La Iglesia, los sindicatos y la protesta social
El frente sindical que lideran Hugo Moyano (Camioneros), Ricardo Pignanelli (Smata) y Sergio Palazzo (Bancarios) mostró su poder de movilización con una misa multitudinaria en Luján.
Dicen que esta protesta estaba armada de hace mucho, pero la realidad es puntualmente que se produjo tras la vuelta de Pablo Moyano al país, en medio de la polémica que generó su caso en la Justicia bonaerense.
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La consigna esta vez tuvo un sesgo religioso, en función en punto y la actividad que los convocó: Paz, pan y trabajo. Y siguiendo con esta línea, que claramente buscó una asociación con la Iglesia en la protesta, Pignanelli expresó que el país tiene necesidades espirituales y busca la reflexión de quienes están gobernando para que cambien las políticas.
El oficialismo y sus adherentes estallaron contra la Iglesia, sobre todo a través de los periodistas más cercanos al Gobierno. Porque consideraron que con esta marcha se blanqueaba que los sacerdotes estaban moviéndose como actores políticos, metiéndose de lleno en la pulseada entre el macrismo y el sindicalismo.
La idea de ir a Luján surgió del Smata y prendió en el llamado Frente Sindical para el Modelo Nacional. Obviamente buscaron escenificar una cercanía con la Iglesia y el Papa Francisco.
Pero no fue solo una puesta en escena sino que realmente el evento en la ciudad bonaerense fue organizado en coordinación con el Arzobispado Mercedes-Luján, mediante gestiones que llevó adelante Julián Domínguez, abogado de Smata, por instrucción de Pignanelli. Vale recordar que la familia Moyano es de confesión evangelista. No obstante, Hugo Moyano se mostró como el más ferviente católico y recibido por el titular de la Pastoral Social, el jesuita Jorge Lugones, uno de los obispos que disparó críticas más fuertes contra la política laboral y social del Gobierno.
Hay que dejar en claro que cuando de unión del pueblo por objetivos tan nobles como pan, paz y trabajo, no importa el credo. Tampoco es que la consigna, lema de San Cayetano, sea de uso exclusivo de la Iglesia Católica. Pero esto fue otra cosa; para empezar, no nació del pueblo. Y para terminar, el ecumenismo no fue precisamente el fin perseguido por Moyano y sus ad lateres.
Desde la Iglesia se defienden de las acusaciones del Gobierno diciendo que solo prestan sus oficios para acercar a las partes, y eso incluye escuchar a quienes lanzan protestas.
Pero dado el momento y los protagonistas, el macrismo cree que hay un alineamiento entre los frentes de protesta y las autoridades eclesiásticas argentinas.
Todo termina por girar alrededor del Santo Padre, que no ha dado mensaje alguno ante esta situación, pero genera un clima de sospecha, como siempre alimentado por voceros que no sabemos si son autorizados por el Papa.
Ahora, de ahí a las acusaciones de que el Santo Padre pueda estar conspirando contra el Gobierno argentino es ingresar en el terreno del absurdo. Francisco tiene una enorme responsabilidad siendo el pastor de millones de fieles católicos en el mundo. Y difícilmente tenga tiempo a detenerse a pensar si puede perjudicar al macrismo en nuestro país. Eso es parte del ombliguismo extremo que tenemos los argentinos y la verdad es que no somos el ombligo del mundo. Quizás si el Papa hubiese hablado a los argentinos desde el comienzo, cuando empezaban los rumores y las insidias, desmintiendo todo lo que se le achacaba respecto de su intromisión política, habría menos clima de sospecha. Pero el Santo Padre consideró que debía imponer su silencio y que se lo juzgue por sus acciones.
Mientras tanto el sindicalismo, tiene un próximo objetivo que es el Congreso y el debate por el presupuesto 2019. Ya planean protestas que acompañarán el debate y que son alentadas, en este caso, por la oposición.
Allí convergerán sectores de la CGT, del Frente Sindical, del nuevo espacio que está integrando Juan Carlos Schmid con los movimientos sociales de San Cayetano y hasta la izquierda más combativa. Frente al Congreso no habrá misa y algunos esperan que se repita un escenario similar al de la reforma previsional, a fines del año pasado. Esperemos que sin violencia en este caso, pero la verdad es que la paz social se ve comprometida con esta alianza entre diputados opositores y los principales gremios. Y desde ya que si la Iglesia se suma y el caos finalmente se produce, aunque no sea parte activa de los disturbios quedará indefectiblemente asociada, así que lo más saludable que puede hacer (sobre todo por respeto a la feligresía, que no toda adhiere a este tipo de manifestaciones que no son propias de la actividad religiosa) es abstenerse de ser parte de ninguna forma de las iniciativas sindicales. Sobre todo porque los ánimos están muy revueltos por este presupuesto que es calificado por los legisladores como el presupuesto del ajuste, con importantes ahorros y achiques en función de cumplir el acuerdo con el FMI de lograr déficit cero.
El enfrentamiento de sectores opositores y sindicatos para con el oficialismo se va a transformar el tratamiento del expediente en un pandemónium, que esperemos no escale en términos de violencia. Sería un grave error de la dirigencia del peronismo y del massismo que alienten conflictos sociales, en momentos de alta sensibilidad. Que trabajen para conseguir los votos y rechazar ese presupuesto; eso es lo que institucionalmente se debe hacer y no alentar la violencia callejera que siempre trae la ruptura de la paz social y es muy peligroso. Y la Iglesia, a lo suyo.














