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La clase media retrocede por la inflación

28 de julio de 2015 a las 12:00 a. m.

 

La presidenta recalca en sus discursos que la Argentina era “el país de América Latina que más clase media había generado” en la década. En realidad, en los primeros años del kirchnerismo pudo haber sucedido, aunque en realidad una gran porción de masa crítica se perdió en los 90 y solo se trató de una recuperación y no de nuevos ingresos al sector. Pero en estos últimos cuatro años, es decir en su segundo mandato, la inflación directamente ha frenado y hasta ha hecho decrecer el número de argentinos en esta franja social.

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También hay que tener en cuenta en el análisis que nadie puede pasar desapercibido que la Argentina es uno de los escasos países de América Latina que tiene, desde hace muchísimos años, una clase media vigorosa. Mientras en otros países de la región los altísimos contrastes entre sectores sociales indican otros análisis para hacer, como por ejemplo, cuántos salieron de la pobreza o si la brecha entre ricos y pobres se achicó. Salvo por Uruguay y Chile (ésta última muy emergente en este tema) el resto de América del Sur casi no tiene clase media.

Hecha esta salvedad necesaria para tener una visión más global de la cuestión, la pirámide social argentina da cuenta de un estancamiento en el proceso de ascenso social y recuperación de la clase media. La movilidad de clases se produce como resultado de dos fenómenos indudables: la cuestión económica y el acceso a niveles de estudio más allá de la escuela elemental. Una y otra van de la mano y son las que permiten cambios sociales reales y sustentables.

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Según un estudio privado, en los últimos tres años la clase media se redujo casi dos puntos a manos del crecimiento de la clase baja, que ya reúne a casi la mitad de los hogares argentinos. Los datos, que se explican por la inflación y la recesión, corresponden a la pirámide social que elabora la consultora CCR sobre la base de los aportes de la Asociación Argentina de Marketing, la Sociedad Argentina de Investigadores de Marketing y Opinión y la Encuesta Permanente de Hogares del Indec. Salvo el Instituto de Estadísticas del Estado, el resto de las organizaciones necesitan estos datos para fines estratégicos, mercado al que van a lanzar un producto, franja etárea que más consume, y otros aspectos que hacen a las empresas.

Para hacer su medición la consultora usa datos oficiales de ingresos por hogar e indicadores cualitativos, como tipo de empleo, cobertura médica, nivel de educación y cantidad de aportantes por familia.

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Según los datos de CCR, la barrera que separa la clase media de la baja es un ingreso mensual superior a los 11.700 pesos por hogar. Este límite no lo cruza el 47,5 por ciento de las familias argentinas, que integran la clase baja. Dentro de este universo, en CCR a su vez distinguen entre la clase baja superior y la clase baja lisa y llana. Esta última representa al 17,2 por ciento de los hogares, cuenta con un ingreso promedio de 4600 pesos y tuvo un crecimiento de 0,5 puntos en el último año.

Por supuesto que hay un segmento del 5,5 por ciento de la población, cuyo promedio de ingreso supera los 106.000 pesos mensuales. Pero fíjense que el porcentaje de adinerados es muy pequeño proporcionalmente con todos los que la inflación llevó a empobrecerse.

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En los últimos años, la clase media había sido la gran beneficiada del modelo económico y, de hecho, entre 2004 y 2012 este segmento había ganado más de nueve puntos de participación hasta alcanzar a casi la mitad de la población argentina. No existía la inflación actual y los servicios públicos están fuertemente subsidiados, de ese modo esta franja intermedia de la sociedad tuvo una interesante primavera. Pero desde hace tres o cuatro años la tendencia comenzó a invertirse, porque por más que estén subsidiados los servicios, la inflación corroe salarios, paritarias y arrasa con todo ahorro.

Precisamente, los economistas advierten algo que es evidente, que el cambio en la tendencia en la movilidad social no casualmente coincide con una aceleración de la inflación, que empezó a sufrir la economía a partir de 2012.

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En estos años hemos pasado la fuerte devaluación del peso en 2014, la inflación siguió su escalada ascendente y no hubo en estos últimos tres años crecimiento de la economía ni creación de empleo en el sector privado.

En realidad hace ya unos años que el modelo parece agotado; la falta de retoques oportunos (que a esta altura no serían más que parches) y la insistencia en cuestiones como el control estricto aduanero, el cepo al dólar y la ausencia de inversiones por falta de confianza en el país, han hecho retroceder lo que se había avanzado.

Esperemos que el nuevo gobierno que asuma en diciembre pueda resolver, paso a paso, porque en un día no se solucionan los problemas que tenemos, cuestiones tan urgentes como la inflación y otras tantas que nos aquejan en la actualidad.

 

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