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Expertos alertan que comer mirando el celular no solo distrae: cuáles son los efectos sobre el hambre, la saciedad y la ingesta

El uso de pantallas durante las comidas no solo influye en la forma de alimentarse: también puede favorecer hábitos automáticos y potenciar el estrés y la ansiedad. ¿Existe el FOMO alimentario? Qué dicen los especialistas

08 de septiembre de 2026 a las 11:56 a. m.
Expertos alertan que comer mirando el celular no solo distrae: cuáles son los efectos sobre el hambre, la saciedad y la ingesta
Comer frente al celular puede dificultar el registro de hambre y saciedad.

Comer mirando el celular puede alterar la forma en que regulamos la ingesta, afectar el registro del hambre y la saciedad, y empujar a una relación más automática con la comida.

Según algunos nutricionistas, el problema no pasa solo por los nutrientes del plato, sino por el contexto en el que se come, la atención disponible y el estado emocional con el que una persona llega a la comida.

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La médica especialista en Medicina Interna y Nutrición y vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), Marianela Aguirre Ackermann (MN 151.867), comenzó por plantear que “una alimentación saludable no se define solamente por sus nutrientes” sino que se trata de “un patrón que incluye alimentos, cantidad, timing, velocidad, regularidad y contexto de la ingesta”.

En esa misma línea, el médico especialista en Nutrición y Obesidad e integrante del Grupo de trabajo en Obesidad de la SAN, Martín Giannini (MN 114.711), sostuvo que “comer saludable no depende únicamente de elegir verduras, proteínas o alimentos de buena calidad porque la velocidad con la que comemos, la atención que prestamos, el estrés, las pantallas e incluso aquello que vemos en las redes sociales pueden modificar nuestra relación con la comida”.

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Los dos especialistas coincidieron en que el “cómo” no reemplaza al “qué”, pero sí cambia sus efectos. “Lo que comemos es fundamental, pero hoy sabemos que no alcanza para definir una alimentación saludable”, señaló Aguirre Ackermann.

En tanto, Giannini lo resumió así: “Podemos tener un plato nutricionalmente adecuado y, al mismo tiempo, comerlo apurados, mirando el teléfono, trabajando, contestando mensajes o prácticamente sin registrar que estamos comiendo”.

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Qué pasa en el cerebro y en el cuerpo cuando comemos distraídos

Uno de los puntos centrales es el papel de la atención. “Participa en la regulación de la ingesta”, explicó Aguirre Ackermann. Remarcó que cuando una persona come frente al celular presta menos atención a las propiedades sensoriales del alimento y a algunas señales relacionadas con la saciedad. “Registramos peor cuánto y qué acabamos de comer”, afirmó.

Giannini describió un mecanismo similar: “Cuando nuestra atención está completamente puesta en un video, un mensaje o las redes sociales, prestamos menos atención a la experiencia de comer”. Y agregó que el cerebro se entera de lo que comemos por todos nuestros sentidos y si ellos están concentrados en otra cosa “el cerebro no se entera lo que ingerís”.

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Para el especialista, esto no implica que el alimento cambie: “El plato no cambió. Sus calorías, proteínas, fibras y nutrientes siguen siendo los mismos. Lo que cambia cómo el cerebro procesa la experiencia de esa comida”.

¿Comer con el celular nos hace comer más?

Aguirre Ackermann advirtió que el vínculo entre pantallas e ingesta no debe simplificarse. Y citó una revisión sistemática y metaanálisis de 2026 publicada en American Jorunal of Clinical Nutrition que evaluó qué ocurre cuando las personas comen distraídas, incluido el uso del celular. Según detalló, durante la misma comida, considerando todas las formas de distracción juntas, el aumento de la ingesta fue pequeño. Sin embargo, “las personas que habían comido distraídas consumieron más en una ingesta posterior”.

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Ese punto también aparece en la explicación de Giannini. “Estudios experimentales llevan años mostrando que distraerse durante una comida puede deteriorar su recuerdo y favorecer el consumo posterior”, sostuvo. La clave, otra vez, es el registro de la experiencia alimentaria y la memoria de lo que se comió.

La consecuencia más visible del celular en la mesa es la pérdida de registro. Aguirre Ackermann señaló que comer usando el teléfono “puede favorecer una mayor ingesta porque introduce distracción”.

Redes sociales y comparación: ¿existe el “FOMO alimentario”?

La exposición constante a contenido sobre comida, dietas y cuerpos puede tener efectos más amplios que una comida distraída. “Mirar continuamente contenido de nutrición y recetas puede influir en qué se come, cuánto se piensa en comida y cómo nos relacionamos con la comida”, dijo Aguirre Ackermann. También advirtió que algunas cuentas de nutrición saludable en redes sociales transmiten “todo el tiempo reglas sobre qué deberíamos comer, qué alimentos son ‘buenos’ o ‘malos’, cuánto deberíamos pesar o cómo debería verse nuestro cuerpo”.

En personas vulnerables, según la especialista, esa exposición “se ha asociado con mayor insatisfacción corporal y rasgos de ortorexia”, es decir, una preocupación rígida por comer “correctamente”. Sobre la lógica del miedo a quedarse afuera, planteó que se puede hablar de “algo parecido a un FOMO alimentario”, expresado en ideas como “todo el mundo probó esta receta o producto viral”.

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Giannini desarrolló el mismo fenómeno en forma de preguntas: “¿Debería hacer ayuno?”, “¿Tendría que dejar los carbohidratos?”, “¿Por qué yo no como así?”, “¿Me estaré perdiendo algo?”. Y resumió: “No existe un diagnóstico médico llamado ‘FOMO nutricional’, pero sí podemos reconocer una lógica parecida al miedo a quedarse afuera”.

Fuente: Infobae.


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