Emotivo encuentro entre Raúl Acosta y Francisco
DE LA REDACCION. El misionero itinerante para la sanación interior, tal como se identifica el padre Raúl Acosta, es quien cada domingo llega a nuestros lectores con “La Palabra de Dios vivifica”, un espacio que tiene como fin la meditación y la difusión católica, especialmente para quienes por alguna razón no pueden acercarse al templo para participar del oficio de precepto.
Esta vez ocupa un espacio diferente de la edición para relatar la experiencia vivida el día que tuvo la posibilidad de saludar al Papa Francisco.
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Emocionado, el sacerdote contó a LA OPINION algunos pormenores del encuentro.
Hasta Roma
Acosta llega a Roma junto a un grupo de peregrinos de Buenos Aires que le pidieron que los acompañe como capellán. La peregrinación era a Medugorje, lugar de las apariciones de la Virgen Reina de la Paz, en Bosnia. Pero hubo un agregado de último momento: habría una escala en Roma para un encuentro con el Papa Francisco.
“El 25 de septiembre, mientras en San Nicolás se reunía una multitud para celebrar los 30 años de las apariciones y mensajes de la Virgen a Gladys (Motta), nosotros fuimos temprano al Vaticano para hacer largas horas de espera. Era miércoles, día de audiencia general del Papa. La Plaza San Pedro estaba de bote en bote. Nosotros fuimos a nuestra ubicación, detrás del lugar donde habla el Papa a los peregrinos y al mundo. Allí nos ubicaron en primera fila. Detrás de nosotros estaban las novias con sus trajes. Se trataba de parejas que se han casado y vienen a Roma para que el Papa los bendiga. Todos los miércoles es así, y es un espectáculo aparte, ese encuentro y esa bendición con toda calidez de cada pareja. Una maravilla”.
“El y yo”, nadie más
Prosiguiendo con su cálida narración, Acosta detalló: “Cuando el Papa concluyó el mensaje y la oración vino hacia nosotros. Cuando estuvo delante de mí, él y yo frente a frente, cerca la cara uno del otro para poder hablar y escucharnos bien, para mí el mundo desapareció. Eramos los dos y nadie más. Le dije lo que tanto quería decirle: que bendiga él como pastor de toda la Iglesia la misión que estoy haciendo. Quiero que esta misión entre a la Iglesia, que la Iglesia nos reciba. Le conté que mi obispo, Héctor Cardelli, me dejó libre de parroquia para dedicarme a esta misión de la sanación interior. El año pasado recorrimos media Argentina con el Taller de Sanación Interior. Nos recibía gente muy atenta, ateos, de otras religiones, psicólogos, abogados y jueces, gente que ha estado en la represión como víctima y otros como victimarios, de toda clase social y de géneros diversos.
“Pero este año decidí entrar en la Iglesia. Para eso le pedí su bendición”.
Todo cambia
Por último el sacerdote destacó que a partir del momento en que mantuvo contacto con Francisco, todo cambió en su vida: “Se están abriendo puertas que hasta ahora permanecían cerradas. Se cumple la Palabra de Jesús a Pedro, el primero de los Papas: ‘Lo que ates en la Tierra será atado en el Cielo. Y lo que desates en la Tierra será desatado en el Cielo’”.
Dicen los romanos, vecinos privilegiados del Vaticano, que con Francisco llegan muchos más peregrinos a Roma. El padre Raúl coincide y agrega: “Francisco está inaugurando otro tiempo, no solamente para la Iglesia, para el mundo. Es un gran regalo que Dios nos hace.
“Lo que irradia el Papa argentino, se irradia desde Roma para el mundo entero. Su palabra todos la entienden, sus gestos transforman las actitudes, y su presencia irradia verdad y armonía. ¡Grande el Papa Francisco! Un sol que ilumina la vida y da ganas de vivir.
“Que a ustedes, lectores, les alcance y los llene de paz la bendición del Papa Francisco”.
















