El caso de la exBotnia: falta diálogo serio en ambas orillas
Las relaciones bilaterales entre la Argentina y el Uruguay han vuelto a tensarse a límites poco aconsejables. El tema de fondo es siempre la exBotnia y su producción de pasta celulosa sobre el Río Uruguay con la consiguiente contaminación del curso de agua.
Un complejo entramado de acusaciones mutuas, documentos reservados y leyes incumplidas envuelve a estas horas a la Comisión Administradora del Río Uruguay (Caru), que debe realizar los monitoreos ambientales a la pastera UPM y que puso en vilo las relaciones diplomáticas entre Montevideo y Buenos Aires.
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Uruguay acusó a la Argentina de manipular los datos de monitoreo ambiental a la pastera situada en Fray Bentos, y en Buenos Aires cuestionaron al gobierno de José Mujica por no informar sobre la contaminación real que habría en el Río Uruguay.
En este escenario Uruguay rechazó en duros términos el ultimátum de la Cancillería Argentina por el conflicto de la pastera UPM, donde se conminaba a que paren con la nueva meta de producción incrementada y redobló la apuesta al plantear una reforma al Estatuto del Río Uruguay para aumentar los controles de impacto ambiental en la zona, pero con lo que ocurre de ambas márgenes.
El gobierno de José Mujica acusó a la Argentina de utilizar chicanas diplomáticas para dilatar las negociaciones y perjudicar a Uruguay; aseguró que su actuación fue ajustada al estatuto que rige los controles del Río Uruguay y manifestó que los resultados de los análisis del monitoreo conjunto sobre el impacto ambiental demuestran, sin ambigüedades, que la Planta Orión de UPM no contamina.
Uruguay dijo que la Delegación Argentina ante la Comisión Administradora del Río Uruguay estuvo “realizando sucesivos pedidos de información cuyo efecto no fue otro que obstaculizar el transcurso de los plazos previstos en las mencionadas normas, los que resultan de imperativo cumplimiento”.
Y agregó que “esta práctica desnaturaliza un mecanismo que tiene como objeto la consulta y el intercambio informativo”. Fue la forma más elegante para manifestar el malestar uruguayo por lo que considera chicanas diplomáticas. Toda la oposición política salió a respaldar al gobierno de Mujica y cargaron con críticas sobre la administración kirchnerista.
Mientras tanto en la Argentina se analiza si se recurre, finalmente, a la Corte de la Haya nuevamente para saldar el litigio como se amenazara o no, ya que en realidad cuando se iba a instalar la pastera, el Gobierno del entonces presidente Néstor Kirchner recurrió a La Haya y fallaron a favor de los uruguayos, aunque le dejaron a la Argentina un papel importante en el control de la contaminación del Río, cuyas costas bañan a ambos países.
El canciller uruguayo dice que el 1° de este mes le hizo a Héctor Timerman una “propuesta ambiciosa y constructiva” para mejorar el Estatuto del Río Uruguay con mayores controles ambientales.
El diplomático oriental dijo que propuso “abordar varias de las problemáticas existentes, como la presencia de fósforo en el Río, a través de planes de acción específicos generales, pero también para la planta de UPM y la desembocadura del Río Gualeguaychú, de modo de alcanzar reducciones sustantivas de los aportes”.
Uruguay propone controlar no sólo “plantas industriales de las características de las de producción de celulosa”, sino también otros “afluentes que desembocan en el Río Uruguay”, como los “vinculados a trabajos agrícolas, otras producciones ambientales, los colectores de las ciudades, así como cualquier otra actividad que pueda modificar la calidad de las aguas”.
En ese sentido, apunta directamente a la Argentina, que tiene producción agrícola en la zona y a la que tratan de embretar con reclamos cruzados, respecto de que nuestra producción eventualmente también podría ser contaminante, en caso de que el problema de la pastera siga en pie.
La realidad es que las reuniones para llegar a un acuerdo han naufragado todas, y por eso se llega a este punto de difícil retorno, en el cual Uruguay termina decidiendo unilateralmente y la Argentina amenaza con volver a recurrir al tribunal internacional de La Haya, para resolver el diferendo.
En definitiva, la respuesta uruguaya al ultimátum argentino ratifica el pésimo momento por el que atraviesa, una vez más, la relación bilateral de dos países hermanos que desde hace años vienen manteniendo relaciones, por lo menos, dificultosas. Llegando ahora a un grado de tensión que debería haberse resuelto con antelación, en vez de llegar a estos cruces de acusaciones, ultimátum y respuestas destempladas.
Falta diálogo serio en ambas orillas.














