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Francisco, con gestos históricos, siempre buscando la paz entre tanta división y violencia

14 de febrero de 2016 a las 12:00 a. m.

De las tantas características que el Papa Francisco ha llevado desde su Buenos Aires natal al Vaticano, es el de ser un verdadero predicador, que no duda en salir de su zona de confort para visitar los lugares más conflictivos del mundo llevando el mensaje de paz, de unidad, de concordia y sobre todo de esperanza. Especialmente a aquellos pueblos que sienten que lo han perdido todo.

Esta semana visita un país latinoamericano, México, donde la violencia ha echado raíces y los contrastes sociales son enormes. 

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Francisco fue recibido por el presidente Enrique Peña Nieto en el comienzo de su visita que durará cinco días.

Multitudes  desafiaron el frío matinal para ver al líder de la Iglesia Católica mientras entonaban canciones como la tradicional “Cielito Lindo”, en la popular zona del Zócalo, donde se aloja el Papa. Y ante el afecto, en cuanto pudo se bajó del Papamóvil para abrazar a la gente y repartió rosarios a los fieles que se agolpaban en las calles a su paso.

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No olvidemos que además del enorme carisma de Francisco, México es un país donde hay una abrumadora mayoría católica romana. Es el segundo país por número de fieles de este credo en el mundo.  Pese a ello, es la primera vez que un presidente mexicano recibe en el Palacio al jefe de la Iglesia Católica, un gesto simbólico en un país devoto pero con una larga tradición laica y que apenas en 1992 restableció relaciones diplomáticas con el Vaticano. Esas cuestiones de la política que a veces tienen poco que ver con el sentimiento y el deseo de la gente.

La visita del Papa a México fue buscada con insistencia por el gobierno de Peña Nieto, que ha sido blanco de fuertes críticas por la situación de derechos humanos en el país y casos como la desaparición y presunta masacre de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, cuyas horrorosas fotos recorrieron y se viralizaron en las redes sociales. De modo que, una vez más, el Santo Padre visita un lugar donde hay problemas y no poco serios. Esa muerte masiva de jóvenes aún no fue suficientemente aclarada y en las instituciones internacionales se cree que fue el Gobierno el autor.

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El Papa ha expresado en distintas ocasiones su amor por la “Patrona de América”, en cuya casa, la basílica, habrá una misa multitudinaria. Se trata de la Virgen de Guadalupe. Es uno de los lugares de peregrinación mariana más concurridos del mundo y Francisco ha manifestado su emoción por estar en el santuario y ha dicho que, al terminar la misa, le gustaría rezar solo y en silencio frente a la imagen de la Virgen morena.

Francisco pretende echar un manto de paz a la violencia en México, siempre lleva ese tipo de objetivos cuando visita una región donde la sociedad es desigual; en este caso, la mitad de sus habitantes vive en la pobreza y es en general un país acechado por la violencia del narcotráfico. En ese sentido, la elección de las paradas del Papa parece estar cargada de simbolismos, porque visitará lugares por donde muchos mexicanos se lanzan a huida tratando de llegar a Estados Unidos, dejando muchas veces la vida en la travesía. El Papa se reservó para el final de su viaje la fronteriza Ciudad Juárez, que durante años fue considerada la más peligrosa del mundo y que ahora trata de cicatrizar heridas abiertas por los feminicidios y la violencia que vivió.

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Pero antes de llegar a México, Francisco volvió a Cuba (a la que ayudó a romper el bloqueo con Estados Unidos en una medición muy exitosa) para estrecharse por primera vez las manos y darse un abrazo y tres besos con el patriarca ortodoxo y de toda Rusia, Kirill, cerrando una herida que dividía desde hacía casi mil años a dos iglesias hermanas. Distintos ropajes para dos religiones a las que dividió más la política de aquellos años lejanos que las creencias en un mismo Dios. La división, que tiene que ver con el primado de Roma, se remonta al año 1054, cuando el papa León IX y el patriarca de Constantinopla, Miguel I Cerulario, se excomulgaron mutuamente, provocando el “Gran Cisma”. Como decimos, el problema era político y tenía que ver con el poder, que históricamente ha llegado a corromper hasta lo que se estima como más sagrado. Como vemos que sucede en nuestros días en Oriente Medio, donde a nombre del mismo Dios se matan sin piedad alguna.

Este acercamiento entre Roma y la Iglesia de oriente es un hecho sin precedentes que quedará en la historia de ambas religiones y se produjo en Cuba, un país segregado por buena parte del mundo desde hace 50 años. “Los resultados de la conversación indican que hoy las dos iglesias pueden trabajar juntas defendiendo a los cristianos en el mundo, y para que la vida humana sea respetada”, indicó Kirill. Para Francisco, lo que hicieron y la conversación que mantuvieron era lo que el Divino quería que hicieran.

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Esta defensa conjunta cobra importancia clave cuando pensamos en los cristianos perseguidos en Siria, Irak y otros países de Oriente Medio, los valores de la familia y el respeto del derecho inalienable a la vida, así como la preocupación por un mundo desgarrado por el terrorismo, la migración y las guerras.

 

En un mundo fraccionado, injusto, plagado de violencia, drogas y muertes, lo mejor que pudo pasar a la Iglesia Católica es que Francisco, el “Papa del fin del mundo” haya llegado al Vaticano para reflejar las verdaderas necesidades de los hombres.

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