En la guerra contra la inseguridad, el número no hace a la eficiencia
Pese a que la preocupación por la inflación galopante que tenemos habían desplazado en las últimas semanas a la inseguridad en los sondeos de opinión pública, el delito ha vuelto al tapete tras sucederse hechos de alto impacto mediático, si bien el flagelo nunca dejó de azotar crudamente a la sociedad.
Con un alto perfil dada la zona del acontecimiento y con un despliegue pocas veces visto, de más de 150 policías, entre ellos la tropa de elite del Grupo Halcón, todos pudimos ver ayer como eran revisadas -casa por casa- las 603 viviendas del country Los Lagartos, situado en el kilómetro 46,500 del Ramal Pilar de la Panamericana en busca de tres ladrones, de buen vestir, pelo corto y de 30 años, que asaltaron y tomaron como rehenes a tres familias que viven en inmuebles situados a pocos metros de las canchas de polo. Fue una intervención justificada pero, lamentablemente, pocas veces vista. Es decir, la respuesta de las fuerzas de seguridad no es así de contundente e inmediata en otros casos, cotidianos pero de más bajo perfil.
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Más cerca nuestro, en menos de 24 horas, Rosario y Villa Gobernador Gálvez fueron el escenario de cuatro crímenes, que activaron alarmas tras el inicio el lunes pasado del nuevo sistema penal en la provincia de Santa Fe. Al asesinato de Jorge Lavezzi, tío de Ezequiel, el jugador de la Selección argentina, se sumaron tres homicidios que están siendo investigados por los fiscales que forman parte del Ministerio Público de la Acusación.
Aun cuando los dos dueños de casa, en Mar del Plata, parecían víctimas fáciles de controlar, en especial la mujer, que se desplaza en silla de ruedas, cuatro delincuentes maniataron y golpearon a una pareja de jubilados a la que le robaron una mínima suma de dinero. El hombre, como consecuencia de la agresión y el mal momento vivido, sufrió un paro cardíaco en la cama donde lo habían atado los ladrones, que así aceleraron su huida y permanecen prófugos.
En Pergamino, sin muertos que lamentar, también estos días ha habido hurtos a viviendas y un resonante robo a un comercio de la Avenida de Mayo. Y estas son sólo muestras de un andamiaje delictivo que se extiende, sin solución de continuidad, frente a una estructura policial y judicial que, como decíamos en nuestro comentario de ayer, presenta falencias y obsolencias.
El caso del country Los Lagartos es emblemático del momento que vivimos. Según fuentes policiales, un grupo de tres delincuentes armados con pistolas y a cara descubierta irrumpió en tres casas, maniató a las familias y se apoderó de computadoras portátiles, ropa y joyas.
Sin embargo, algunos vecinos consultados indicaron que fueron cuatro las viviendas asaltadas y que los delincuentes se apoderaron de 70.000 dólares que estaban en la caja fuerte de una de las casas, varias computadoras y 20.000 pesos que pertenecían a otro propietario.
Tan importante fue el despliegue policial en el country Los Lagartos que dos helicópteros aterrizaron en las canchas de polo, luego de realizar un patrullaje aéreo con el fin de localizar a los sospechosos, ante la posibilidad de que hubieran escapado por el fondo de las canchas de polo hacia otro barrio privado. Ante la imposibilidad de determinar si los delincuentes huyeron, la principal sospecha de la Policía apuntó a que los asaltantes se quedaron en el country, posiblemente en una casa alquilada para poder realizar tareas de inteligencia.
Insistimos con que, ante el riesgo de que hubiera familias tomadas como rehenes en otros puntos del predio, el accionar descomunal estaba justificado, sólo que surgen algunos cuestionamientos como, por ejemplo, si se ejerce con la misma vehemencia en zonas más desfavorecidas, donde el peligro está siempre presente; si llegan a estas áreas los recursos que se vieron en el country o la pregunta sobre cuán desprotegido quedó el Conurbano durante las horas que duró el operativo que congregó a más de 200 uniformados entre todas las divisiones participantes.
Pero pese a los esfuerzos y los enormes despliegues, la Policía no logró detener a ningún sospechoso. Tampoco hallaron rastros del Audi negro o gris oscuro en el que supuestamente se habrían trasladado los delincuentes dentro del country.
No es buena noticia que ni siquiera con tanto despliegue logren apresar a los delincuentes, porque eso confirma las sospechas que más de una vez hemos volcado en esta página editorial: los ladrones vienen ganando la guerra contra la inseguridad y eso, la verdad nos preocupa enormemente.
También queda claro con este caso que no sólo el crecimiento numérico de las fuerzas de seguridad hace al control del problema; en todo caso contribuirá a la tarea preventiva. Más bien el éxito –o al menos la mejora- vendrá de la mano de condenas ejemplares, sin garantismos, que mantengan a la delincuencia alejada de la gente de bien y, al mismo tiempo, disuadan a quienes pretendan incurrir en la criminalidad.













