Falleció Negrita Raimundo de Apesteguía, el sostén silencioso de una familia que marcó la historia de LA OPINION
Fue el sostén silencioso de una familia que dejó una huella imborrable en LA OPINION y una presencia indispensable en la vida de quienes la rodearon.

Hay personas cuya influencia no se mide por los cargos que ocuparon ni por el protagonismo que buscaron, sino por la huella que dejaron en quienes las rodearon. Negrita Raimundo de Apesteguía fue una de ellas.
Su fallecimiento enluta a una familia profundamente ligada a la historia de Pergamino y, de manera muy especial, a la de LA OPINION. Esposa de Hugo Apesteguía, quien condujo el diario durante una de las etapas más trascendentes de su historia, y madre de Romina Apesteguía, que años más tarde continuó ese legado al frente de la empresa periodística, Negrita fue durante décadas una presencia indispensable, aunque siempre alejada de los primeros planos.
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Mientras Hugo Apesteguía imprimía su personalidad, su convicción y su reconocido temperamento a la conducción del medio, ella representaba el equilibrio indispensable puertas adentro. Fue el sostén silencioso de una familia numerosa y también de un proyecto empresarial que encontró en el ámbito familiar la fortaleza necesaria para atravesar desafíos, crecer y consolidarse.
La historia de LA OPINION no puede comprenderse sin recordar el compromiso que la familia Apesteguía asumió cuando decidió apostar por el diario en una etapa decisiva, hacia fines de la década de 1980. Aquella determinación permitió preservar un medio hoy centenario y darle un nuevo impulso que marcaría buena parte de las décadas siguientes. Detrás de ese enorme desafío también estuvo Negrita, acompañando con discreción, fortaleza y una entrega cotidiana que pocas veces trascendía las puertas del hogar.
Pero si hubo un lugar donde su figura alcanzó su máxima dimensión fue en la familia. Madre incondicional, abuela entrañable y consejera permanente, supo construir ese espacio al que todos querían volver. Mientras cada uno de sus hijos y nietos emprendía su propio camino, ella permanecía en ese nido familiar que nunca dejó de ser el punto de encuentro. Allí esperaba siempre con la misma calidez, con una mesa dispuesta, una palabra de aliento, un abrazo oportuno o un consejo dicho con serenidad.
Quienes la conocieron la recuerdan por esa hospitalidad que parecía no tener límites y por una forma de querer que se expresaba en los pequeños gestos cotidianos. No necesitaba ocupar el centro de la escena para convertirse en el corazón de la familia. Su presencia transmitía contención, afecto y una paz que hacía sentir a todos en casa.
El paso del tiempo trajo cambios en la conducción de LA OPINION y la familia Apesteguía decidió, años después, dar por concluido ese ciclo para que el diario iniciara una nueva etapa bajo la dirección de Lucas Marino Aguirre. Sin embargo, el aporte realizado durante aquellos años permanece como parte inseparable de la historia de la empresa y del periodismo pergaminense.
Con la partida de Negrita Raimundo de Apesteguía se despide una mujer que eligió el bajo perfil, pero cuya influencia fue inmensa. Una esposa que acompañó, una madre que sostuvo, una abuela que cobijó y una pieza fundamental de una familia que dejó una marca profunda en la vida de LA OPINION.
Su legado no se encuentra solamente en los recuerdos de quienes compartieron la intimidad de su hogar, sino también en la historia de una institución centenaria que, gracias al esfuerzo de muchas personas -entre ellas, silenciosamente, el suyo- pudo seguir escribiendo cada día una nueva página.













