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En Argentina, como en Cuba y Venezuela

23 de enero de 2014 a las 12:00 a. m.

Nuevas medidas se anuncian diariamente desde el Gobierno pero ninguna de las mismas atina siquiera a parecer una solución para alguno de los muchos problemas económicos que tenemos. Ahora se decidió poner nuevas trabas a las compras en el exterior a través de Internet, una práctica de lo más habitual en todo el mundo, fruto de las bondades que ofrece la tecnología. En casi ningún país es un problema, salvo por Argentina, Venezuela y Cuba. 

La modalidad es tan extendida que ha permitido situaciones antes inconcebibles, como que un chino pueda comprar y recibir en su casa los clásicos alfajores marplatenses o que nosotros podamos degustar una Sacher Torte original, preparada con la receta suiza que tanto gustaba a Sissi, la emperatriz. Así de conectado está el mundo. Sólo que aquí ahora está no impedido pero sí penalizado económicamente.

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La Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip) determinó que todos los compradores deberán completar una declaración jurada antes de cerrar la operación y además tendrán que acceder a una clave fiscal de nivel de seguridad 2. Hasta aquí, todo bien, pero la medida trae aparejado además un incremento de hasta un 50 por ciento en los costos de la mayoría de las operaciones, que se sumará al recargo del 35 por ciento que ya regía para todas las compras hechas con tarjeta en el exterior. De esta manera, un producto que al cambio oficial costaba 100 pesos en un portal chino, le terminará costando al comprador argentino hasta 185.

Lo primero que se logrará con esta resolución es la disuasión, puesto que los costos agregados para comprar por Internet no justificarán la adquisición. Convengamos que la gente no compra un auto por la Web, sino que simplemente llega a lo sumo a gastar unos 500 dólares en algún producto electrónico (que, dicho sea de paso, por otras trabas suelen no conseguirse en el país) o en indumentaria; nadie se arriesga a operaciones de gran valor por esta vía. Es decir entonces, que esta medida funcionará como una forma de decir que el Gobierno no prohíbe pero en la práctica lo que hace es inviable la compra.

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Este impuesto del 50 por ciento, además, no podrá ser descontado del pago de impuesto a las Ganancias, como sucede con el recargo del 35 por ciento que se implementó hace un par de meses para las compras en el exterior. Es decir, tiene las características de un recargo, una penalización.

Quizás el Gobierno se asustó porque en 2012, unos 700.000 argentinos hicieron una compra en el exterior por Internet y el año pasado la cifra creció a 1,5 millones. Sin embargo no se cuestiona el porqué de este crecimiento que, en parte, tiene que ver con una tendencia mundial y no con una intención de evadir, como este Gobierno –que suele sentirse perseguido- interpreta. Si algo puede cuestionarse es justamente que por sus propias medidas muchos productos no se consiguen en el país y la gente opta por comprarlos afuera. Después están los precios, y la libertad de cada uno de comprar dónde le plazca. Claro que deben pagarse impuestos de nacionalización, pero los que ya están vigentes. Lo demás, está de más y roza la inconstitucionalidad.

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Que 1,5 millones de argentinos realicen compras on line tampoco es el problema, no es allí donde está la fuga de dólares y mucho menos su corte implicaría una solución a este permanente goteo. Estamos hablando de una actividad que realiza alrededor del 4 por ciento de la población por un importe no mayor a 500 dólares cada vez. Es decir, en la línea gruesa no son las compras por Internet la causa de la fuga de dólares de la Argentina.

Esta regulación parece más de carácter ideológico que práctico, porque nuestro país necesita el ingreso de dólares que se debe generar a través de la venta de la producción agraria que aún no se ha producido en su mayor parte y fundamentalmente porque no aparecen inversiones de ninguna especie desde el exterior. ¿Y quién va a venir a invertir aquí y generar puestos de trabajo, con semejante marco legal?

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Para ponernos en tema: la percepción sobre los negocios en el país está lejos de la media. Rusia encabeza la tabla de expectativas (53 por ciento), seguida por México (51 por ciento) y Corea del Sur (50). Brasil quedó por encima de la media (39), con 42 de valoración positiva. Entre los de peor calificación están Venezuela (25), España (23), Francia (22) y la Argentina, con un magro 10 por ciento.

Esto no se produce por ninguna cuestión secreta ni mágica sino por las principales amenazas económicas para el crecimiento de sus empresas que son la sobrerregulación, la respuesta del Gobierno al déficit fiscal y a la carga de la deuda y la volatilidad del tipo de cambio. Además, para los empresarios, los crecientes costos laborales y la corrupción son las principales amenazas del negocio para el crecimiento de la empresa.

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En este panorama no son las compras de relojes o de un par de zapatillas en Internet lo que modificará la cuestión, como es fácil advertir.

En el mismo sentido, y ante la sucesiva escalada de la cotización paralela del dólar, el Gobierno prevé nuevas medidas que frenen un mercado que cada día crece más, sobrevolando los 12 pesos.

“Las acciones del Gobierno obviamente no las va a divulgar anticipadamente”, dijo el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, pero dejó abierta la puerta para que próximamente se comuniquen nuevas políticas. “Todo lo que sea de carácter ilegal vamos a combatirlo con una sola herramienta: la ley”, aseguró el funcionario desde la Casa Rosada.

Frente al cepo al dólar que generó la aparición del paralelo o “blue”, pretenden que la Policía persiga “arbolitos” y vigile puertas de casas de cambio. Mientras tanto, cuando la Afip permite la compra de divisas por motivo de viaje, y carga un 35 por ciento más en concepto de percepción, ese porcentaje no aparece registrado en la autorización expresa que se emite sino que hay que pagarlo en la ventanilla del banco. ¿Y eso no es también en negro? Si la Afip lo cobra, ¿por qué no lo registra?

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Hay demasiada gestualidad, demasiada ideología y muy poco de criterio técnico en las continuas resoluciones económicas. Todo por no asumir los costos de tomar las medidas que se hacen falta para mejorar la situación, aunque estas sean ortodoxas y el Gobierno sea heterodoxo en materia económica. 

No se puede tapar el sol con un dedo, se dice popularmente, como no se puede hacer que la Argentina de 2014 vaya a contramarcha del mundo, de la mano de Venezuela y de una Cuba que cada vez más se inserta en la realidad, porque no puede sostener su aislamiento.

Internet nos puso el mundo en nuestras manos, no va a ser precisamente Echegaray el que nos lo saque. 

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