Instituto Maiztegui: una causa que hay que seguir abrazando
Con el correr de los días, y a pesar de que se mantienen activas algunas gestiones, la difícil situación financiera que vive el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas Doctor Julio Maiztegui (Inevh) parece caer de la agenda pública, como si la intención de intentar paliar parte de la problemática comprometiendo algunas inversiones hubiera significado la resolución definitiva de una cuestión que revela serias falencias en el funcionamiento de la salud pública del país. Nada de lo que le sucede al Instituto Maiztegui está resuelto. Por el contrario, así como en las puertas de la institución se mantienen los carteles que visibilizan una coyuntura tan difícil como estructural, en la práctica real de funcionamiento las dificultades en el proceso de producción de la vacuna Candid I contra la Fiebre Hemorrágica Argentina y otras tareas que allí se realizan, siguen siendo el común denominador de todos los días.
Como sucede casi siempre, los problemas que afectan a centros de esta naturaleza, que llevan adelante tareas complejas que muchas veces pasan desapercibidas ante los ojos del común de la gente, el tema se hace carne en la comunidad cuando algo apremia. En este caso, el tema hizo eclosión en la opinión pública cuando a principios de este año se informó el quite de las funciones en el diagnóstico de Hantavirus y esa decisión tomada desde la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (Anlis) desnudó una realidad mucho más cruenta, asociada al desfinanciamiento progresivo del Inevh.
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En esa oportunidad, y apenas se empezaron a conocer detalles de las dificultades para llevar adelante el proceso de producción de la vacuna Candid I y a mostrar el problema en toda su dimensión, la comunidad a través de varias de sus instituciones se movilizó en defensa del Instituto Maiztegui.
Desde que se desató el conflicto han sido innumerables los líderes y referentes de distintas fuerzas políticas que se interiorizaron respecto de la situación y expresaron su solidaridad. Del seno del propio Concejo Deliberante se impulsaron iniciativas y se dio vida a una comisión de seguimiento conformada por distintos actores locales y fuerzas vivas de la comunidad. Por fuera del arco político, varias entidades se acercaron al Inevh, preocupadas por el curso de los acontecimientos, y no hay quien desconozca las implicancias que los recortes presupuestarios y las decisiones políticas equivocadas tienen para el funcionamiento de este tipo de instituciones.
El propio oficialismo local, que en un principio se mostró como vocero de los argumentos esgrimidos por la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud frente a esta coyuntura, luego cambió de posición y acompañó la postura tomada por el Concejo Deliberante de apoyar el reclamo del personal del Instituto Maiztegui y exigir respuestas a las autoridades nacionales.
A eso sobrevino una gestión del propio intendente municipal y autoridades locales con el secretario de Gobierno de Salud de la Nación, Adolfo Rubinstein, que al tiempo que intentó calmar el conflicto, abrió una instancia de promesa respecto de la realización de algunas inversiones. En ese contexto se anunció el aporte de recursos compartidos entre Nación y el Municipio y esto se mostró públicamente como la solución a un problema que parece ser mucho más complejo. Por estas horas se sabe que se está a la espera de que desde la intervención de Anlis se envíe al Municipio una nota solicitando la suma de 80 mil dólares que destinaría el Gobierno local -y que estarían ya disponibles- que se sumarían a una cifra equivalente que se destinaría desde Nación para la compra de equipamiento para la planta de producción (se adquiriría un enfriador de líquidos y un contador de partículas).
De concretarse, esta inyección de estos recursos significaría la contribución de un granito de arena para paliar una situación y reemplazar equipos que han quedado obsoletos. Pero lo que tiene que quedar claro es que esto de ninguna manera resuelve la situación del desfinanciamiento que sufre el Instituto Maiztegui. La cifra que se requiere para atacar el problema de raíz es significativamente mayor de la que se baraja en estas gestiones.
Más allá de la estrategia comunicacional que se emplee para informar estas acciones, poner nuevamente de pie al Instituto requiere no solo de esfuerzos económicos sino de decisiones políticas sostenidas para devolverle el lugar que merece en el concierto de las instituciones de salud del país por la tarea que realiza. Para ello hace falta mantener e incrementar los presupuestos que se destinan a cuestiones tan sensibles y trascendentes como la investigación, la prevención, el control y el diagnóstico de muchas enfermedades.
Hoy, y a pesar de los esfuerzos, esto parece todavía una expresión de deseo. Y a medida que el tema desaparece de los medios, la intención de atacar el problema de raíz se desdibuja. Como si los parches acabaran por resolver el fondo.
Nadie puede desconocer que hace mucho tiempo que están pedidos los elementos que faltan y que ya en 2017 se pusieron en marcha procesos licitatorios sin que fueran adjudicadas esas compras por limitaciones presupuestarias. Tampoco hay que olvidar que según un reporte del Ministerio de Economía sobre la ejecución presupuestaria del Maiztegui, en el último trimestre de 2018 se asignó una suma adicional de 4 millones de pesos que hubieran permitido la adquisición de elementos esenciales como el contador de partículas, el sistema de pre tratamiento de agua y un equipo de ensayo de esterilidad. Y que de esa disposición que hubiera habilitado esas compras, solo se autorizó la adquisición del sistema de pre tratamiento de agua porque en caso contrario se hubieran visto afectadas todas las actividades del Maiztegui. Los dos equipos restantes, a pesar de haber contado con financiamiento en 2018, se dieron de baja en 2019 por falta de presupuesto.
¿Por qué si estaban disponibles los recursos no se hicieron todas las inversiones requeridas? ¿Qué animosidad se esconde detrás de estas determinaciones?
Estas preguntas parecen no tener respuestas. Y más allá de los argumentos que unos y otros puedan esgrimir para describir el contexto que vive el Instituto, lo único real es que por falta de inversión y decisiones políticas erráticas, hoy no se está pudiendo producir la vacuna contra la Fiebre Hemorrágica Argentina.
En un país donde el propio secretario de Salud de la Nación afirma que la crisis económica no debe impactar sobre la salud de la población, resulta un contrasentido que un Instituto de tamaño prestigio como el Instituto Maiztegui no cuente con los elementos necesarios para producir vacuna. Es inadmisible que se desconozcan años de lucha, y se siga jugando arbitrariamente con la salud de gente que, expuesta a riesgo, sigue enfermando y en muchos casos muriendo a causa de una enfermedad para la cual existe una vacuna y un tratamiento probadamente efectivos. Y que están disponibles gracias al trabajo silencioso realizado desde Pergamino.
Ahora bien, el Instituto Maiztegui es mucho más que la producción de una vacuna. Desarrolla una tarea científica reconocida mundialmente en el estudio de enfermedades huérfanas o desatendidas. Esto tampoco puede pasar desapercibido, porque el desfinanciamiento acarrea otras consecuencias que condicionan el futuro. Limitado en su accionar, sin recursos, con serios problemas de infraestructura y recursos humanos ¿Qué participación tendrá el Instituto en proyectos considerados estratégicos para el país?
¿En qué lugar se colocará a la ciencia que surge desde nuestro lugar? ¿Qué rol jugará el Maiztegui en el anunciado proyecto de producción de la vacuna contra la Fiebre Amarilla si la planta de producción no se pone en condiciones? ¿La falta de infraestructura operará como argumento para migrar esas iniciativas a otros lugares?¿Qué intereses se juegan en estas decisiones?
Pocas respuestas hay frente a estos interrogantes. Posiblemente, pocas definiciones aparezcan si la mirada social decae y se corre hacia otras urgencias. Por esta razón, es la ciudadanía la que está llamada a seguir prestando atención a lo que ocurre al interior del Instituto y seguir abrazando al Inevh, tal vez recreando aquellas épocas históricas en las que desde esta pequeña geografía fue la labor científica y el respaldo de toda una comunidad, la que pusieron a esta institución en un lugar de prestigio, protegiéndola de cualquier embate.














