Enormes dificultades en la transición
Mientras el traspaso bonaerense entre Daniel Scioli y María Eugenia Vidal se produce entre consensos y reuniones normales, pautadas y hasta fotografiadas, la transición en el plano nacional es absolutamente lo contrario. Cristina Kirchner parece empecinada en complicar y en lo posible condicionar seriamente el próximo gobierno de Mauricio Macri.
Antes de entrar en tema sobre las cuestiones con que se encontrará el nuevo presidente, las actitudes de Cristina ponen al peronismo en un espacio de dificultades y lo expone a la mirada crítica hasta de quienes optaron por Scioli en el ballotage, mostrando su enojo por la derrota y su prescindencia de las formas políticamente correctas en una república cuando se debe entregar el poder. Evidentemente trata, en lo que puede, de aguarle la asunción al ganador. Comenzando por deslucir el acto del traspaso de la banda presidencial hasta desfinanciar el Tesoro para que se complique el pago de las jubilaciones cuando asuma, lo que generaría un desastre si el Cambiemos no le encuentra una solución.
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Vamos al problema más importante: la extensión a todas las provincias, por un decreto de necesidad y urgencia de Cristina, de la devolución del 15 por ciento que la Nación les retenía a las mismas para financiar la Anses, y en menor grado de gravedad, la discusión no resuelta sobre la ceremonia de asunción de Macri, el jueves 10.
La retención a las provincias del 15 por ciento de la coparticipación es una injusticia que el kirchnerismo utilizó para tener amplios fondos en la Anses. Esto comenzó cuando en los años 90 se privatizaron los fondos previsionales, porque el Estado debía seguir pagando a los viejos jubilados y la recaudación había quedado en manos de los fondos privados de pensión. La primera quita fue un acuerdo entre la Nación y las provincias. A partir de 2006 cuando Néstor Kirchner era el presidente de la Nación una ley prorrogó el pacto, pero ya sin el acuerdo de las provincias. Los recursos de las Afjp se estatizaron en 2008 y el Estado volvió a recaudar los fondos previsionales. Ya no se justificaba el aporte de las provincias pero el kirchnerismo siguió con la retención ahora indebida, ante las quejas provinciales.
Córdoba, Santa Fe y San Luis recurrieron a la Corte Suprema de Justicia en reclamo de esos recursos, tres provincias enfrentadas al kirchnerismo mientras el resto soportaba estoicamente la quita ilegal. El Máximo Tribunal de Justicia les dio la razón la semana pasada a las tres provincias. De todos modos, la Corte resolvió tres casos que pasaron por un muy largo trámite de aportación de pruebas y contrapruebas, de audiencias públicas y de conciliación. Y estableció un plazo de 120 días para que las tres provincias y la Nación acordaran un plan de pagos.
En muchos otros casos, es de advertir, la deuda con las provincias es inexistente, porque serviría sólo para compensar deudas de las provincias con la Nación. La sentencia es aplicable sólo a esas tres provincias. Cualquier otra provincia que aspirara a lo mismo debería iniciar el mismo trámite. Cuando faltan seis días hábiles para finalizar su gestión, Cristina Kirchner decidió, entregarles esos fondos a todas las provincias. No fue un acto de justicia con la provincia; fue una decisión vengativa contra Macri, desfinanciarle la Anses a horas de su asunción.
La realidad es que a los problemas con que el macrismo se encontraría a partir del 10 de diciembre, se suma ahora que cuando lleguen van a encontrar la Anses sin fondos y hay que pagar las jubilaciones. Y en esto no puede haber mora posible ni acuerdo con los pasivos, hay que conseguir el dinero y pagar.
Una jugada muy evidente
Analizando el tema más liviano, que es dónde se hará el traspaso de la banda presidencial, podría ser un tema hasta banal, porque en definitiva se hará en el Congreso como se hizo en los últimos períodos. Pero lo que puede traer un problema inmerecido para el gobierno que se iniciará ese mismo día, es la idea de Cristina de convocar a la juventud kirchnerista a la plaza del Congreso. Es decir, quiere someterlo a Macri a los insultos y los cantitos de sus seguidores en el día más importante de su vida política: cuando lo ungen presidente de la Nación.
La tradición impuso que el nuevo presidente se traslade luego desde el Congreso hasta la Casa Rosada y allí, esperemos que no, puede haber enfrentamientos entre la gente que vaya a vivar al nuevo presidente Mauricio Macri y quienes vayan a despedir a Cristina Kirchner. Ella puede despedirse en oportunidad anterior ¿qué necesidad de organizar esta mascarada que puede terminar en un desastre?
El peronismo no kirchnerista ve con enorme preocupación las actitudes de Cristina porque demuestra abiertamente que no es posible de entregar pacíficamente el poder, cómo se podrá convivir entre los ultra K y el nuevo gobierno es la pregunta. Esto sólo puede anticipar un quiebre en la oposición, entre un peronismo que quiere volver a ser alternativa de poder y un kirchnerismo que parece haber elegido dejar tierra arrasada.














