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El día que el presidente vino pero “no vino” a Pergamino

30 de junio de 2016 a las 12:00 a. m.

La muy buena noticia del arribo del presidente Mauricio Macri a Pergamino, el pasado martes, fue la puesta en marcha de una planta de fertilizantes producto de una alianza entre la local Rizobacter y la francesa De Sangosse; y el lado criticable, que dejó un sabor amargo entre los pergaminenses, es que podría decirse que el mandatario no estuvo en Pergamino. ¿Cómo se explica? Llegó al acto vía aérea, no tomó contacto con los medios de prensa, no visitó a las autoridades locales, no se reunió con ningún referente institucional, no recorrió la ciudad, en síntesis no hizo sentir a los pergaminenses que el presidente los estaba visitando. 

Y como dato casual, ese mismo día estaba pisando la tierra natal del presidente símbolo de la honestidad y la transparencia, como lo fue Don Arturo Illia, exactamente cuando se cumplían 50 años del derrocamiento de su gobierno, y Macri no hizo ni una sola alusión a ese acontecimiento. Es de suponer que el presidente sabe que Illia es pergaminense y a los habitantes de este suelo seguramente les hubiera gustado que el actual presidente hiciera al menos una mención in situ, máxime cuando en horas de la tarde del mismo día Macri encabezó un acto en la Casa Rosada en homenaje a Don Arturo. 

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Concretamente pareciera que el estilo de Macri es el de llegar a un lugar con un objetivo claro (en este caso encabezar una ceremonia de inauguración), cumplirlo y salir raudamente hacia otro rumbo, sin inmiscuirse al menos por unos minutos en las cuestiones que son propias de una comunidad. Tal vez no esté mal que se maneje así porque los tiempos que dispone un presidente son muy distintos a los del resto, pero el problema es la gente que espera un gesto, un acercamiento, una voz que lo aliente o lo tranquilice. Y como nexo están los medios de prensa, que necesitan el testimonio, aunque sea escueto, de una personalidad tan importante cuando llega a su territorio. No son muchas las ocasiones en las que los medios del interior, como los de Pergamino, tenemos la posibilidad de estar cerca de un presidente de la Nación, por eso cuando se dan circunstancias como las del martes, y el mandatario ignoró todo lo que estuviera a su alrededor, queda una sensación de abatimiento, por haberse generado expectativas inútilmente, porque el personaje del que se esperaban al menos unas palabras, no se dignó a dedicarles ni siquiera dos minutos. Y no es que los medios quieren las palabras para consumo interno de las redacciones sino que es porque saben que sus lectores, oyentes o televidentes quieren saber qué dijo Macri sobre Pergamino.

Muy diferentes son los tiempos de campaña, cuando los candidatos piden hablar con la prensa.

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No estamos sugiriendo alguna especie de desaire de Macri hacia nuestra ciudad en particular, probablemente sea una práctica habitual  la de este presidente, como lo fue también para Daniel Scioli cada vez que vino como gobernador, pero los habitantes de ciudades como Pergamino esperan otro trato cuando llega una personalidad tan representativa y a la que, de otro modo, no tienen acceso. Lo mismo que los medios sienten que quedan en deuda con su gente porque no pueden tener la palabra de la figura.

El martes, en al acto en la planta de Synertech, solo había periodistas de Pergamino y de la región que, respetuosamente, trataron de conseguir la palabra del presidente, a través de sus colaboradores. No somos muchos ni malintencionados, lo pretendido no le hubiese insumido al jefe de Estado más de 10 minutos de su ajetreada agenda. Pero todo fue en vano.

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Al fin de cuentas pareciera que los representantes máximos no se sienten cómodos cuando salen de sus lugares habituales. 

Cuando esto mismo sucedía con Scioli, que venía pero no tomaba contacto con nadie, ni recorría la ciudad, se hablaba de que le incomodaba Pergamino por su fallido paso como empresario junto a su esposa, que había dejado algunas cuestiones pendientes. También estaba la creencia de que el distrito era gobernado por dirigentes de otro signo político y que por eso había como una suerte de desprecio o castigo. Pero nada de eso pasa con Macri, porque es un dirigente que tiene en Pergamino uno de los índices más alto de aceptación y además tiene en la misma línea política a la gobernadora y al intendente. 

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Pareciera entonces que es una cuestión de no sopesar que para los habitantes de una ciudad del interior como Pergamino es muy relevante la llegada de un mandatario; lógicamente para un mandatario no tiene la misma importancia pero sí supiera la diferencia que hace en la gente la actitud sería otra. Nuevamente vale aclarar: no decimos que hubo una mala predisposición sino que primó la cordialidad, nos referimos más bien al espíritu de estas visitas que no son visitas, donde el presidente se lleva lo que necesita (porque la buena noticia de Rizobacter y su presencia se replicó en todos los medios merced al aparato de prensa oficial) y los ciudadanos se quedan sin nada de un hecho que siempre es histórico y referencial como lo es una visita presidencial.  

Algunos memoriosos recordarán que hacia fines de la década del 1980 vino a Pergamino el entonces presidente Raúl Alfonsín, para inaugurar una planta de Asociación de Cooperativas Argentinas, y que se habían generado enormes expectativas con esa visita. Pero pasó lo mismo que este martes con Macri: bajó en el Aeroclub, fue al acto en cuestión, no habló con la prensa ni con nadie, saludó y volvió a tomar vuelo.

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En fin, parece que esta situación es de práctica desde hace más de 30 años, pero desde este lugar no vamos a dejar de plantear la disconformidad, porque lo que se reclama en definitiva es cierto acercamiento a una comunidad que espera que sus gobernantes sean personas más receptivas, más cercanas a los afectos y fundamentalmente que le pongan la cara a los problemas, brinden una palabra de aliento para los que esperan soluciones y que, a la par de enumerar sus logros, sean sinceros ante aquellas cuestiones que lo superan.

También lo planteamos con la esperanza de que alguien en el entorno presidencial o, quién dice, el propio Macri, conozca la visión del ciudadano de una cuestión que, con toda seguridad, él cree que lo caracteriza positivamente: esto de moverse de aquí para allá, haciendo presencias en todos los puntos cardinales, en cuestión de horas. Cierto es que lo diferencia de Cristina (y adivinamos que esa es la intención) que dejaba la Casa Rosada solo para asistir a actos con presencia militante garantizada, caso contrario, hacia videoconferencias. Pues tampoco deja un buen recuerdo que un presidente diga “dos palabras” de rigor y abandone la ciudad apenas se está cerrando el aplauso general. Lo hace para ir a otro lugar, no huyendo, eso está claro. Pero no está bueno. Solo 10 minutos pudieron haber hecho la diferencia. 

 

El país es muy grande y a lo largo de una gestión es imposible que un presidente llegue a cada una de las ciudades. Por eso cada vez que se da una oportunidad como esta, lo que se pide es que la visita sea más integral y de mayor calidad para darle, si se quiere, ese gesto paternal que una comunidad del interior espera de su máximo mandatario.

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