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Enorme expectativa por el triunfo de Macri

24 de noviembre de 2015 a las 12:00 a. m.

Los argentinos vivimos una jornada histórica, no sólo porque protagonizamos en paz y transparencia nuestro primer ballottage, sino además porque coincide con un importante cambio de época. Se terminaron 12 años de kirchnerismo y se pudo apelar a la alternancia, a través del triunfo de Mauricio Macri. 

Como saldo general, encontramos un electorado que ha madurado, tanto quienes votaron al PRO, como casi la otra mitad del país que sufrió la derrota, el Frente para la Victoria, pero que no generó ningún conflicto. Y sobre todo porque la proporción del voto en blanco fue muy baja, lo que habla de que fue entendido el concepto de segunda vuelta electoral, donde todos, debemos hacer una opción.  

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El domingo por la noche se pudo ver a Mauricio Macri exultante y emocionado.  Y a Daniel Scioli cumpliendo impecablemente con las felicitaciones de rigor; su discurso, aunque fuera para asumir la derrota, lo ubicó en un escalón más alto en la estima de la gente, según se leía en los comentarios que en simultáneo se iban posteando en las redes sociales. 

El candidato de Cambiemos se impuso con el 51,45 por ciento de los votos, con una ventaja de poco menos de tres puntos sobre su rival del oficialismo Daniel Scioli que obtuvo el 48,55 de los sufragios. 

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La diferencia es mucho menor a la planteada en las encuestas, como viene sucediendo en las últimas elecciones, sin embargo en un ballottage es muy común que las diferencias no sean muy importantes, al fin sólo hay dos opciones y si llegaron a ese punto es porque son dos candidatos fuertes.

Es importante destacar que ambos tuvieron una notable performance, por diferentes aspectos: Macri se introdujo en la política en 2003 y desde entonces ha hecho una carrera meteórica hasta alcanzar la primera magistratura de la Nación. Scioli mejoró las expectativas de cualquier encuestador y del propio círculo íntimo kirchnerista; supo captar el voto peronista que se había llevado Massa, y dejó en claro que siempre fue el mejor candidato que podía tener el Frente para la Victoria, una fuerza que, a pesar de esta última derrota, deja la Casa Rosada triunfal. Fueron 12 años en que logró sostener la gobernabilidad. Alguno dirá que a fuerza de acuerdos espurios con sectores sindicales, maniobras evasivas e intromisiones en la Justicia, pero lo cierto es que el domingo quedó demostrado que se sostuvo en el poder todo ese tiempo con una altísima dosis de legitimidad, que se vio expresada en casi un 50 por ciento de apoyo a su continuidad. Muy pocos gobiernos han logrado esto en el mundo, es decir continuar porque la gente lo quiere, y mucho menos en Argentina.

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Conocidos los primeros resultados, todo sucedió con una fluidez y normalidad que no se vieron en los últimos ocho años: además de Scioli, la presidenta Cristina Kirchner lo saludó por teléfono a Macri por su triunfo y hoy se encontrarán en la Quinta de Olivos para analizar el traspaso del poder. Una lástima que esto no sucediera antes, cuando se trataron temas de la agenda común, como la Policía Federal o el manoseado asunto del monumento a Cristóbal Colón. Si nuestros políticos supieran cómo suman en la percepción de la gente actitudes de este tipo, seguramente las harían más seguido.

Tanto en su primer discurso como presidente electo, como en la conferencia de prensa de ayer Macri evitó dar demasiadas definiciones al respecto, como tampoco sobre qué pasos seguirá en estos escasos 18 días de transición hasta el 10 de diciembre, cuando se produzca el traspaso de poder. Sólo repitió algunas de las promesas que había vertido durante la campaña, manteniendo la palabra y en el plano internacional mantuvo su promesa de profundizar las relaciones con el Mercosur, acercarse a Chile y la Alianza del Pacífico y marcar la cancha respecto de Venezuela por la persecución a los opositores en el país.

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En el plano interno, inseguridad, lucha contra el narcotráfico y pobreza cero fueron la reafirmación de sus promesas, así como buscar la unión de los argentinos. 

Este tema no es menor, porque lo que tiene de interesante esta etapa que se inicia, es que el oficialismo no tiene mayoría en el Parlamento en ninguna de las dos cámaras. Necesariamente el diálogo estará a la orden del día. Y lo mismo sucederá con las provincias, ya que el Frente para la Victoria triunfó en 14 de los 24 distritos, así que Macri deberá tender lazos profundos con los gobernadores y todas las dirigencias para compensar su falta de llegada, tal vez por carecer de una estructura propia dado lo nueva de su propuesta política. Contó en esta ocasión con la UCR, pero lo cierto es que en muchísimos distritos el centenario partido estaba diluido y derruido, sin siquiera comités donde reunirse en pie.

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Llama la atención particularmente el triunfo de Scioli en nuestra provincia, si bien el caudal que lo hizo ganador provino casi exclusivamente del Conurbano. Este resultado refleja a las claras hasta qué punto lo perjudicó, en la primera vuelta electoral, la candidatura a la gobernación de Aníbal Fernández. Cuando el peronismo haga su análisis de la derrota, pondrán el tema sobre la mesa y la incidencia de Cristina Kirchner en la postulación de su jefe de Gabinete. 

En lo político, Macri deberá convivir con la mitad de un país gobernado por el peronismo, espacio político que, además, dominará el Senado y retendrá la primera minoría en la Cámara de Diputados, aunque en este caso lejos del quórum. De modo que las fuerzas políticas deberán aprender, por fin, a convivir democráticamente, la oposición a ser constructiva y el oficialismo dialoguista. No es imposible, al contrario. 

Este desafío es condición sine qua non para afrontar el gran combate que le espera a Macri (y a todos): el escenario económico que le dejará el kirchnerismo, que es una bomba de tiempo. Lo bueno es que gran parte de lo que hace falta para salir de la crisis ya lo tenemos: una nueva gestión que revitalice la confianza inversora, que venía alicaída desde hace cuatro años, y nuestras riquezas naturales. Porque acabada esa visión dialéctica amigo-enemigo que se había declarado al campo, se liberarán muchos de los frenos que tienen encorsetada a la producción. Si se lo dejar ser, el campo será lo que siempre fue: motor de la economía.

Por ese motivo y por la mentada alineación política es que se espera que para Pergamino comience especialmente una nueva etapa. Si algo caracterizó al kirchnerismo es la lógica premio y castigo que venía de la mano con la de amigo-enemigo. No debiera suceder que un distrito no reciba lo que le corresponde o necesita porque su jefe político es opositor a quien maneja los recursos. Tampoco que esos recursos lleguen al distrito por una vía paralela, eludiendo al administrador natural, para obtener de esa forma un rédito político y/o electoral. Pasó en Pergamino y muchos otros distritos. No debiera suceder, repetimos, pero nos hemos acostumbrado al desprecio de no ser parte. Por eso la alineación política que tendrá nuestra ciudad con Provincia y Nación genera gran expectativa por obras prometidas y adeudadas. 

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