Publicidad
Pergamino
La Opinión Online
LO CampoLO Sports
LO365
Importados

Jorge Abal, alguien que construyó su vida sobre la base de un profundo respeto por lo humano

17 de noviembre de 2013 a las 12:00 a. m.

 Jorge Abal hizo un recorrido por su vida, con una impronta: la gratitud.

(LA OPINION)

Publicidad

 

 

Publicidad

Como sucede con las personas que han estado abiertas a experimentar intensamente cada circunstancia, la historia de vida de Jorge Abal es difícil de sintetizar en el espacio que cabe en una página de diario. Tiene 69 años, es fonoaudiólogo, docente, artista, esposo, tío, hijo, amigo, espectador y protagonista. Es un hombre correcto y dueño de una sensibilidad poco común. De aspecto delgado y elegante, de ojos claros que se iluminan cuando habla de sus pasiones, asociadas a la docencia y al arte.

Dialogar con él es desde el comienzo una experiencia rica. La entrevista se desarrolla en el departamento que comparte con su esposa, Aurora Yapur, café de por medio,  con exquisiteces árabes que elaboró su compañera de vida.

Publicidad

Como toda biografía arranca por la niñez. “Vivo en Pergamino desde que nací, mi historia escolar es reducida, empecé el Jardín de Infantes en la Escuela Normal y terminé siendo maestro normal nacional en la misma institución. Vivíamos en 9 de Julio y Belgrano así que iba solo a la escuela y envidiaba a los que vivían más lejos porque sus padres los iban a buscar”.

Es el menor de tres hermanos (Francisco y Horacio). “Mi papá, Francisco, vendía seguros de vida, mi mamá, Teresa Barraco, era modista y vivíamos con mi abuela paterna, una mujer de mucho carácter que marcó el rumbo de la familia; he llegado a admirar su fuerza y el desafío que enfrentó siendo madre soltera en 1905, sin pudor y sin vergüenza”, relata. 

Publicidad

De su abuela dice que “cocinaba como los dioses, combinando sabores dulces y salados” y confiesa que su familia todavía conserva algunas tradiciones heredadas de ella. Pero sin dudas, el mejor legado de aquella mujer fue “la fuerza y el valor”, virtudes de las cuales se nutrió.

“Me fui a estudiar a Buenos Aires y cuando volví murió mi papá. Tuvimos que reacomodarnos, mi abuela tenía más de 80 años, así que con mi madre afrontamos esta nueva situación, nos mudamos a un departamento más chico; al poco tiempo,  comenzaron a llegar los sobrinos”.

Publicidad

 

Maestro

Reconocido en el campo de su profesión de fonoaudiólogo, confiesa que esa elección surgió “casi por casualidad” porque la Fonoaudiología era algo desconocido, con un campo acotado. “Por vocación soy maestro”, afirma convencido y confiesa que tuvo que rendir cuentas de ello, porque en aquel tiempo era “un trabajo de mujeres”.

“En mi familia no se entendía y mi papá, que pasaba todo por lo intelectual, me interrogaba sobre por qué quería ser maestro; yo sabía que me gustaba enseñar y estaba influenciado por una etapa mística, en aquel tiempo estaba comprometido con la acción católica, tenía una fuerte inclinación hacia la docencia, una tarea que me ha dado enormes satisfacciones; ejercí durante muchísimos años y soy jubilado docente”. 

Publicidad

Fue maestro de grado en Buenos Aires, haciendo suplencias. Luego entró como fonoaudiólogo en la Dirección de Psicología, donde trabajó durante muchos años.

“Susana Sharry, a quien le voy a agradecer toda la vida, me propuso tres horas cátedra en el Instituto de Formación Docente, las tomé con agrado, se fueron multiplicando y llegué a tener el máximo de horas, fue una experiencia maravillosa porque allí ‘construíamos’ docentes, los formábamos para que se comprometieran con el hecho pedagógico.

“También fui docente en la Escuela de Teatro y en la Escuela de Artes Visuales”, comenta y asegura que la vida siempre fue presentándole las situaciones para desplegar sus anhelos.

La palabra compromiso aparece en todo momento y la ética es el eje estructurador del relato.

Publicidad

 

Compromiso con lo público

“En 1984, producto de la militancia política, llegué a ocupar un cargo destacado en la Dirección General de Escuelas, fui designado consejero federal de educación y también tuve un cargo como asesor, de esa experiencia saqué el mejor aprendizaje, pude ampliar mi horizonte y la mirada que tenía sobre la educación, ya que esta función me exigía pensar la educación en la provincia de Buenos Aires, de esa tarea surgió el primer cambio educativo de la democracia, y tuve el privilegio de ser parte de ese proceso, eso me permitió cristalizar mi sentir sobre la educación, desde un espacio de resolución”.

Asegura que en todo momento trató de no perder su mirada humanista. “Sabía que había llegado a ese lugar de la mano de la política, pero más que político, me sentía un humanista”.

Más adelante, la vida volvió a ponerlo frente al desafío de la función pública cuando por convocatoria del intendente Héctor Gutiérrez asumió como director de Cultura. “Esa fue otra experiencia satisfactoria, siempre sentí un fuerte compromiso con lo público, la democracia es un compromiso”, afirma.

Su vocación con la “cosa pública” se expresa también en la militancia que hace de su profesión. Es un defensor de la jerarquización de la fonoaudiología y ha dado testimonio de esa bandera en cada uno de sus actos, dotando a su labor de rigor científico y compromiso ético.

“Conseguí desarrollar mi profesión y creo que los años y haber alcanzado el doctorado, me han dado un lugar”, asegura y sostiene que “todo lo he tomado con compromiso, trabajé y trabajo en el Colegio de Fonoaudiólogos desde su creación, porque creo que esa entidad es la que nos agrupa y construye la profesión”.

 

Publicidad

El arte

Lo artístico ha sido un pilar en la vida de Jorge Abal. Cuenta que en su juventud fue “público” de todo hecho artístico que Buenos Aires le brindó. “A mí la Universidad me atravesó y sentía el compromiso de dar testimonio de ese tiempo el resto de mi vida; fui público del Di Tella, tuve el privilegio de ver el trabajo de Berni en las exposiciones, los happening de Marta Minujín, iba a Plaza Francia a ver a quienes luego serían Les Luthiers”.

“Me arrepiento de no haber ido al Sótano, donde nació el rock, vivía a tres cuadras, pero sólo me animé a bajar las escaleras, y me volví; supongo que porque era algo mal visto en ese tiempo”, confiesa.

Esa necesidad  de dar testimonio de lo que sucedía en su generación, fue acercándolo a lo artístico y la vida se encargó del resto. 

“Conocí a ‘Goly’ Bernal viajando a Buenos Aires, cuando Marta Esper, la titular de Técnica de la Voz en la Escuela de Teatro, iba a tener su primer hijo, él recurrió a mí para su suplencia, acepté y ahí empezó el contacto con el teatro; al año siguiente me inscribí como alumno; tuve la suerte de encontrarme con gente que me ayudó a crecer. 

“Empecé a conocer a los poetas, los artistas plásticos, los coreutas, soy público de todos los lenguajes”, confiesa y refiere que “supo desde siempre que el hecho creativo tenía que ver con él.

Publicidad

“Fui profesor de Artes Visuales, aprendí mucho de mis alumnos y me comprometí con el arte; fui sintiendo la necesidad de meter el cuerpo, empecé a hacer expresión corporal con Mirka Duzevich en un grupo de adultos”.

Repite que “la vida fue poniéndole las circunstancias” y él las tomó. “Hace un par de años en una Fiesta de la Cultura Jorge Sharry me convocó para volver a actuar y llegó Romeo y Julieta; eso me volvió a inyectar oxígeno en la sangre, y volví a tener ideas para actuar y dirigir”.

 

Tiempo de cosecha

Con los años ha aprendido a cosechar lo mejor de cada experiencia. Analítico, reflexivo, asegura que la ansiedad “no me marca”. No se considera un intelectual ni una persona culta. Más bien se define como alguien con “necesidades de vivencias”.

Se lleva bien con la idea de la vejez porque acepta el ciclo natural de la vida. No se resiste a los cambios. “No me asusta que la vida se termine, entiendo que se tiene que terminar. No olvido que enterré a mi padre con los versos de Lorca: ‘Vete Ignacio, duerme, vuela, reposa, ¡también se muere el mar!’”, dice.

Publicidad

 

Una vida rica

Mientras transcurre la entrevista, está sentado en un sillón, en un rincón de su casa que define como “su espacio en el mundo”. Allí están sus cuadros, su música, sus libros. El ventanal da a la avenida más importante de la ciudad. “Soy un hombre del cemento y no busco otra cosa. Tengo rutinas urbanas, si me sobra un rato, me cruzo al Café de Las Letras y me siento bien en este espacio, aquí he aprendido a valorar cada cosa, aquí se expresan mis fantasías”.

Cuando habla de su vida personal, aparecen las referencias más íntimas. “Me casé a los 40 años con Aurora, fuimos compañeros de trabajo y amigos durante veinte años; y nunca pensamos que lo nuestro iba a terminar de esta manera, ya llevamos casi 30 años de casados. 

“Tuve la comprensión de mi compañera, ella ha entendido mi sentir y me ha ayudado a desarrollarme intelectualmente; con ella aprendí que hay que tener los pies sobre la tierra, que hay que buscar el equilibrio, que no todo es la fugacidad del hoy, que hay ciertas seguridades que hay que tener; hemos podido conciliar nuestras diferencias, y aprender que no todo es blanco o negro, que hay una enorme escala de grises”.

En la vida que comparten hay afectos profundos. “No puedo dejar de mencionar a mis sobrinos, a los propios y a los políticos. Con Aurora coincidimos en que ellos son nuestros hijos y sus hijos son nuestros nietos, nos causa un placer enorme compartir con ellos, aprender, comprenderlos, sabemos que están y ellos saben que nosotros estamos”.

Publicidad

También hay amigos entrañables. “Algunos de tiempos inmemoriales; otros que van apareciendo con la vida”. 

Aunque se define como  “un poco solitario”,  valora “el intercambio de afectos”.

“Valoro la sinceridad, ahí es donde me encuentro, cuando me conecto con alguien que pone el alma en lo que hace”.

 

Un hacedor

Sobre el final y como quien trata de ordenar la secuencia,  traza un inventario de lo dicho. Recuerda la fundación de Cáritas; trae las anécdotas del Club Gimnasia y Esgrima donde cultivó muchas relaciones; relata las experiencias del folklore, cuando crearon peñas emblemáticas. Los hitos de la política, el teatro, la docencia, el consultorio. “La vida me ha llevado por instancias fundantes de las cosas, he sido un afortunado”, dice.

Publicidad

 

Agradecido

“Llego a este momento de la vida agradecido, siempre recurro a los poetas y digo: ‘Gracias a la vida que me ha dado tanto’ y ‘Vida nada me debes, estamos en paz’”.

“Tengo la felicidad de llegar a esta edad sin tener que reclamarme; estoy satisfecho con lo que me pasó y con lo que no me pasó; mi vida fue una construcción”. 

Sobre la base de un trabajo interno sostenido y sobre un profundo respeto por los otros, fue forjando el sentido ético de su vida, una base sólida que le permite proyectar “un futuro en paz”.

WhatsAppXFacebook

Comentarios

🔓

Desbloqueá los comentarios

Hacete socio LO365 y sumate a la conversación.

Cargando comentarios...