El coronavirus: un espejo donde mirar actitudes hacia el cuidado de la salud
El alerta mundial por el brote de coronavirus en China y el reporte de casos en distintos países del mundo volvió a poner una cuestión sanitaria en el centro de la escena y todas las miradas comenzaron a posicionarse sobre la capacidad de los países de dar respuesta a estas situaciones globales que ponen en riesgo cierto la salud de las poblaciones. Así, apenas iniciado el brote se observó cómo en China, epicentro de la emergencia, primó la organización y la disciplina. Lo que representa el reflejo de esa sociedad, acostumbrada a acatar las normas sin entrar en pánico. Los reportes de la prensa internacional señalan el comportamiento de una sociedad organizada que no perdió la mesura, aún siendo afectada directamente por los casos. También la crónica habla del accionar de autoridades que dispusieron de inmediato de tecnología y recursos para contener la emergencia y evitar la propagación del brote. A través de las redes, incluso, se puede seguir el proceso de construcción de hospitales espacialmente destinados a la atención de pacientes en esta contingencia, con los recursos que eso implica en términos económicos y de trabajo.
En los países europeos, en tanto, la emergencia sanitaria, mostró matices pero en líneas generales las comunidades se sujetan a las sugerencias emitidas por las autoridades sanitarias y acatan los consejos. En Argentina, conocida la noticia del brote, el tema ocupó la primera plana de la información durante varios días, en una tensión que se mantiene. Y como suele suceder ante este tipo de eventos, lo que irrumpió fue la psicosis colectiva. Se mira con recelo el comportamiento de las comunidades orientales radicadas en el país y no siempre se toman en cuenta las recomendaciones médicas. Como si fuera a pasarles a otros o como si nada se hubiera aprendido como comunidad de otras situaciones vividas como la epidemia de gripe A qué azotó al país en 2009. El país se mueve en los extremos, o teme por un mal mortal o ignora con indiferencia. Y por las dudas cuestiona el accionar de autoridades y los controles epidemiológicos impuestos.
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Aunque aseguran que el sistema sanitario está preparado para afrontar la confirmación de casos, no hay certezas de la magnitud de esta certeza y la opinión pública descree de la pericia de los agentes sanitarios para manejarse en estos panoramas. A pesar de que los equipos de salud han dado y dan sobradas muestras de actuar con responsabilidad y experiencia en situaciones de emergencia. Coopera con esta sensación la voz de varios actores del propio sistema de salud que han salido públicamente a manifestar preocupación por la carencia de insumos esenciales para activar los protocolos de prevención. Y la propia sociedad aunque movilizada se paraliza ante lo que dicen las noticias. Cómo si poco hubiera quedado de la educación para la salud que se hizo en el país para abordar otras contingencias. Como sucede a menudo con las cuestiones que exigen cuidados, la mirada se posiciona hacia afuera de la propia responsabilidad. El temor le gana la batalla a la razón y se impone el caos, que se transforma en una amenaza que atenta contra la actitud calma y previsora que requieren este tipo de situaciones.
Algo pasa en el país con este tipo de situaciones. Aunque los protocolos se activen y los equipos de salud trabajen como deben, ante la sospecha aparece la desconfianza y ante la información impera el caos. Como si en el ADN mismo de la población hubiera algo de zozobra. Se desconfía del mensaje oficial y sobrevuelan los mitos que suelen tenerse en torno a estas enfermedades. En un mundo globalizado donde los problemas de salud también se globalizan lo que impera es la necesidad de la mesura, de protocolos claros que se cumplan y medidas que a escala planetaria unifiquen los criterios que debe aplicar una sociedad para cuidarse de estos males.
Para ello quizás haya que volver la mirada a China, allí donde se originó el problema no para buscar culpables en prácticas culturales profundamente arraigadas, sino para observar cómo se transitan las contingencias. También quizás el coronavirus haya llegado para recordar que el mismo mundo que está preocupado por ese brote, es el que no asume la importancia de las vacunas y no se ocupa de evitar enfermedades fácilmente prevenibles con la inmunización.
En el contexto de un brote que aún no ha podido controlarse y que por el contrario expresa su virulencia con casos que se reportan en todas las geografías lo que resulta imprescindible es tomar el ejemplo de los países que se manejan con responsabilidad frente a estas circunstancias y capitalizar los propios aprendizajes optimizando al máximo las capacidades del sistema de salud pero al mismo tiempo asumiendo la parte que a cada uno le toca en el cuidado de la salud individual y colectiva. De lo contrario reinará el caos, algo que no se puede permitir un país en una materia tan sensible.










