En política, hay que saber mirar lo que hay detrás de cada gesto o dicho
Atravesamos un año sin elecciones, lo que podría llevar a pensar a priori que la política ocuparía un claro segundo puesto, más aun cuando un nuevo gobierno ha comenzado su gestión.
Sin embargo la Argentina, tan particular como la vemos, tiene una inusual actividad política. La expresidenta Cristina Kirchner, a pocos meses de su retiro en el sur, volvió en clara actitud de campaña en medio de una tormenta judicial que la envuelve junto a medio gabinete, por casos de corrupción. Y quizá sea este avance de la Justicia, que durante años pisó abiertamente las denuncias sobre desvío de fondos, lo que terminó por acelerar su retorno. Lo que no implica que esta estancia en Buenos Aires sea el momento adecuado para salir abruptamente a recorrer distritos y villas de emergencia haciendo declaraciones, como lo hizo notar el senador Miguel Pichetto, hoy alejado (como el resto del PJ hace del kirchnerismo).
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Y como frutilla del postre, aquella foto que la militancia peronista esperó durante toda la campaña presidencial de Daniel Scioli y Cristina Kirchner, se produjo a ocho meses de la derrota, en el Instituto Patria, el nuevo reducto K. En medio de denuncias cruzadas más que un reencuentro pareció un abrazo de oso, que le valió a Scioli que siendo el vicepresidente del justicialismo, no lo convoquen ni a las reuniones.
Alguna vez hemos comentado en esta misma página editorial que, al fin, lo que más convenía al oficialismo macrista era un resurgimiento, aunque sea agónico, del kirchnerismo. Porque es en el terreno de los antagonismos donde el Pro sale mejor parado; el contraste entre los kirchneristas que envueltos en pesados hechos de corrupción, atacan duramente al presidente Mauricio Macri, no hace más que cristalizar la adhesión de amplios sectores sociales que, sin ser del Pro, hacen comparaciones inevitables.
Cuando sale Guillermo Moreno con sus modos autoritarios en televisión, diciendo frases como los movimientos sociales sabemos qué hacer si el Gobierno no reacciona o hace un spot con una olla de sopa casi sin fideos para ejemplificar la pobreza; cuando Diana Conti afirma que Cristina es imbatible, que Milagro Sala es una presa política o cuando Hebe de Bonafini se niega a ir a la Justicia a declarar y hace un acto de resistencia rodeado de Amado Boudou y otros procesados, en la Casa Rosada no pueden menos que saber que van cosechando adhesiones por el contraste.
En medio del ajuste que se generó desde el Gobierno y mientras se intenta salir del enjambre judicial que generó el tarifazo, la reaparición del kirchnerismo como actor político activo del escenario le alivia el mal humor social. Incluso ante declaraciones de Mauricio Macri respecto de los desaparecidos, que generaron no poco ruido en los medios de comunicación donde lo criticaron periodistas de todas las tendencias, al responder que no tiene idea si son 30 mil los desaparecidos o no, que no va a ingresar en el tema de la guerra sucia, el presidente ha optado por la sinceridad, es lo que piensa y no buscó la simpatía de quienes defienden a rajatabla los derechos humanos. Sobre todo por el término guerra sucia que ya no se utiliza, sino terrorismo de Estado, porque es lo que la Justicia ha determinado que sucedió en la Argentina. Sin embargo eligió decir lo que piensa y soportar la crítica.
La realidad es que para el peronismo este retorno de Cristina en forma apresurada es a destiempo, porque el Partido Justicialista está en pleno trabajo de reordenamiento de cuadros internos, dejando claramente atrás la etapa kirchnerista, y buscando evitar más desprendimientos de legisladores que se alejan para comenzar de nuevo en otro espacio. Y cierto es que la expresidenta hoy no permite que un 15 ó 20 por ciento de peronistas K vuelvan al redil y la unidad camino a las próximas elecciones, las legislativas del año que viene, se torne de momento poco probable.
Sobre todo porque frente a la derrota el peronismo aún no tuvo el tiempo para definir un nuevo liderazgo y Cristina, en cambio, conserva su núcleo duro, que ningún otro justicialista tiene. Ni Urtubey, ni Bossio, ni Florencio Randazzo tienen un sector importante interno hoy día; Scioli que conserva encuestas con mayores expectativas ¿irá con Cristina a las legislativas o terminará nuevamente en el PJ como hasta antes de la foto de la semana pasada?
Es una pregunta que aún no tiene respuesta, el encuentro puede haber sido sólo una foto o puede implicar el inicio del retorno a la vieja alianza. Si el PJ, por haber ido Scioli al encuentro de Cristina, sigue haciéndole el vacío, habrá una respuesta; si recompone con el peronismo del cual es vicepresidente puede haber otra.
Si el peronismo llegará a los comicios legislativos del año que viene dividido en dos opciones, el PJ tradicional y el kirchnerismo, el PRO tiene ya las elecciones ganadas. Puede comenzar a analizar la posición de Sergio Massa que será el tercero en discordia, pero con dos boletas peronistas en las urnas y con el Frente Renovador como otra opción, el macrismo se verá beneficiado. Por eso, entre otros motivos, le es tan útil que los personajes más cuestionados del kirchnerismo aparezcan en escena de cuando en cuando y haga alguna declaración rimbombante, de esas que cada vez alejan más a los electores independientes, a los propios peronistas y no hacen más que afianzar ese núcleo duro del 15 ó 20 por ciento, pero no más que eso.
Respecto de Massa -que según las últimas encuestas es el mejor posicionado individualmente- la reaparición del kirchnerismo tampoco lo benefició, porque mientras se retoca la grieta, los votantes se ubican en una vereda o en la otra y no les atrae la avenida del medio. Pero si mantiene los porcentuales que exhibe hoy el año que viene, tiene su chance como candidato a senador nacional.
Decimos que este no es un año electoral, sin embargo como vemos, lo parece. ¿Esta cuestión es positiva o negativa?
La respuesta, como en tantas cosas, es depende cómo se mire: si aceptamos que la política es la única herramienta válida de la democracia, no podemos menos que decir que es importante que haya actividad política permanente, en el Parlamento, en los partidos, que haya ideas que fluyan todo el tiempo, que surjan propuestas superadoras. Si miramos el lado oscuro de este metié, las picardías para aguar decisiones del oficialismo, los palos en la rueda estratégicamente puestos, podemos decir que es negativo. Pero estamos frente a una nueva etapa y la sociedad sabe distinguir, a esta altura, lo positivo y lo negativo de la política.














