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El bono de la vergüenza

17 de julio de 2021 a las 12:00 a. m.

Lo de los jubilados, aparte de ser un problema de índole económica que se pretende solucionar infructuosamente con estrategias políticas, es una fenomenal crisis humanitaria.

De acuerdo con un informe elaborado por la Defensoría del Pueblo de la Tercera Edad de la Ciudad de Buenos Aires, que lidera el gerontólogo Eugenio Semino, las necesidades básicas de un adulto mayor requirieron en junio de 64.800 pesos. En tanto que el haber mínimo apenas supera los 21.000 pesos, es decir un tercio de lo necesario para no estar en la indigencia.

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Es la vergüenza más grande de este país y queda más en evidencia cuando el Gobierno lanza un bono de 5.000 pesos que ni siquiera "arrima el bochín", al tiempo que revela la otra gran farsa: que con el nuevo sistema de movilidad, los jubilados le ganarían a la inflación.  

Lo cierto e irrefutable es que los jubilados hace tres años que vienen perdiendo poder adquisitivo de forma muy significativa. 

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De acuerdo a los datos de la Anses, este nuevo refuerzo a los ingresos alcanzará al 83 por ciento de los jubilados, que son los que cobran el equivalente a menos de dos haberes mínimos. Este dato oficial también nos da la pauta de que es la mayor parte de los abuelos está por debajo de la línea de pobreza. 

Este bono se suma a los otorgados en diciembre de 2019 y enero de 2020, también de 5.000 pesos para quienes cobraban el haber mínimo; en abril de 2020, de 3.000 pesos para los haberes más bajos, y en abril y mayo pasados, de 1.500 pesos para quienes percibían hasta 1,5 jubilaciones mínimas.

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Visto está que ni con los bonos extraordinarios se compensa la caída del poder adquisitivo. Solo se aliviana falazmente alguna conciencia dirigencial y se recarga el discurso electoral, sobre la base de reforzar a la parte más baja de la pirámide para poder "relatar" que porcentualmente nuestros viejos "le ganaron" a la inflación, otra mentira vergonzante y perversa, a la luz de los ojos de quienes lo quieran ver.

"Si hay algo que no queremos es que nuestros jubilados sean la variable de ajuste", declaró el presidente. "Es una decisión de gobierno que ese bono les permita tener la certeza de una jubilación digna", afirmó la camporista Fernanda Raverta, titular de Anses. Luana Volnovich habló de las bondades del Pami y de un supuesto plan de viviendas en comodato para jubilados.

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La realidad es que este bono, limitado y fuera del haber jubilatorio, es la confesión lisa y llana de que la nueva fórmula de movilidad votada en diciembre de 2020 lleva efectivamente a desvalorizar las jubilaciones. 

Curiosamente, el argumento del bono es compensar la inflación, la que precisamente fue excluida de la fórmula de actualización, que pasó a basarse 50 por ciento en el promedio de variación salarial según escala Ripte (Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables) y 50 por ciento en función de la recaudación para fines previsionales. Dos parámetros que corren por detrás de la inflación, por los techos a las paritarias y las exenciones de los aportes patronales.

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Estos 5.000 pesos no compensan la pérdida que esta nueva fórmula ocasionó en lo que va de 2021, ya que durante el semestre la inflación ha sido del 25 por ciento y los aumentos jubilatorios del 8 por ciento en marzo y del 12 por ciento en junio. Para agosto, mes de cobro del bono, estarán aproximadamente 8 puntos por debajo del IPC acumulado del año.

Menos aun devuelven lo perdido durante la suspensión de la movilidad resuelta por Fernández ni bien asumió a fines de 2019, por la cual las jubilaciones y pensiones que deberían haber aumentado un 42 por ciento quedaron en 34 por ciento en el caso de la mínima y un promedio del 24 por ciento las que se ubican por encima. Esto nadie lo dice, pero quienes cobran algo más que la mínima han quedado sistemáticamente afuera de todos los bonos, como si para ellos no hubiera inflación y como si cobrar 40.000 mil pesos significara nadar en abundancia. Sucede que aplicando aumentos sobre las escalas más bajas, se engrosa el número porcentual, generando una "ilusión óptica" de emparde a la inflación, con cifras "agraciadas" para los discursos oficiales. Huelga decir que los desaguisados para nuestros abuelos no son patrimonio de la actual gestión sino que también durante el gobierno de Macri se acumuló una depreciación del 20 por ciento, por una normativa de movilidad que, como la de diciembre último, fue votada por nuestro Congreso, por legisladores de todos los signos políticos, los mismos que se aumentaron sus dietas un 40 por ciento este año. 

No hay jubilación digna cuando la mínima, con bono incluido, llegará a 28.065 en agosto -y solo ese mes-, en torno a la línea de indigencia. En septiembre, la nueva actualización por movilidad volverá a quedar por debajo de la inflación. 

Tampoco hay medicamentos gratis para todos los jubilados, como afirma la titular del Pami. No acceden a ellos los que tienen otra obra social, ni los que no tienen médicos de Pami que se los receten. Es lo que pasa en la provincia de Buenos Aires, donde ya cerraron 11 clínicas que dejaron sin atención a miles y miles de adultos mayores; o en el interior del país, con zonas donde no hay prestadores de ningún tipo con convenio con la obra social.

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Tristeza y vergüenza. Son las dos sensaciones que despierta la histórica actitud de la dirigencia política hacia los jubilados. Se sabe que el problema es muy profundo y que radica en un déficit previsional de difícil reversión. Se puede entender que no le encuentren una solución en el corto y mediano plazo, pero es lamentable y mentiroso que se diga que cada bono que se da viene a corregir esta injusticia. Lejos de subsanar la cuestión, la complican aun más y encima nos quieren hacer creer lo contrario.

El déficit previsional se ha incrementado, pero además el gasto previsional ha quedado muy desencajado. Aquí cabe señalar que, pasado el Covid, los ingresos tributarios y salariales del sistema previsional se van a recuperar. Pero esto no significará una reducción del déficit previsional porque las jubilaciones y pensiones se ajustan en el porcentaje que suben los ingresos tributarios y laborales.

Es más, hasta es posible que el déficit previsional crezca nominalmente con el aumento de los ingresos previsionales. Esto se explica porque los ingresos tributarios y laborales representan apenas el 75 por ciento del gasto en jubilaciones y pensiones o, lo que es lo mismo, el gasto en jubilaciones y pensiones es el 133 por ciento de los ingresos previsionales. Entonces, por cada peso que aumenten los ingresos previsionales, el gasto en jubilaciones y pensiones crecerá 1,33.

La última fórmula de movilidad sancionada por el Congreso, que ata el aumento de jubilaciones y pensiones al crecimiento de los recursos previsionales, garantiza sustentabilidad cuando el sistema previsional es superavitario o está equilibrado. Pero cuando está en déficit, potencia el déficit por la razón arriba señalada.

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¿Cómo se sale de este embrollo? Seguramente que revisando la ley de movilidad una vez más, con todos los problemas que esto trae aparejado. El Congreso debe tratar los temas previsionales con más rigurosidad técnica y desapasionamiento; no puede tratarlos como si fuera una compulsa partidaria entre oficialismo y oposición. Porque pasan estas cosas. 

Sucede que, una vez más, por estar en año electoral, nada de lo que es doloroso y necesario para evitar la crisis previsional en ciernes se hará. En cambio, y por el mismo motivo electoralista, se incrementará el gasto sin que se generen ingresos al sistema. En este sentido, el bono extraordinario de 5.000 pesos prácticamente es inocuo tanto para el sistema como para los jubilados, pero a la par se anunció una nueva condonación de aportes, esta vez a mujeres que no llegan a los 30 años requeridos; se les "perdonará" un año por cada hijo que hayan tenido. Esta medida sí repercutirá por los próximos 30 años, aproximadamente.

¿No sería más conveniente para todos, jubilados presentes y futuros, que se generen políticas y se hagan condonaciones pero para que el sector productivo incorpore más personal en blanco y así engrosar un poco la columna del "debe" en el balance del sistema? Solo mejorando la ecuación entre población activa y pasiva se podrá empezar a subsanar esta histórica deuda con los abuelos de hoy y los de mañana. Eso es lo que hace un Estado presente, serio, estratégico y realmente ocupado en solucionar los problemas de los ciudadanos.

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