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Hay que prepararse para el Pergamino que viene

18 de noviembre de 2018 a las 12:00 a. m.

La Argentina atraviesa una crisis y con esto no estamos dando ninguna novedad. Esto de sentir que estamos tocando fondo no es una sensación sino una realidad que se refleja en una actividad económica recesiva, ánimos alicaídos y clima enrarecido, no tanto por temor a un estallido social como el de otros tiempos, ya que el cuadro clínico es otro, sino por la incertidumbre de lo que el futuro nos depara.

¿Qué pasará con la economía de aquí a las próximas elecciones presidenciales? Nadie en Argentina podría vaticinarlo con precisión. Y no podría hacerlo, porque ninguno, no importa la corriente de pensamiento o los intereses que representan, pudo pronosticar, en diciembre pasado, que nueve  meses después el dólar superaría los 40 pesos.

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Por lo pronto, hasta que el campo dé lo suyo, podemos esperar más recesión y, en consecuencia, una inflación que podría empezar a bajar, de manera lenta.

La discusión de los pronosticadores, entonces, pasa por una línea de “sensaciones” más o menos aproximadas al resultado de las siguientes variables: la cosecha cuya liquidación más importante se volcará en la economía entre marzo y abril del año que viene; la competencia entre los sectores que están en rojo y continúan hacia la baja, como las Pymes y la construcción, versus otros con buenas perspectivas como el turismo nacional y los productos del campo.

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Pero entre las sensaciones hay que incluir el impacto social y político del nuevo acuerdo. Entre los más pesimistas, persiste la idea de que la luz al final del camino recién aparecerá después de la mitad del año que viene, tras un desgaste y una pérdida de credibilidad enorme. Entre los más optimistas, entre los que se incluyen Macri y Marcos Peña, se insiste en que el verano servirá para cambiar el ánimo, y que coincidirá con el principio del fin de la incertidumbre.

Así y todo, los analistas más serios no se atreven a decir si, al final, la economía le ganará a la política o si será completamente al revés, como sucede desde 2015. Justamente el tópico de nuestro artículo editorial del domingo pasado: si las mejoras institucionales introducidas por Cambiemos pesarán más que sus errores económicos. La única diferencia es que ahora Cambiemos viene perdiendo un activo que le tenía garantizado un triunfo seguro: la sensación colectiva de que el futuro sería mejor. A falta de esa certeza que muchos abrigaban, todo pasó a ser una cuestión de fe. Y en la fe, del credo que sea, las más de las veces se actúa y se piensa sobre la base de abstractos, saltando la mirada de lo que explícitamente sucede a nuestro alrededor.

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No obstante, hay datos objetivos que permiten a los analistas prever que 2019 serás finalmente el año en que la situación comenzará a revertirse.

Y si los primeros brotes verdes post crisis vienen del campo, Pergamino va a verse beneficiado.

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Si esa mejoría se produce en un plazo razonable, en nuestra ciudad no estamos preparados en muchos aspectos para sacar lo mejor de esa ventaja.

Como sucede en todos los estamentos, no solo en nuestro Municipio y Concejo Deliberante, toda la labor pasa por atender la contingencia -lo cual va de suyo- y trabajar con la mirada puesta en el siguiente proceso electoral. Esto se traduce en medidas efectistas en el corto plazo. En el caso del oficialismo, encarnado en el Ejecutivo, todo aquello que pueda sacar una sonrisa y un voto en los vecinos; en el caso de la oposición, una actividad es más visible en el Concejo, en plantar posición siempre en la vereda de enfrente para mantener activa a su porción del electorado y cooptar a todo aquel disconforme con la gestión actual. Pero ni de un lado ni del otro se ven acciones que tengan la mirada más allá de 2019.

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No decimos con esto que no se hayan hecho importantes obras para la ciudad ni objetamos la postura crítica de la oposición, sino que falta criterio estratégico y comunitario. Todo el tiempo que no se dedique a la coyuntura local, debiera ser destinado a anticiparse a la coyuntura futura. Hablamos de que se tendría que estar trabajando ya en la legislación local para el Pergamino al que se llegará de Capital por autovía, que será una bien distinta al presente, con todo lo bueno y también lo malo.

Los desarrollos inmobiliarios y comerciales que puedan venir atados a esta nueva realidad tienen que encontrar en nuestra ciudad todas las facilidades y no leyes obsoletas de edificación y urbanización que datan de la década del 70 del siglo pasado.

La nueva estación transformadora debe ser prioridad y hasta incluso áreas más relegadas históricamente en los presupuestos municipales, por ser consideradas prescindibles, deben ser revalorizadas en función de lo que se viene. Por ejemplo el turismo, un sector con altísimo potencial para el segmento de las “escapadas”  o visitas de un día, que nunca llegó a explotar; los espacios museísticos, la casa natal del presidente Illia, la de Atahualpa Yupanqui, María Crescencia y la modalidad de días de campo y alojamiento en estancias, que nunca fue estimulada y que tanto se trabaja en otras zonas de la pampa. Con la autovía, desde la capital del país, tanto para porteños como para turistas internacionales, llegar a Pergamino demandará dos horas. “Rosario siempre estuvo cerca”, pero nunca supimos “venderle” esta faceta que a los propios pergaminenses nos cuesta ver. Tanto que con total seguridad, si el intendente (actual o futuro) decidiera incrementar la partida presupuestaria para el área turismo (tal nuestra sugerencia) seguramente se alzarían voces críticas, argumentando que hay otras prioridades cuando de lo que se trata es de, por ese camino, incrementar el PBI local con este sector productivo, también el empleo y finalmente los ingresos municipales, todo lo que justamente permitiría disponer de mayores recursos genuinos para las áreas más urgidas. El círculo virtuoso que le dicen. Pero para que empiece a funcionar hay que comenzar por invertir en él.

Necesitamos de nuestros funcionarios y concejales una mirada más desprovista de intereses sectoriales, seudo ideológicos y electorales. Hacen falta acciones estratégicas, aunque sean de largo plazo y no reditúen en la próxima elección. Y, del otro lado, una oposición más proactiva, más moderna, que mire al futuro y no se detenga en mirar en qué trastabilla el oficialismo para hacer de ello una victoria propia.

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En síntesis, poner la energía en el Pergamino que viene, post crisis, con autovía y represa. De la crisis económica propiamente dicha se ha de encargar el presidente, y en una segunda instancia la gobernadora. No hay nada que desde Pergamino se pueda hacer para alterar el plan que se está siguiendo. En cambio, intendente y concejales tienen competencia excluyente en el ámbito local. Si ellos no van preparando el terreno, adecuando normativas, dotando de infraestructura y activando sectores dormidos, nadie lo hará.

¿Escucharemos alguna vez algún proyecto en este sentido en el Concejo Deliberante? ¿Algo que nos dé la pauta de que están trabajando para nosotros y nuestro futuro y no para ellos mismos y sus próximas performances electorales?

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