La presidenta sigue apuntando hacia afuera, sin atender los propios errores
Con una apariencia más plácida que en otros discursos, la presidenta, que ha vuelto al uso de la cadena nacional como en sus mejores tiempos, tuvo duros términos para con el comportamiento de los mercados, los bancos y algunos medios de comunicación a quienes acusó de querer “hacer volar el Gobierno por los aires” en un intento de supuesta desestabilización. Tal planteo deja al descubierto una no admitida fragilidad ya que un Gobierno fuerte y con masivo apoyo no es desbancado por un sector con la facilidad que la presidenta sugiere que lo harían.
Además, volvió a atacar a algunas cadenas de supermercados por especular con los precios y el desabastecimiento de productos y le reclamó al Poder Judicial que convalide las multas que les impondrá el Gobierno a esas empresas. También hizo veladas críticas a la Corte Suprema por su fallo en el que exhortó al Gobierno a pautar avisos oficiales en El Trece, del Grupo Clarín, tema el de la publicidad que merecía un artículo editorial aparte.
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Como síntesis de esta nueva alocución queda claro que Cristina Kirchner no piensa rever su política económica, en momentos en que los resultados del modelo que lleva adelante demuestran que hay que modificar algunos caminos. Las actitudes especulativas en un contexto inflacionario eran de esperar, son comunes a cualquier mercado y no revisten el carácter de ofensa al Gobierno en particular, como lo quiere hacer ver la presidenta. Tienen que ver simplemente con el descontrol y la incertidumbre que hacen que, basados en experiencias similares previas, los diferentes componentes de la cadena comercial incrementen los valores de los productos pensando en el momento en que tengan que reponer, algunos con la certeza de un inminente aumento y otros “por las dudas”. La verdad es que los comerciantes no saben a ciencia cierta a qué precio deberán reponer lo que venda. Este fenómeno los argentinos lo conocemos bien, pero sabemos que cuando se llega a este punto, la política económica debe cambiar.
No obstante, desde el Ejecutivo se sigue en la negativa de la realidad y expiando a través de otros las culpas.
El acto que sirvió de base a la diatriba presidencial fue convocado para anunciar obras públicas e inversiones, en el Salón de Mujeres de la Casa Rosada. Allí, por primera vez desde la reciente devaluación, denunció con todas las letras una conspiración para derrocar a su gobierno, una acusación que hasta ahora sólo habían hecho sus ministros. Insistimos: alta debe ser la fragilidad de un Gobierno para que tema por el discurso de otros.
La verdad es que hay un contraste entre los anuncios (siempre acompañados de estruendosas cifras) de los logros del Gobierno por parte de la presidenta o a través de Capitanich cada mañana y lo que muestran los medios o dicen los economistas. Pareciera que se habla de dos países distintos y tal oposición discursiva saca de quicio a la presidenta que ve intencionalidad en cada dicho. Pero no es así y los ciudadanos lo sabemos. Como tituló ayer Luis Majul una nota, “ni Disneylandia y ni el quinto infierno”. Es decir, no todo está tan bien como pretende convencernos el Gobierno ni todo lo que se ha hecho y se hace está mal, como plantean algunos medios.
“Tienen que entender que hacer volar al Gobierno es hacer volar a la Argentina; pero no pudieron, el dólar está bajando y están entrando divisas”, aseguró la presidenta. Criticó al exministro de Economía Domingo Cavallo, que pronosticó “un dólar a 40 pesos” para 2015.
Cristina Kirchner se sentía esa tarde como habiendo ganado una gran batalla contra los poderes especulativos y de algún modo se logró estabilizar la situación, pero si insiste con sus medidas heterodoxas en un momento tan complicado de la economía, los mercados seguirán generando zozobras, porque es sabido que en la Argentina o en cualquier otro país del mundo, son los más sensibles a las medidas que se toman. Y si son equivocadas, las reacciones no se hacen esperar.
Del acto participaron, además de gobernadores, vicepresidente Amado Boudou, comprometido en la causa Ciccone, en un rincón y sin ser enfocado por las cámaras de televisión. Nadie en el Gobierno parece querer acordarse de que es el vicepresidente. ¿Cómo se posiciona la presidenta respecto de este caso que involucra a su más inmediato funcionario? Nadie lo sabe, y eso irrita, sobre todo cuando utiliza la cadena nacional para criticar con nombre y apellido el accionar de otros y “rogarle” a la Justicia que obre te tal o cual forma.
La presidenta fue muy directa a la hora de señalar especuladores y reveló que las cadenas Coto y Carrefour son los supermercados más denunciados por no cumplir con el programa de Precios Cuidados y precisó que “la yerba, el azúcar, aceite, galletitas y leche son los productos más denunciados con aumentos de precios.
En este contexto, la mandataria criticó al Poder Judicial que “muchas veces presenta un desvelo muy importante en defender los intereses empresarios”. Y reclamó que “se ocupe de los usuarios y consumidores” y convalide las multas del Gobierno. Lo dijo en una de sus tantas maneras de pretender avasallar a la Justicia, para que responda según su punto de vista. Lamentablemente para su gusto, la Corte Suprema ha demostrado ser claramente independiente.
Es duro para los argentinos digerir un discurso en el que sólo se escuchan críticas y no se reconocen los propios errores. Si se empezara por admitir que hay cosas que no están nada bien desde hace tiempo y se midieran con la misma vara las actitudes de dudosa legalidad de ciudadanos, empresarios y los propios funcionarios, estaríamos todos un paso adelante para salir de este escollo.












