El debate por el aborto, en la dimensión pragmática y de los valores
Argentina va a debatir en estos meses un tema que ha sido claramente tabú durante décadas. La posibilidad de contar con una ley que despenalice el aborto tiene adherentes y detractores, como sucede con toda norma que más allá del pragmatismo en su aplicación, alude a valores humanos muy profundos, como el derecho a la vida. De modo que no será fácil llegar a un acuerdo en esta espinosa cuestión.
En principio para poder abordar el tema, debemos establecer un parámetro concreto que da sustento a las posturas a favor o en contra del aborto libre: ¿qué consideramos que es el niño por nacer? Los católicos y aquellos que se paran en los grupos pro vida, consideran que la vida comienza desde la concepción hasta la muerte natural, de modo que el aborto o la eutanasia son considerados crímenes.
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Las organizaciones feministas, en la línea gruesa, y las pro aborto consideran en primer lugar el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, antes que considerar los derechos del feto al que no consideran persona porque no ha nacido.
Esto que planteamos en apenas una pincelada sobre las posturas a favor o en contra lleva a debates muy intensos por la dimensión moral y las implicancias de cada una de estas posturas. En ellas no surge solo la preferencia sobre si están de acuerdo o no con el aborto libre y gratuito, sino que se trata de miradas que terminan siendo diferentes respecto de la vida, la familia, la sociedad.
Lamentablemente, en el plano pragmático no se puede negar que, legal o ilegalmente, el aborto existe. Se practica en todos los países, haya autorización o no para hacerlo y la verdad es que el aborto clandestino se torna peligroso para la vida de las mujeres más pobres, que se someten a esta práctica en condiciones sanitarias deplorables. Quienes tienen una situación económica acomodada, se hacen abortos a escondidas, pero en sitios caros y a resguardo de accidentes.
Según cifras de la Organización Mundial de la Salud hay, por año a nivel mundial, 22 millones de abortos clandestinos y mueren alrededor de 47.000 mujeres. Y esto se debe, según explican, a que el riesgo es mínimo si se utiliza un método basado en pruebas para interrumpir un embarazo en sus etapas iniciales en un centro de salud; es máximo si se emplea un método peligroso, como el uso de sustancias cáusticas por vía oral o vaginal o la introducción de artefactos en el útero, para interrumpir de forma clandestina un embarazo avanzado. Frente a estos números de la problemática clandestina, y el riesgo en una u otra modalidad, algunos países han decidido debatir la legalización del aborto y la despenalización del mismo.
En Argentina se tiran cifras enormes de abortos clandestinos, pero las fuentes de estos datos no ofrecen una certeza científica, de modo que es preferible no hablar de cifras que se usan como ariete a favor de una u otra postura.
Uruguay fue el primer país en Sudamérica en legalizar el aborto por la propia voluntad de la mujer, aunque antes de decidir debe pasar por un equipo multidisciplinario. La ley rige desde el 22 de noviembre de 2012. En el año 2000 se hizo una investigación, en la que luego se apoyó el Parlamento uruguayo para fundamentar la ley, donde los números de abortos clandestinos eran llamativos: 33 mil abortos se realizaban por año. Sin embargo, los pro vida uruguayos afirman que ese estudio es de cuestionable rigurosidad, y según una fórmula que creó un científico chileno, los abortos clandestinos antes de la ley eran, aproximadamente, 5.000. De todas formas, al ser clandestinos los abortos, es muy difícil determinar números exactos, como sucede en Argentina.
Las organizaciones feministas consideran que el aborto es un derecho de las mujeres. El derecho de decidir sobre nuestra vida, sobre nuestros cuerpos. Es considerado un derecho humano, afirman, sin embargo aquí estamos frente a una colisión de derechos: el de la mujer, el del niño por nacer que no pidió venir pero ya está creciendo en el vientre, y el del padre de la criatura.
Es probable que el derecho de la mujer pueda prevalecer por sobre los del padre, porque quien debe llevar adelante el embarazo es la madre, estando o no presente en su vida el progenitor. Pero el derecho de la criatura por nacer quedaría totalmente de lado en la ecuación que se permita interrumpir el embarazo.
En el plano pragmático, la ley sería positiva porque permite que aquellas mujeres que quieran interrumpir su embarazo puedan acudir a servicios legales de aborto, lo que lo tornaría seguro en el plano sanitario.
Para ver de dónde partimos, por resolución de la Suprema Corte se ha logrado que las mujeres aborten en los casos de violación, de riesgo de salud materna, o feto incompatible con la vida extrauterina. Colombia también tiene la causal salud, es la que más utilizan las mujeres para poder abortar, y en Chile se debaten las mismas motivaciones. Sin embargo, hay otros países, como El Salvador, que tienen el aborto completamente prohibido, y hay muchas mujeres condenadas a cárcel por haberlo practicado. Brasil, por su parte, a través de la bancada evangelista, está intentando aprobar una ley para proteger la vida del nonato.
Para que la discusión sea objetiva en términos de poner en plano similar los derechos de los involucrados, la presión de los sectores feministas para que se apruebe en la Argentina el aborto legal gratuito debiera venir acompañada de la exigencia para que se traten, en simultáneo otras normas que son muy necesarias debatir en nuestro país: una ley de adopción ágil, seria y responsable y un programa de educación sexual extendido y sin excusas. Porque ambas cuestiones bajarían necesariamente la posibilidad de llegar al aborto lo que siempre es médicamente y espiritualmente más traumático para la mujer.
Porque de lo contrario atacamos los resultados, el embarazo no deseado, sin atacar las causas que lo generan: la desinformación y la falta de el acompañamiento del Estado para que un niño sea dado en adopción. En definitiva, es bienvenido el debate, amplio y respetando todas las posturas, para lograr resolver un tema tan espinoso, pero no olvidemos debatir también las causales que llevan al aborto, a fin de ubicarnos en una realidad dimensionada en lo pragmático pero también en lo moral.
















