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Fayt eligió cuándo renunciar

17 de septiembre de 2015 a las 12:00 a. m.

“Tengo el agrado de dirigirme a la señora presidenta de la República con el objeto de presentar mi renuncia al cargo de juez de la Corte Suprema de Justicia, con efectos a partir del 11 de diciembre del corriente año”, dice el mensaje de Carlos Fayt a la mandataria. “Saludo a la señora presidenta con las expresiones de mi consideración más distinguida”, concluye.

El ministro Carlos Fayt eligió el momento de presentar la renuncia a la Corte Suprema, que hará efectiva el 11 de diciembre, el primer día del mandato del futuro presidente de la Nación. A comienzos de año soportó fuertes ataques de la presidenta Cristina Kirchner para conseguir su vacante, utilizando como excusa sus 97 años y su posible falta de lucidez para el cargo. Pero el ministro resistió cualquier intento político y mediático de alejarlo de la Corte y dimitió cuando lo consideró oportuno, de cara al cambio institucional que se producirá en el país. Es sugestiva la manera en que ha renunciado el magistrado: con fecha de entrada en vigencia de su decisión. Como haciendo notar a la mandataria que no sucumbió ante sus presiones y para indicar que hasta entonces estará firme en su puesto y en sus decisiones. Pero sobre todo, para que no sea ella quién elija a su reemplazante.

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En efecto, a partir de la renuncia de Fayt, la Corte, que está compuesta por cinco plazas, quedará sólo integrada por tres jueces: su presidente, Ricardo Lorenzetti; la vicepresidenta Elena Highton de Nolasco, y Juan Carlos Maqueda. La composición incluía a Eugenio Zaffaroni, que presentó su renuncia en noviembre de 2014 y no fue seleccionado aún un reemplazante.

Como signo del fin de ciclo, la Argentina se encuentra sumergida en un profundo proceso de recambio dirigencial que abarca desde la Unión Industrial hasta las centrales sindicales pero, fundamentalmente, se centra en los tres poderes del Estado.

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Con el proceso electoral en marcha, la decisión de dimitir al cargo de ministro de la Corte Suprema a partir del 11 de diciembre próximo, anunciada ayer por Carlos Fayt, no solo reactiva el proceso de renovación en el Máximo Tribunal sino que abre una nueva oportunidad para reforzar la democracia con el respeto a la división de los poderes. 

Hoy, la relación se encuentra marcada por la imposición del Ejecutivo en el Congreso, donde prácticamente no se aprueba ninguna iniciativa que carezca de la venia de la Casa Rosada; y la pelea del oficialismo con la Justicia, en un juego de presiones que hasta incluyeron la ofensiva del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, para remover a Fayt de su puesto antes de que Cristina Kirchner tuviera que dejar el suyo.

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Pero el veterano juez decidió resistir hasta el primer día de la era post-Cristina para que sea el próximo presidente quien proponga a su reemplazante. Su sustituto, así como el de Eugenio Zaffaroni, comenzarán a definirse apenas las urnas hayan dirimido quién se sentará en el sillón de Rivadavia. Será el momento de pensar en los antecedentes técnicos y profesionales antes que en intereses sectoriales. Priorizar el conocimiento por sobre la obediencia política, para fortalecer la República en el inicio de un nuevo gobierno y dar un paso adelante en busca de la deseada independencia del Poder Judicial.

Pero es sabido que el Senado de la Nación no nombrará los cargos vacantes antes del cambio de autoridades. Cerca del candidato oficialista, Daniel Scioli, sostienen que “es conveniente que la Corte esté completa” y que la “presidenta tiene todas las facultades para promover nombramientos”. Sin embargo, también evalúan que, en plena campaña, este es un tema que no suma votos y que entorpece la agenda de cualquier candidato. 

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En otras palabras, todo indica que habrá que esperar al 25 de octubre, al 19 de noviembre o, tal vez, a diciembre para que se dé el nuevo debate, ya que la actual presidenta, por sí misma, no podría imponer los nombres de los nuevos integrantes de la Corte.

Fayt será recordado como un miembro de la Corte inteligente; quien ha leído sus fallos, sobre todo respecto a temas como la libertad de expresión no puede dejar de reconocer la lucidez de este abogado. Para quienes tengan interés en la temática, podemos recomendar el libro de fallos referido a juicios a medios y sobre todo el que sostuvo Augusto Belluscio, miembro de la Corte, contra Horacio Verbistky, por una publicación en el diario Página 12.

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No se va cualquier ministro de la Corte. Se trata de un hombre casi centenario, que llegó con la democracia al alto tribunal y ha visto desfilar a todos los presidentes de la Argentina de la última era, manteniéndose siempre en su posición distante de los vaivenes políticos.

Carlos Fayt nació en Salta, en 1918. Durante su juventud militó en el socialismo y a los 40 años, en 1958, apostó por la gobernación de su provincia natal, aunque sin éxito. Tras una larga carrera como abogado, asumió su cargo en la Corte Suprema el 21 de diciembre de 1983, cuando tenía 65 años. Fue designado por el entonces presidente Raúl Alfonsín. Es el último juez que queda de los cinco nombramientos de ese año.

Durante el Gobierno de Carlos Menem, en 1990, se había ampliado la Corte, llevándola de cinco a nueve integrantes para que el presidente pudiera hacerse con fallos clave para las privatizaciones a través de las nuevas incorporaciones. Pero luego de los juicios políticos impulsados por Néstor Kirchner en contra de aquellos jueces menemistas, una ley sancionada en 2006 estableció una reducción paulatina del cuerpo, primero a siete magistrados y, luego, a cinco. Es así como se regularizó el número de miembros. 

 

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La Justicia es el último recurso de todo ciudadano, desde el más poderoso hasta el hombre de a pie cuando está en juego su vida, sus bienes o su libertad. Por eso una de las claves para que funcione el sistema democrático es tener una Corte -y de allí abajo toda la pirámide judicial- lo más alejada posible de la política partidaria, cosa que, como sabemos, no siempre ha sucedido en la Argentina, pero no podemos perder las esperanzas de llegar  a ese nivel de institucionalización.

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