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El fin no justifica a los medios

21 de noviembre de 2017 a las 12:00 a. m.

Desde el miércoles los canales de noticias están casi exclusivamente dedicados a la desaparición del submarino ARA San Juan, que lleva a 44 personas de tripulación. La verdad es que la sociedad está pendiente de la problemática, no solo porque los medios están permanentemente sobre el tema sino también porque son asuntos que sensibilizan. En redes sociales hay cadenas de oración, por ejemplo, pidiendo por el destino de estas familias argentinas que, a estas horas todavía no sabemos dónde se encuentran. Hay también solidaridad internacional en estos casos, armadas de otras naciones colaboran, empresas privadas que ofrecen su tecnología, poniéndose a disposición de las autoridades nacionales. Es parte de los códigos no escritos de las relaciones con otros países.

Escribimos estas líneas con la expectativa de que cuando estén impresas y en las calles, el ARA San Juan esté localizado y con sus tripulantes a salvo. Aun con ese desenlace feliz que todos deseamos, este episodio de la historia argentina ya está dejando aspectos para un análisis crítico de todos nosotros como sociedad y de los medios de comunicación en particular.

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En esta necesidad de llenar horas de “aire”, y si es posible con primicias de alto impacto, estos días se han convertido en un desfile de periodistas “especializados” en “submarinología”, si existiera el término. A ellos se suman las voces de otros que, conociendo en la materia, no están inmiscuidos en el caso en cuestión, no son parte de la búsqueda, ni están en la fuerza actualmente, opinando y cuestionando sobre lo que se realiza. Así es que se escuchan versiones, valoraciones, críticas y, lo que es peor, de tanto en tanto aparece una información “de último momento” y “exclusiva” proveniente de una supuesta voz no oficial sino oficiosa, que habla de algún dato que “se filtró”.

En este sentido hay que diferenciar lo que es materia opinable de lo que no, de lo que puede abrir al juego periodístico de las conjeturas de lo que es contraproducente en términos de bien informar a la sociedad y, sobre todo, no dañar ni confundir a los allegados de los tripulantes. 

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Salvo cuando los voceros de las Fuerzas Armadas hablan, el resto de lo que se escucha no es más que habladuría que responde a esta necesidad de ocupar horas con el tema y tener algún dato diferencial de los medios colegas. Y, a sabiendas de este interés de los medios, no faltan quienes se acercan a estos medios diciendo tener algo que decir, alguna versión escuchada de pasillo o que supuestamente se filtró. Por afán de protagonismo o, quién sabe, en busca de algo de dinero a cambio de la supuesta primicia.

Todo parece estar primero y por encima de lo más importante, que es que se pueda hallar el submarino. Si oficialmente, se brinda un parte informativo de lo que hay o lo que se puede informar, los medios buscan más, como si ello fuera de utilidad al fin. Se quejan también de que se les brindan pocos datos y suponen que hay más que se está ocultando. ¿Y si así fuera? ¿Por qué no considerar que los que deben estar informados y de primera mano, no a través de los medios, son los familiares? 

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La desaparición de un submarino es, en principio, una cuestión no opinable. No estamos en una guerra como para adjudicar a alguien actitudes deliberadas para que la nave desaparezca. Hay sí cuestiones técnicas que se pueden evaluar, de las que todos somos ignorantes porque el 99.9 por ciento de la población nunca estuvo ni cerca de un submarino, incluyendo a los periodistas que ahora parecen eruditos. Esta ignorancia generalizada es la que a su vez lleva a que se tomen como válidas versiones que se obtienen en off y de voces no oficiales. Por eso, lo correcto siempre, pero más en un tema tan delicado, es valerse de los partes oficiales. Y sin son escuetos, no asumir que es porque se quiere ocultar datos y en consecuencia salir a buscarlos por todos lados. Seguramente es la información que hay o bien la que se puede decir. Recordemos que hay familias y amigos que tienen más derecho a la primicia que cualquiera de nosotros.

Una vez más, la necesidad de llegar más de 12 horas diarias (porque el resto de las 24 es repetición de lo anterior) transforma en caníbal al periodismo. Si a eso le sumamos que buena parte solo asume los derechos a la libertad de expresión pero no atiende a las responsabilidades de lo que informa, el combo es completo.

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El vocero de la Armada, Enrique Balbi, tuvo que desmentir los siete intentos de llamadas satelitales detectadas el sábado pasado, afirmando que no provinieron del submarino que se busca. Con este tema, falso, como es a todas luces se llenaron varias horas de aire. La responsabilidad, el rigor informativo y la cuestión humana, una vez más, no pudieron contra el periodismo caníbal que privilegia todo menos eso. Hubo un irresponsable que hizo correr ese dato supuestamente obtenido de fuentes oficiales, y luego otro que, desde el podio de la primicia noticiosa lo tomó y lanzó a los cuatro vientos para que el resto de los medios lo tomara y replicara como verdad revelada “en exclusiva”.

En la desesperada búsqueda de primicias la Armada Argentina reconoció una novedad dada con bombos y platillos en los medios de cable, diciendo que el submarino ARA San Juan había sufrido una avería en su derrotero, puntualmente un cortocircuito en las baterías. La informó el comandante del submarino el miércoles y por eso se les hizo cambiar el rumbo, sin embargo se aclaró que esto no se vincularía directamente con la desaparición del navío. Se trató de un problema de las baterías, un cortocircuito, por lo que el ARA San Juan salió a superficie para comunicar la situación. Nuevamente por desconocimiento en la materia, se lanzó la hipótesis y la acusación que de que el submarino había ya partido en malas condiciones y que ese era el motivo de la desaparición. Todo con los conocimientos que cualquier civil puede tener de un submarino, que son nulos, por eso la falta de una batería se tomó como una avería irremediable, cuando en realidad la nave cuenta con 96. Nuevamente tuvo que salir la Armada a explicar, pero mientras tanto se seguía batiendo el parche en algunos medios con la tragedia de una batería quemada que, según explicaron, es como si en una oficina se quema una lamparita.

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Humanamente se están haciendo todos los esfuerzos de búsqueda aun con estas condiciones climáticas, aun a riesgo de perderse vidas en el objetivo de encontrar el ARA San Juan, y al mismo tiempo se están cometiendo todas las imprudencias humanas posibles en nombre de “mantener informada” a la comunidad. Pero, finalmente, terminan haciendo todo lo contrario, porque el verdadero interés es otro. Y aun suponiendo de que el real interés sea el de informar, el loable fin no justifica tirar al aire todas las versiones y datos que circulan por ahí.

La falta de chequeo de la información es un tema técnicamente muy complejo y humanamente muy sensible, sobre todo para las 44 familias que ojalá estén solo en contacto con las autoridades de la Armada, lejos de tanta profusión de información incorrecta, falsa o propia de quienes no conocen nada del tema pero están horas elucubrando frente a la cámara y los micrófonos hablando de lo que en realidad no saben. De este modo, los datos duros se desdibujan bajo el peso de tanta información cruzada, buscando primicias que a veces no existen, porque en realidad bien podemos estar frente a un accidente, sin otros condimentos que parecen hacer las delicias de algunos comunicadores.

Cosas similares ocurren alrededor de Comodoro Py, es tanta la desesperación por la primicia que muchas veces adelantan jugadas judiciales que pueden terminar perjudicando la marcha de una causa. En este sentido, los magistrados están iniciando investigaciones para conocer el origen de tantas filtraciones, sean datos claves o fotos. Porque insistimos, lo que falta es que anticipen una noche antes los allanamientos a realizar y el resultado entonces se vea comprometido. La Justicia no es un show y todo lo que sucede a su alrededor es grave, sean casos de corrupción o delitos entre privados. Y sin dudas que en unas horas más se podrá informar de detenciones y otras alternativas sin lanzarlo al aire en forma anticipada, poniendo en riesgo la operación.

Podemos entender que estén atentos a las primicias, es natural en el ambiente periodístico; lo que no es normal es que se vayan abandonando los resortes de responsabilidad que hacen a los chequeos de lo que se comunica, a la veracidad de lo que se informa, a cumplir con cánones éticos que son base de la tarea de los medios. Lo que viene sucediendo con la ARA San Juan es un muestrario de lo que no se debe hacer.

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