La lapicera tiene dueña
El presidente Alberto Fernández se desprendió del ministro Matías Kulfas, uno de los integrantes del gabinete nacional de mayor fidelidad a su figura, pero además un funcionario de intensa actividad en un área estratégica: Desarrollo Productivo. Kulfas no solo era una pieza clave en el diseño de la matriz para el crecimiento económico, lo que le confería fluida relación con las cámaras empresarias e industriales, también era un alfil del profesor Fernández y por eso venía siendo intensamente torpedeado por el Instituto Patria y La Cámpora, dos brazos políticos de Cristina Elisabet Fernández de Kirchner, vicepresidenta de la Nación. La señora es -o debería ser- una subordinada del Jefe de Estado, en el plano institucional, sin embargo, es la jefa del espacio político que articuló este proyecto y puso a Alberto Angel Fernández en el sillón de la Casa Rosada.
La salida de Kulfas, mejor dicho, los motivos que apuraron su eyección de la gestión, certifica quién tiene el poder dentro de la coalición gobernante. Y no es precisamente el presidente. Es verdad que no hay sorpresa en este dato, pero sucede que el traumático y apurado desenlace del recorrido ministerial del economista Kulfas (de 50 años) viene a corroborar la percepción generalizada, e inequívoca, de que dentro del binomio del poder la que manda es ella.
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Menos de 24 horas pasaron desde que la vice le dijo a su presunto jefe institucional, el presidente: "Usá la lapicera". Fue en la tarde del viernes pasado en el acto por el centenario de la fundación de YPF que sirvió para el reencuentro de los Fernández después de tres meses de enojos, distanciamiento, indiferencias, teléfonos apagados, medidas inconsultas y tiros por elevación a través de los medios. Cristina Kirchner aprovechó el escenario del festejo de la petrolera estatal para alimentar su relato de la épica del desendeudamiento, apoyada en una producción audiovisual y gráfica especialmente confeccionada al efecto. Fue en ese marco que le hizo una serie de recomendaciones a "Alberto", es decir, a su superior.
En el kit de sugerencias estaba la directiva de usar la lapicera, que luego de su alocución completó con un simbolismo, le pasó la birome Bic que tenía en sus manos. Era un gesto ensayado para la foto. Alberto, es decir el presidente, agarró la birome Bic.
El sábado, en el día después de la puesta en escena, la jefa sacudió el estanque con un par de mensajes en Twitter. Se quejó por trascendidos que desde el Ministerio de Desarrollo Productivo hicieron llegar a un puñado de periodistas y que atacaban al kirchnerismo por la licitación de una obra emblemática, el Gasoducto Néstor Kirchner.
Cristina Kirchner denunció que "funcionarios del propio gobierno" ejecutan "ataques" sin "dar la cara, en off, mintiendo y utilizando periodistas". El nuevo eje de la discordia es el gasoducto y la relación del Gobierno con la empresa Techint. En la ceremonia que compartieron en YPF, la señora afirmó: "Hay que sentarse, no como amigos. Hay que pedirles que devuelvan... Hay que pedirles que las chapas de laminado las fabriquen acá. Que pongan la línea de producción en la Argentina; si han ganado fortuna, Alberto", le remarcó delante de la platea.
Apenas terminó el acto apareció el trascendido del Ministerio, que tanto enojó a CFK, y decía lo siguiente: "La lapicera la tienen que usar los funcionarios de Cristina, que fijaron las condiciones para darle la construcción de las cañerías del gasoducto de Vaca Muerta a Techint. Es (la empresa) Iesa, con funcionarios designados por ella, quienes hacen las licitaciones". Después Matías Kulfas dijo lo mismo en declaraciones radiales.
En definitiva, desapareció el off y no hay mentiras. El atrevimiento de Kulfas le costó el cargo. Alberto resignó su alfil. Ya se sabe quién manda y lo peor de todo es que la obra ni siquiera comenzó.












