Publicidad
Pergamino
La Opinión Online
LO CampoLO Sports
BuscaLOLO365
Opinión

La narco política es parte de la Argentina

30 de noviembre de 2014 a las 12:00 a. m.

La cuestión de la droga en un país y la búsqueda de soluciones no pueden circunscribirse en mantener “a raya” a los pequeño “dealers” que hay en cada comunidad y mucho menos resumirse en apresar a quien tuvo la desgracia de caer en esta dependencia. Muchas veces se trata de la misma persona que vende minorista para tener dinero y consumir.

El problema a erradicar es el narcotráfico, una organización que en el mundo mueve -al igual que el tráfico de armas- un presupuesto mayor a la suma de los presupuestos de todos los países del mundo, de acuerdo a un estudio hecho, creemos recordar, en Naciones Unidas.

Publicidad

Esta enorme masa de dinero perfora paulatinamente los sistemas institucionales en los países y es así como compran políticos, jueces, policías, legisladores. Un ejemplo es Pablo Escobar Gaviría que saltó de la política, siendo un legislador muy prometedor, a zar de un cártel de drogas que se transformó en un imperio, ya caído pero que duró muchos años sostenido con compra de voluntades y de necesidades, porque allí donde no llegaba el Estado, aparecía Escobar con sus monumentales obras de vivienda, estadios, hospitales. Esa generosidad no es gratuita sino tiene como prestación un “dejar hacer” por parte de las autoridades y de la propia sociedad. Su cártel desapareció pero ahora hay otros que lo reemplazan, porque mientras haya sectores permeables en la política, habrá narcotráfico.

De manera que en este tema no hay nada nuevo, todo ya está inventado. Sólo cambian los protagonistas y las sedes. Ahora Argentina es el campo de operaciones de estos grupos. Hace años que dejamos de ser un país de tránsito de estupefacientes, para convertirnos en uno productor, donde el crimen organizado encontró las condiciones propicias para instalarse. Esto es plausible con situaciones que lamentablemente ya están naturalizadas: el Paco, que se vende únicamente en cercanías (de metros, no kilómetros) de donde se cocina la cocaína es la principal pauta que da cuenta de que de aquí parte droga hacia el mundo. Las incautaciones en aeropuertos locales (pocas, deberían ser más) de sustancias en escondites cada vez más irrisorios; crímenes sicarios que involucran a personas de otros países que no se sabe bien a qué se dedican en nuestro país o situaciones extrañas como la de la avioneta que fue bajada, luego completamente incendiada pero que antes había “salvado” el dineral que llevaba como cargamento: 200 kilos de cocaína. Y no son hechos aislados sino que a diario ocupan la crónica los casos que involucran narco aviones, sicarios, operativos, ajustes de cuenta. Esto sin mencionar los asuntos que tienen que ver directamente sin el consumo, como los robos y asesinatos a manos de chicos poseídos por la violencia y desesperación que les genera la abstinencia de Paco. Porque el que consume drogas caras como la cocaína, a lo sumo morirá por sus propios excesos pero no sale a matar, en cambio el humilde, el pobre, se abastece de los desechos que combina de mil formas para hacer durar más su efecto, y sus consecuencias son mortales para él y para los demás.

Publicidad

No obstante se conocen casos vinculados al narcotráfico todos los días, lo curioso es que casi ninguno llega a instancias judiciales. Cada tanto desbaratan una banda, como “Los Monos” en Rosario, pero no son más que “perejiles” de organizaciones incluso mayores. Esto nos habla de que el narcotráfico ha decididamente perforado las instituciones y la muestra más emblemática es el triple crimen de la llamada “Ruta de la Efedrina”, que rozó muy de cerca al actual gobierno, motivo suficiente para que nunca se llegue al fondo del asunto. 

Otra pauta de cuán dentro de las instituciones está metido el narcotráfico se da en Santa Fe; allí el jefe de la Policía provincial era una especie de “padrino” al que reportaban las bandas menores de ventas de estupefacientes.

Publicidad

En definitiva decimos que los argentinos ya no podemos hacernos los distraídos y más cuando se descubren cocinas de cocaína en el Conurbano, hay mansiones de narcos en Tigre y sicarios que cada tanto se llevan algún alma, en plena calle. Además, hay que tener en claro que por cada caso que se da a publicidad, hay al menos 10 que no toman estado público.

Alberto Föhrig distinguido académico argentino que estudia la relación entre política y crimen organizado, dice que no le “cierran” los números del proselitismo que ya se adelantó. “Contá cárteles, mirá cómo se mueven. Estaría bueno que los candidatos nos cuenten cómo se financian, porque realmente no queda nada claro”, lanzó. Y la memoria de los argentinos se remonta inmediatamente a Forza, Ferrón y Bina, los tres jóvenes que sin mayor historial empresario, realizaron ingentes aportes a la campaña de 2007 de Cristina Kirchner, a través de sus tan flamantes como opulentas firmas de la industria farmacéutica. Claro que esto se descubrió no por recurrir a un registro de aportantes (porque no existe tal cosa) sino tras una ardua investigación que le costó el puesto a más de un funcionario.

Publicidad

El mismo estudioso está convencido de que el dinero sucio, mayormente proveniente del narcotráfico, apoyará a intendentes, legisladores y, posiblemente, al próximo presidente de la Argentina. Asegura que habrá “mucho dinero del narcotráfico” en distintas campañas de 2015.

No habla porque le parece; Föhrig, de 45 años, es doctor en Ciencia Política y profesor en la Universidad de San Andrés; recorrió las universidades de Oxford, Harvard, Yale y Georgetown, y ahora enumera ejemplos sobre financiamiento electoral vinculado al narcotráfico, que van desde el Partido de San Martín en Buenos Aires hasta las zonas más calientes de México.

Publicidad

Y hace referencia a un caso muy sonado como fue, el de Candela Rodríguez. El lector recordará a la chiquita secuestrada y muerta que comenzó siendo un crimen de tipo sexual y terminó descubriéndose que era una venganza entre narcos de San Martín, a 10 minutos de Capital. Además, Föhrig dice que son bandas mixtas, con participación explícita de policías. “En un caso, por ejemplo, uno de los policías que integraban la banda no sólo no fue sancionado, sino que un tiempo después fue ascendido. Ahora mismo ejerce en esa zona. Los testigos dicen que hubo una orden de arriba. No conozco a mucha gente por encima del jefe de policía. Me cuesta entender por qué el gobernador de la provincia no intervino”, sentencia el investigador.

Y Föhrig apuntó contra otros actores que operan en blanco, pero que financian las campañas fuera de la ley y recuerda lo que todos sabemos: el financiamiento electoral ilegal también involucra a grandes empresas. Compañías que pagan encuestas en negro o mandan a sus empleados de cuarta línea a que presten el nombre para aparecer como donantes, en lugar de exponer a sus gerentes. Estas empresas, si hay dos candidatos ponen a los dos y si hay tres con posibilidades, a los tres. 

Hay una anécdota de Amalia Fortabat en una charla con Carlos Menem en la que, entre bromas, el presidente le reprochaba que al candidato radical le había puesto más dinero que a él en su primer lanzamiento porque le tenía más fe. Es que en esas cuestiones Menem era más descarado y esta historia salió en una de esas revistas de personajes, con los dos fotografiados. Todo parecía un chiste. No lo era. De todos modos, el hecho de apuntalar económicamente a un candidato porque se cree en él no es en sí mismo un delito; lo es cuando esta colaboración se sustancia desde la clandestinidad, “en negro”, lo que da lugar a que el dinero provenga de la misma criminalidad que se dice en la campaña que se va a combatir. Y además, esos favores, cuando se llega al puesto, hay que pagarlos.

En Estados Unidos es común ver a empresarios y artistas apoyando a viva voz y con sus dineros a tal o cual candidato. Pero en Argentina no tenemos ese mismo criterio sino que las empresas ponen fondos en forma discreta para tener luego algún beneficio o preferencias, en el mejor de los casos, en cuanto en licitaciones y negocios oficiales. Eso es corrupción, pero en este momento es también la vía que permite la llegada del crimen organizado al corazón del Gobierno. Y eso es otra cosa: es crimen organizado. 

WhatsAppXFacebook

Comentarios

🔓

Desbloqueá los comentarios

Hacete socio LO365 y sumate a la conversación.

Cargando comentarios...