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En el peronismo pasan cosas detrás de los telones

06 de junio de 2018 a las 12:00 a. m.

Ya había un minué evidente entre los sectores del peronismo no K pero haber ganado la votación en el Senado ante el Gobierno por la ley de tarifas, consolidó posiciones y le comenzó a dar cierto espesor a un armado sobre el que se viene trabajando.

Y es así como, ya sin tanto tapujo, el PJ federal y el massismo iniciaron el armado electoral de cara a 2019. Porque están convencidos que, al fin, la sociedad superará la grieta, dejando de lado a Cristina Kirchner y a Mauricio Macri. Es una hipótesis que les es conveniente a sus intereses, aunque en las encuestas, la realidad es que ninguno de los dirigentes de este espacio mide lo que Macri en el oficialismo o Cristina en la oposición. Pero en medio de los vaivenes económicos que vivimos en la actualidad, hay espacio para tener expectativas.

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Los gobernadores del PJ que antes de la gran corrida cambiaria y la vuelta de Macri al FMI planeaban esquivar  2019, conservar sus territorios y esperar otra vuelta, se envalentonaron ahora y no es para menos. El Gobierno sigue desgastándose a medida que la inflación no cede y el dólar se dispara. Ya la reelección de Cambiemos no es número puesto y el lema instalado es “hay 2019”.

Los kirchneristas se alejan también de este “peronismo blanco” (como le dicen), “lavado”, que busca parecerse en algunos costados al macrismo, sobre todo en imagen y comunicación. Para los K es un problema que surja este sector, sin dudas, porque con Cristina no se puede encarar con mucha suerte una segunda vuelta, pero se asientan en otra realidad: la expresidenta tiene muchos votos en la provincia de Buenos Aires, el territorio más populoso del país. Mucho más que los que varios gobernadores reúnen, aun ganando, en sus provincias. En este punto se plantea una duda histórica: ¿una elección la define la clase media o el conglomerado del Conurbano? Si hoy fueran los comicios, quedaría clara la disyuntiva. Porque mientras el Conurbano sigue prendado (y prendido) de Cristina, la clase media no quiere saber nada con ella pero tampoco soporta un punto más de inflación, por lo que seguramente encontraría en este peronismo “blanco” su opción.

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Aunque no se hayan sacado la foto juntos, todavía, los personajes que lideran este sector son Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey, Miguel Pichetto, Florencio Randazzo, en un primer escalón, sostenidos por los gobernadores peronistas, donde hay un claro ascendente de los más experimentados como Juan Schiaretti (Córdoba) y Carlos Verna (La Pampa). Y alfiles clave en el Congreso como Diego Bossio, Pablo Kosiner y Graciela Camaño en Diputados, y Carlos Caserio en el Senado.

El equipo económico tiene una impronta massista, ya que hay un grupo dirigido por Miguel Peirano, seguido por Marcos Lavagna, Diego Bossio, Javier Alvaredo, Marcelo Bosch, Guillermo Michel, Sergio Chodos, Santiago López Alfaro, Roberto Arias y Eduardo Setti. Y también Aldo Pignanelli. En tanto Roberto Lavagna se mantiene al margen del día a día, pero entra y sale por algún tema específico. Pero el dato que más alienta al PJ “blanco”; es un estudio sobre fuerzas políticas, Unidad Ciudadana, Cambiemos, la izquierda y el “peronismo no kirchnerista”, que les dio 20 puntos, dicen. Es peligrosa la encuesta porque no tiene nombres y últimamente, sobre todo los sectores medios independientes, votan personas más que siglas. Pero les demuestra que hay un terreno para empezar a construir.

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Y en esta construcción que va cosechando adhesiones se ilusionan con romper la dependencia del kirchnerismo, por eso la condición para seguir avanzando es dejar afuera a Cristina. Entienden que si bien tiene muchos votos bonaerenses, hay que cargar con las pesadas mochilas de las denuncias, los procesados y los presos por corrupción.

Por el momento hay dos grandes grupos. De un lado, “los del Interior”: gobernadores y legisladores que privilegian el armado territorial, donde cada mandatario provincial asegure su distrito. A Urtubey (Salta), Schiaretti (Córdoba) (los dos perdieron las legislativas pasadas) y Verna (La Pampa) se suman, con menos protagonismo, Sergio Uñac (San Juan), Juan Manzur (Tucumán), Domingo Peppo (Chaco) y Gustavo Bordet (Entre Ríos). Los que por ahora están afuera del esquema son los K Lucía Corpacci (Catamarca), Gildo Insfrán (Formosa) y Alicia Kirchner (Santa Cruz).

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El otro grupo, los bonaerenses, lo componen Sergio Massa y Florencio Randa-zzo. En esta etapa, además de la alianza legislativa del Frente Renovador con el bloque Argentina Federal, Massa y Randazzo tienen el gran desafío de construir algo en la provincia de Buenos Aires, el punto débil del espacio y el fuerte de Cristina.

Lo que se debate a estas horas en el espacio es si partiendo del peronismo se arma una alianza o directamente se crea un frente con partidos provinciales como el socialismo de Miguel Lifschitz y el GEN de Margarita Stolbizer. Algunos hasta fantasean con el presidente de San Lorenzo, Matías Lammens y hasta el mismo Marcelo Tinelli.

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Como se verá, nuevamente se recurre a una práctica histórica de la Argentina: accionar en términos electorales. ¡Cuándo llegará el día en que el resultado de una elección venga por añadidura a una buena actuación! Así debiera ser, de modo que si la oposición juega bien su rol (esto es desde la crítica constructiva y la actitud proactiva), sea por decantación que acceda a ser gobierno. De igual manera, si un grupo en el poder hace bien lo suyo, sea ratificado, sin recurrir previamente a medidas demagógicas y clientelismo a costa del Estado.

Han pasado los años, las generaciones, ha cambiado la mentalidad del votante, pero nuestros políticos siguen con el “chip” del Siglo XX, insumiendo largas horas y amplios recursos en esta “rosca” con fines electoralistas que la gente ya no “compra”.

Lo que hará sobrevivir a este espacio peronista y le dará mayores chances en 2019 es hacer bien lo que hoy les corresponde: gobernadores en sus provincias, intendentes en sus municipios y pisando fuerte en el Parlamento los legisladores. Y en este punto mostrar algo más que lograr la unidad para rechazar inconstitucionalmente un aumento de tarifas que se sabía que no prosperaría. Lo que se espera es coherencia y sentido común, una oposición que no solo practique el deporte de poner palos en la rueda y que, encima, actúe irresponsablemente como lo hicieron la semana pasada, pretendiendo frenar una medida del Ejecutivo, lo que dejaría un tremendo agujero de recursos y sin plantear al mismo tiempo cómo se sostendría la decisión de retrotraer tarifas. Demagogia pura, de manual. Ya la de jugar a ser los buenos de la política no cosecha votos en el elector del Siglo XXI.

Para este sector, para el kirchnerismo y para el mismo oficialismo, la fecha de largada de la carrera más virulenta en términos de campaña comienza después del mundial. En ese momento se correrán todos los telones y podremos ver a las cabezas visibles de la próxima presidencial.

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