La influencia de los fenómenos políticos en los niños, niñas y adolescentes

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Las formas de la política y los sistemas de ejercicio del poder gravitan en los procesos psicológicos y formativos de los adolescentes, de un modo tal que pueden moldear sus comportamientos. La personalidad, el estilo de comunicación y la forma de gobernar de los políticos tienen un impacto emocional y cognitivo, en la población más vulnerable de la sociedad, al igual que la afectación por las dictaduras, los conflictos armados, la violencia y el subdesarrollo. El acceso al psiquismo adolescente no es difícil si uno se apodera de los datos que ellos entregan de forma efusiva, voluntaria y copiosa a través de las híper comunicaciones que difunden en las redes sociales. Los líderes públicos operan como figuras de alta visibilidad y exposición, por lo tanto sus acciones y omisiones suelen ser interpretadas por los jóvenes bajo la perspectiva del aprendizaje social.
Cuando un presidente insulta, un gobernador incurre en abuso sexual, dos senadores se agreden físicamente en el Congreso, un sindicalista hace ostentación de lujo y riqueza, un intendente se muestra en dudosa compañía incluido yate y champagne, cuando en lugar de debates inteligentes los políticos recurren a sobornos, descalificaciones, carpetazos y agresiones para ganar una elección y todo ello importa una herramienta legítima para alcanzar poder e impunidad, inevitablemente estos comportamientos se normalizan y la corrupción pasa a ser moneda corriente.
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Los modelos de liderazgo, con mayor o menor influencia, salpican los entornos juveniles en especial cuando falta coherencia entre el discurso y las acciones de los gobernantes, no se cumplen las promesas electorales y los escándalos de corrupción nunca son sancionados. La generación de los milennials descree en el sistema político y se impregna de escepticismo, indiferencia y apatía, por lo tanto rechazan la política tradicional, dudan de la democracia y no participan. Los políticos, lejos de los comités, usan plataformas como Tik Tok, Instagram o la IA para llegar a los adolescentes y atrapar su interés.
Una de las consecuencias es la profunda crisis de representación y el desencanto institucional ante una práctica política adultomórfica que no se ocupa realmente de las necesidades, intereses y deseos de las infancias y adolescencias -salvo en los discursos proselitistas-. Los mensajes subliminares del estilo de vida de muchos políticos y gobernantes: individualismo, falta de códigos, hedonismo, nepotismo, un escenario de lujos y extravagancias, sin códigos ni vergüenza, con un acceso rápido y sin esfuerzos a un alto status social, y la exhibición descarada del enriquecimiento a costa de la corrupción, la impunidad, el soborno y la repetida y aceptada ausencia de respuestas de la justicia, no es indiferente al mundo de los chicos.
Esto impacta en la población joven que aprende que los objetivos de vida quizá no pasen por el esfuerzo, el estudio, el trabajo, la meritocracia y los valores y que la justicia social es una quimera. Cuando los adolescentes crecen rodeados de ambientes corruptos tienden a asimilar esas conductas como parte de la regla general, perpetuando la deshonestidad generacional. En este escenario los chicos van forjando su personalidad rumbo al mundo adulto.
Cuando algunos políticos y politólogos, gobernantes y funcionarios aparecen en los medios de comunicación, las señales televisivas deberían colocar placas de advertencia: “Horario de protección al menor”.
(Norma López Faura es Abogada Especialista en Flia. Infancia y Adolescencia)











