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En Venezuela se evaporó la democracia y crecen la represión y los muertos

14 de marzo de 2014 a las 12:00 a. m.

Venezuela sigue al borde del abismo, las marchas estudiantiles y ciudadanas no cesan mientras las brigadas de choque chavistas balean a la multitud. En tanto, el gobierno de Nicolás Maduro no se hace cargo de los muertos y afirma que buscará a los asesinos, asumiéndolos por fuera del aparato estatal.

No podemos hablar de guerra civil en el país caribeño, porque en realidad quienes protestan lo hacen en forma pacífica y desarmados: es la represión del Estado y los grupos paramilitares los que atacan con ferocidad a la multitud. Tampoco podemos hablar de democracia ya en Venezuela, porque ese estatus es hoy sólo una formalidad, ya que cuando a las marchas pacíficas se las enfrenta con balas, estamos ante a otro tipo de régimen.

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Tres personas muertas durante los graves enfrentamientos en Valencia y una brutal represión de la Guardia Nacional en Caracas, contra una marcha pacífica de los estudiantes, marcaron con sangre, gas y una escalada de violencia otra jornada de la ola de protestas contra Nicolás Maduro. Una protesta que no deja de crecer, pese a las cinco semanas transcurridas.

El primer caído fue precisamente un estudiante, Jesús Acosta, de 23 años, muerto al recibir un balazo en la cabeza mientras bebía agua en su casa en La Isabelica, en Valencia. Su madre denunció que el proyectil partió de las brigadas de choque chavistas, que durante horas se enfrentaron a los opositores. Testimonios de vecinos y videos captados por ciudadanos confirman las embestidas de los paramilitares oficialistas.

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Otro balazo perdido acabó con la vida de Guillermo Sánchez, de 42 años, “un humilde valenciano que pintaba al frente de su casa”, describió el alcalde del municipio. Siete personas más resultaron con heridas de bala, incluso varias de ellas fueron atendidas por la Cruz Roja en circunstancias que más parecían las de una guerra de Oriente Medio.

En Mañongo, un barrio cercano, volaron los proyectiles todo un día para amedrentar a los vecinos y que no se sumaran a las marchas por parte de los grupos armados chavistas. Pero esta vez la peor parte se la llevó un sargento de la Guardia Nacional, que perdió la vida en los enfrentamientos. Varios de sus compañeros también resultaron heridos, incluso uno de ellos salvó su vida gracias al chaleco antibalas.

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Valencia se convirtió en uno de los territorios más conflictivos del país. Hace unas semanas, murió allí Génesis Carmona, Miss Turismo Carabobo, asesinada de un disparo que le entró por la nuca y le reventó el cerebro. Su familia y amigos culpan a colectivos revolucionarios, que dispararon sobre una marcha pacífica pocas horas después de que el gobernador, José Ameliach, les ordenó un “contraataque fulminante”.

“Voy a tomar medidas drásticas con todos estos sectores que están matando al pueblo de Venezuela”, dijo Maduro, quien anunció la convocatoria urgente del gabinete de seguridad. “Vamos a buscar a los asesinos a los francotiradores fascistas. ¿Hasta dónde quieren llegar los asesinos?”, añadió el presidente, que culpa a los opositores y protege a los colectivos paramilitares revolucionarios.

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“El presidente es autor intelectual de las víctimas de la actuación de grupos paramilitares al ordenarles apagar la candelita”, acusó Provea, una ONG de derechos humanos.

Los estudiantes de Caracas, en cambio, sí tenían muy claro hasta dónde querían llegar: hasta la Defensoría del Pueblo, para exigir el cese de su titular. Pero fueron atacados por los gases de la Guardia Nacional y no pudieron acercarse al edificio.

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El himno venezolano “¡Gloria al bravo pueblo!”, fue entonado luego por los estudiantes, mientras eran reprimidos brutalmente con bombas lacrimógenas a las puertas de la Universidad Central de Venezuela.

Los jóvenes no pudieron vulnerar el blindaje impuesto por el Estado contra su marcha, convocada al cumplirse el primer mes del 12F, en referencia al 12 de febrero, cuando tuvo lugar la protesta de los universitarios que acabó en una emboscada de efectivos de la Inteligencia bolivariana y paramilitares, que provocó la muerte de tres personas: los jóvenes opositores Blassil Dacosta y Roberto Redman, y Juan Montoya, líder de los colectivos revolucionarios, que vigilaba la marcha.

En tanto el chavismo sitió Caracas, declarada territorio prohibido para la oposición por orden de Maduro. Y ordenó un monumental despliegue de la Guardia Nacional y de la Policía Bolivariana. Ambos cuerpos de seguridad bloquearon todos los accesos al municipio Caracas Libertador, que comprende el centro y oeste de la capital, así como los organismos públicos y el palacio presidencial de Miraflores. Allí no se puede protestar ni pacíficamente, ni de ninguna manera…

Cientos de efectivos, tanquetas militares, paredes metálicas movibles, estaciones de metro cerradas, que, en cambio, se abrieron al paso de la marcha de los estudiantes chavistas, que pretendían solidarizarse con el gobierno de Maduro. Los universitarios oficialistas dejaron varias pintadas a su paso, algunas en clara contradicción con los pintorescos mensajes “de paz” emitidos desde el Gobierno: “Candelita que se prenda la apagamos a coñazos. El pueblo”. No hace falta gran análisis para entender el mensaje oficialista.

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Un peligroso estado de violencia desatado por las represiones oficiales contra protestas pacíficas se ha desatado en Venezuela, los manifestantes, sobre todo estudiantes siguen firmes aguantando palos, gases y la posibilidad de la muerte. Y el Gobierno apuesta claramente al amedrentamiento y el escarmiento a quienes levanten la voz.

Oscuro panorama el de Venezuela que fue perdiendo su democracia y no se puede vislumbrar aún en qué terminará este conflicto. Una situación lamentable que debemos seguir de cerca, tanto como la actitud que tome nuestro Gobierno frente a ella.

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