecinos con el poder comunal.
Del mismo modo, los concejales deben reconfigurarse a los modos del Siglo XXI, abocándose a aquellas gestiones que al menos hasta el día de hoy le son exclusivas, como el control sobre el Ejecutivo y la sanción de ordenanzas. En todos los demás aspectos, se han convertido en un intermediario o vocero más, entre muchos otros que la gente valida, como aplicaciones de celulares, redes sociales, hasta correos electrónicos directos al intendente.
Su función elemental es la elaboración de las ordenanzas que rigen las actividades que se realizan en un municipio y que no son alcanzadas por la legislación provincial o nacional. Pero la otra no menos importante es la de ser contrapeso del Ejecutivo. Según la Carta Orgánica, la Municipalidad está compuesta de un Departamento Ejecutivo unipersonal y un Departamento Deliberativo.
Este difícil equilibrio de poderes en las comunas ha tenido también que redefinir roles, porque los concejales ya no pueden ser simplemente quienes presentan ordenanzas para que las cumpla el Ejecutivo. Hoy la sociedad les reclama que sean gestores ante las problemáticas, que apoyen aquellas acciones del Municipio que los benefician y se opongan a lo que eventualmente pueda perjudicarlos. Y por sobre todo, que cuando legislen tengan presente que deben tener una lógica sintonía con el intendente, que es el responsable de llevar adelante esa normativa, administrando un presupuesto que tiene un límite que, por otra parte, los propios concejales votan anualmente.
Y en esta redefinición de roles, encontramos que en este Siglo XXI el intendente ha asumido, por demanda de los vecinos, nuevas funciones. Mejor dicho, le han trasladado funciones. Ya no es solo el que decía Sarmiento, encargado de la limpieza de las calles. Hoy recibe reclamos de seguridad, aunque la Policía siga siendo provincial, de educación aunque no tenga escuelas a cargo. También los vecinos se acercan a protestar si reciben una boleta cara de luz, aun cuando es la Cooperativa Eléctrica y otros organismos provinciales los que fijan la tarifa. Es decir que el vecino relaciona la Municipalidad con la primera puerta a la que debe tocar ante cualquier problemática. En esta identificación que hace el pueblo, el que siempre se la lleva de arriba es el gobernador. Pensemos por un momento: ¿de qué nos quejamos mayormente hoy los pergaminenses y a quién señalamos por ello? De la inflación, y gritamos contra Macri (o Cristina, según el caso). Y de la inseguridad, y trinamos contra Martínez ante cada caso, reclamando mayor gestión al respecto.
Nunca, frente a ninguna cuestión problemática, sale de nuestra boca un improperio para el gobernador de turno.
Ha de ser por ello que, a pesar de la nefasta gestión de Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires, dejó su cargo con una altísima imagen positiva y estuvo a un tris de ser presidente.
Esto de asumir o redefinir roles también nos compete a los ciudadanos, desde ya que a través del voto como ejercicio elemental, pero también ocupando los espacios que se nos abren y herramientas que se nos brindan, que tienen un costo a nuestro bolsillo y se ha invertido en ellas para que las utilicemos.
La democracia trata de que el pueblo participe de la conformación de su destino y gracias a la evolución que han tenido las sociedades, esta participación ya no se efectiviza cada dos o cuatro años en las urnas sino que es posible todos los días, participando en el Concejo, activando los mecanismos municipales para la solución de los problemas, denunciando al vecino que obra mal para que la ley haga lo suyo. Nosotros también tenemos un rol, y por acción u omisión podemos ser partes del problema o parte de la solución.













