La presencialidad educativa: entre los indicadores sanitarios y el debate político
La presencialidad educativa en tiempos de pandemia ha generado no pocas controversias y en Argentina ha motivado incluso la intervención de la Suprema Corte de Justicia y a pesar del fallo en plena evolución de la emergencia sanitaria, para nada está saldado el debate.
Si bien no hay estudios puntuales sobre esta situación en el país, hay evidencia internacional que mostraría que las escuelas en sí, con los cuidados necesarios, no serían focos importantes de infección. Sin embargo, el riesgo nunca es nulo y distintos estudios demuestran que la reapertura de las escuelas sin una sólida mitigación del virus corre el riesgo de acelerar la pandemia. A uno y otro lado de la grieta en la que parece haber caído el tema, un poco por cuestiones sanitarias; y en gran parte por razones políticas, resulta importante interrogarse sobre qué evidencias hay sobre el contagio en establecimientos educativos, cuánta movilidad generan las clases presenciales y que han hecho otros países en esta materia que resulta tan sensible no solo al presente sino al futuro.
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Para responder a estas preguntas, resulta esclarecedor el testimonio de Guadalupe Rojo, consultora en Políticas Públicas y docente de la Universidad Torcuato Di Tella que en un artículo difundido en el sitio Universidades Hoy explica que, según los datos disponibles a nivel internacional, las escuelas no parecen ser un especial foco de contagio del virus Sars- COV 2, causante de la Covid-19 y que la ocurrencia de casos en entornos escolares se vería afectada por los niveles de transmisión comunitaria más que por la actividad educativa propiamente dicha.
Tomando como parámetro estudios realizados en Alemania, Australia, Estados Unidos, Francia, Irlanda y Singapur, la investigadora refiere que hay poca evidencia del "ataque secundario", es decir, de la transmisión a la familia después de la detección del caso en la escuela y, por ende, se presume que la fuente del paciente inicial o el caso cero no es la institución escolar.
En la misma línea de este razonamiento, una nota del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) destaca que la evidencia internacional disponible muestra que "en las escuelas no se potencian los casos de Covid" y que "los riesgos no están en el interior de las escuelas, sino en los movimientos que se generar alrededor de ella, fundamentalmente los asociados al transporte y a las actividades sociales que suelen generarse como complemento de la presencialidad educativa.
En contraposición a este argumento, un estudio publicado recientemente en la revista científica The Lancet analiza la situación del Reino Unido y sostiene que "la reapertura de la escuela sin una sólida mitigación del Covid-19 corre el riesgo de acelerar la pandemia". El artículo destaca que si bien regresar a la escuela es un imperativo en términos de educación, desarrollo social y bienestar mental y físico, la actividad escolar no está exenta del riesgo; y alerta sobre lo poco que se ha hecho en materia de infraestructura para que las escuelas sean más seguras para los niños y jóvenes.
Este trabajo científico recalca que la reducción de la transmisión en la comunidad es esencial para permitir que las escuelas vuelvan a abrir de manera segura y permanezcan abiertas. Asimismo, sostiene que reabrir en un entorno de alta transmisión comunitaria sin los cuidados adecuados, supone el riesgo de privar a muchos niños de la educación y la interacción social nuevamente, agravando las desigualdades existentes.
Respecto de las consecuencias que podría tener en el largo plazo el cierre de las escuelas, los datos que aporta un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) es contundente: "Es muy posible que, dentro de unos años, la educación sea la cicatriz más profunda y duradera que nos haya dejado el virus".
En coincidencia con ello, un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) destaca que, si bien aún no se conocen las pérdidas de aprendizaje precisas, las investigaciones existentes sugieren que los estudiantes afectados por el cierre total de las escuelas al inicio de la pandemia podrían esperar ingresos un 3 por ciento más bajos durante toda su vida y que las pérdidas económicas se sentirán más profundamente en los estudiantes desfavorecidos cuyas familias son menos capaces de mantener los aprendizajes fuera de la escuela.
El estudio -que no analiza las enseñanzas en entorno virtual- remarca que el cierre total de las escuelas genera un menor crecimiento a largo plazo y realiza estimaciones que preocupan por su impacto.
En este escenario, cobra especial relevancia el diálogo y el estudio objetivo que puedan hacer de la dinámica de comportamiento de la pandemia en el ámbito escolar los decisores de política pública que deberían poder correr a un lado la bandera del posicionamiento político partidario para poner esta cuestión bajo el prisma de la racionalidad, ese que permite observar la situación atendiendo su costado sanitario, pero también contemplando otras implicancias de lo que la escuela representa para una sociedad que está llamada a morigerar las pérdidas de esta crisis de todos los modos en que privilegiando la salud, resulte posible.













